Opinión

Joe Biden y los obreros

De la política laboral de Joe Biden se espera que mejoren los instrumentos de los trabajadores para su defensa. | Manuel Fuentes

  • 11/11/2020
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Ya andan penando los sindicatos, casi en procesión, preguntándose cómo será la política laboral de Joe Biden (ese que le ganó a Trump, o casi), no solo allá en esa tierra del norte, sino las repercusiones que tendrá para México y América Latina.  

Se reúnen aquí y allá los obreros, en estas horas recientes de la elección no consumada, para indagar los programas obreros que llevará el quien fue hijo de un vendedor de autos usados y ahora es presidente electo. 

¿Cómo será la política obrera de Joe Biden en Estados Unidos y tras fronteras? ¿Será como todos los políticos que acabando de comer tiran el plato y se olvidan de todos quienes los apoyaron?

Allá (donde ondea la bandera de las barras y las estrellas), y por acá, en ésta, la tierra azteca donde también hay campos de arena suelta en las que se encaraman los zopilotes. Éstos desde la piedra más alta acechan a su presa, como esas turbas que van recorriendo en Estados Unidos, fábrica por fábrica, para acabar con la negociación colectiva, y contra todo viso de organización sindical.

Donald Trump y toda la hilada de republicanos que lo siguen y protegen, han sido como esos zopilotes que sólo los huesos dejan; pregunten qué ha quedado del movimiento obrero y de sus organizaciones sindicales. Ellos, los que se comportan como buitres y que se aferran al poder, han dejado hondas huellas en las legislaturas de cada estado del país norteamericano carcomiendo derechos obreros individuales y más los colectivos. La misión en cada estado republicano ha sido dificultar la formación de organizaciones obreras.

Muchos de los votantes por Biden repudiando la política de Trump, se quedaron con salarios congelados, pensiones de miseria o sin ellas, sin una atención médica asequible y sin poder acceder a hospitales durante ese contagio del covid-19.

Los tiempos de Trump han sido una pesadilla para ese movimiento obrero estadounidense que se mantiene en un 10.5% de organización sindical contra la que había en los años cincuenta que alcanzaba 35%. Todo triunfo de aprobación sindical en cada centro fabril para obtener un Contrato Colectivo de Trabajo se ha visto empañado por el alargamiento de negociaciones sindicales sin final, para hacer desistir a los trabajadores de su proyecto colectivo.

Los electores de Joe Biden esperan que asuma una posición diferente a la de Trump con los trabajadores agrícolas y domésticos que en su mayoría son inmigrantes y personas de color, así como con los llamados trabajadores independientes o autónomos que laboran en compañías donde les desconocen su relación laboral y carecen de estabilidad laboral como es el caso de los trabajadores de la construcción, de las industrias de servicios y de mensajería rápida. Todos los que carecen del derecho a la negociación colectiva.

Trump revocó las regulaciones para que las empresas informen de los riesgos de trabajo que sufren en su interior para que sean divulgadas al público.  Se quitaron las restricciones a la velocidad en que se produce el envasado de carne convirtiéndola en una actividad peligrosa y lo más grave redujo al mínimo las inspecciones de trabajo.

En el país del norte, se permite que los trabajadores renuncien a sus derechos para demandar al patrón y este problema alcanza a 85 millones de trabajadores obligados a renunciar a su derecho para entablar demandas colectivas.

De la política laboral de Joe Biden se espera que mejoren los instrumentos de los trabajadores para su defensa y dé un impulso a la negociación colectiva en su país, pero de la misma manera exigirá que el acuerdo comercial T-MEC tenga más dientes para obligar que el gobierno mexicano cumpla con los compromisos de democracia sindical y de negociación colectiva.

Ya los demócratas han criticado el insuficiente presupuesto para implementar la reforma laboral por parte del gobierno mexicano y esperan que en 2021 se acelere la implementación de todas las estructuras para llevarla a cabo. 

Quienes participaron en las negociaciones del acuerdo comercial T-MEC saben que los demócratas no quedaron conformes con ella y prevén mayores exigencias para que esa reforma laboral mexicana realmente se lleve a cabo. 

A los demócratas les preocupa la ausencia de inspectores suficientes y con capacidad para vigilar los procesos de consulta y hasta apuestan con enviarnos consultores estadounidenses que vigilen en suelo mexicano la aprobación obrera.

En México el éxito de la reforma laboral se tropieza con los miles de contratos de protección y empresas outsourcing que impiden un pleno desarrollo de organización sindical.

En estos tiempos de acuerdos comerciales y ajustes políticos se juega la soberanía en las relaciones laborales mexicanas, pero también la realidad de la negociación colectiva y de la libertad sindical, a las que algunos pretenden sean sólo una ficción.

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