Opinión

Jean Seberg, y una (horrible) novela de Carlos Fuentes

Deben existir novelas más misóginas, sin duda, pero "Diana o la cazadora solitaria" de Carlos Fuentes es un plus. | María Teresa Priego±±

  • 02/12/2020
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Desde su primer día en el pueblito del que quiso salir huyendo (y lo logró), hasta ese momento en París, cuando se suicidó a los 40 años, Jean Seberg vivió una vida muy larga. Intensa. Disruptiva. Dolida. Luminosa y trágica. Era una estrella a los 18 años. Dicen que le sucedió: "demasiado y demasiado pronto". Tal vez. La nota describe que hallaron su cuerpo adentro de su carro. En el barrio de Passy. Cubierta con una manta. Junto a una botella de agua y una cartita en la que le pide perdón a su hijo Alexandre. Siempre me ha conmovido, no por qué, ese detalle: junto a una botella de agua. Sola. Infinitamente sola. Y su botellita de agua. La divina Patricia en "Sin aliento" de Godard. La Cécile de "Buenos días Tristeza". La mamá de Alexandre y de una bebé que murió a los tres días y se llamaba Nina.

En algún momento de esa vida larga, muy larga, tuvo una relación breve, muy breve con el escritor Carlos Fuentes. Cierto que el tiempo de los amores es subjetivo. Todo tiempo es subjetivo. Volver a Seberg la semana pasada al escribir acerca de Romain Gary, me recordó una novela que no había leído: "Diana o la cazadora solitaria" de Carlos Fuentes. Sabía que en ella escribía de su relación con la actriz. La leí. Me he quedado pasmada de abundantes pasmos. Deben existir novelas más misóginas, sin duda. Pero ésta es un plus. No, no leo literatura con el "feministómetro" en la mano. Pero, ¡qué barbaridad! Hay grados en lo insoportable. Ya muerta Seberg, Fuentes narra un encuentro suyo con Romain Gary (quien vaya que la amó) en el que según relata, le dijo al escritor (brevemente su rival): "Ya la puta está muerta". Oh, . También la llama "la tachuela". Una mujer como Seberg, una mujer como cualquier mujer, reducida a una palabra, aún después de muerta: "la puta".

Una muchacha de cabellos muy cortos se acerca a la cámara y dice: "Buenos días". Se escucha una voz masculina que pregunta: "¿Cómo se llama?" "Jean Seberg". "¿Dónde nació?" "Marshalltown, Iowa". "¿Cuándo?" "El 13 de noviembre de 1938". "¿Qué edad tiene entonces?" "17 años" (hace una breve pausa y agrega): "Y once meses". "¿Quiere ser actriz?" "Desesperadamente". Entre 18 000 aspirantes más, Jean Seberg se presenta ante el director Otto Preminger quien busca una actriz para el papel de Juana de Arco. La elige. Cuando le preguntaron por qué, explicó: "era una personalidad radiante". Jean soñaba con ser actriz y con huir del pequeño pueblo de sus orígenes. En 1957 "Juana de Arco" sale en cines y, a pesar de la rudeza de las críticas, la vida de la adolescente de Iowa da un giro completo. Jean Dorothy ya es (casi) otra.

Tres años antes (1954), Françoise Sagan, otra adolescente (francesa) de sensibilidad fulgurante, había escrito su primera novela: "Buenos días Tristeza". Un éxito inmediato. La historia de la relación de una hija con su padre viudo. "Felizmente" el uno para el otro hasta que una tercera persona irrumpe. La inolvidable furia de la hija celosa que estremeció nuestras adolescencias. ¿Quién de nosotras no se sintió Cécile alguna vez? Jean encarnó a Cécile en la versión cinematográfica dirigida también por Otto Preminger. A los 19 años, Jean conoció a un abogado francés y se mudó con él a París. Este "Buenos días tristeza", tomado por Sagan de un poema de Paul Éluard, estaría siempre con ella. Porque ella era así: "radiante" y extraviada.

El personaje de Patricia en "Sin aliento" (1960) de Jean-Luc Godard la convierte en un ícono del cine de la nouvelle vague. Maravillosa con sus cabellos à la garçonne, Patricia es voceadora del Herald Tribune en las calles de París, y se encuentra con Michel, (Jean-Paul Belmondo), un pillo que anda en fuga. Jean tenía apenas 21 años. En "Lilith" (1964), encarnó a una joven con conflictos de personalidad recluida en un hospital. Seberg se casó con el escritor Romain Gary, tuvieron un hijo, se divorciaron pero siguieron siendo amigos toda sus vidas. Hizo cantidades de películas. Apoyó a los "Panteras negras" y estuvo en la mira del FBI por sus "actividades sospechosas" con "grupos peligrosos y radicales". Seberg llegó a México para filmar una película en Durango. Conoció a Fuentes en una cena. Se fue al desierto. Fuentes la alcanzó. Seberg recién había filmado con Clint Eastwood y tuvo con él una relación. Importantísimo para Fuentes: la ex amante de Eastwood, la esposa de Gary... Nos deja claro cómo a través del cuerpo de Jean Seberg se inscribe en la categoría de los "machos Alfa". Internacionales. Es obsceno.

Describe horas de "pasión" que parecieran suceder dentro de un congelador. Tiene que ser "erótico" a como de lugar. Pero todo falla. Está muy enojado Fuentes cuando escribe. En Durango, cuando él se ausenta por un rato, Seberg se hace amante de un joven estudiante, el padre biológico de la bebé a la que perdió apenas nacida. Fuentes abunda en la cantidad de veces que le explicó a Seberg lo mala actriz que era. Explica cómo él ya era un hombre feliz, muy feliz y la vida de Seberg una catástrofe. Se regodea. Narra así el día de la ruptura: "Con una bata acolchada, color de rosa, abotonada hasta la garganta, totalmente doméstica, y un par de zapatillas felpudas, Diana Soren parecía un hongo invertido, una tachuela ambulante..." 

Escribe frases bastante peores. . Por allí en como diez palabras se pregunta si habría podido hacer algo por ella. Un ego herido. Inimaginablemente inflado, inimaginablemente herido. Por un lado, en las noches de "pasión", es decir, allí donde tiene que ver con él, intenta equiparar a Seberg con figuras femeninas míticas, para al día siguiente tomarla por los cabellos y desbarrancarla. Habla de cómo su esposa lo comprende y lo espera. Él se va, pero "siempre regresa". Se pregunta si acaso sabe amar. La escena más terrible es la que les conté arriba. El encuentro de Fuentes con Romain Gary. Hablan de Seberg. Podríamos suponer que hablan de "un amor en común", solo que nada que ver entre el amor y la amistad que unió a Gary con Jean Seberg, y las aventuras con Fuentes en Durango. Nada que ver entre la lealtad de Gary y un señor que hacía el amor con la actriz imaginándose a "todos los hombres que la habían deseado", porque , "la tachuela", es una mujer más que conmovedora, más que entrañable. Un ícono del cine. 

Entonces, Carlos Fuentes le explica a Romain Gary en aquel encuentro: "Además, estamos en otro país y la puta ha muerto, dije brutalmente". El congelador. Así de terrible, el congelador. Ella se había encerrado en su carro con su cartita para su hijo. Y su botellita de agua. La muchacha deslumbrante que se presenta ante el director Otto Preminger: "Tengo 17 años... y once meses". "¿Quiere usted ser actriz?" "Desesperadamente".

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