Opinión

Javier Coello Trejo, el Fiscal de Hierro. Memorias

“Tengo un defecto, o cualidad: tengo una gran memoria”, dijo Javier Coello Trejo al recordar el paso por sus 56 años de trabajo. | Lourdes Mendoza*

  • 27/09/2021
  • Escuchar

“Mucho se dice de mí, pero durante los 56 años que he trabajado siempre en procurar la justicia, nunca he mentido, he robado, traicionado; tan es así, que combatí al narcotráfico y estoy escribiendo mis memorias. En conclusión, estoy vivo”, afirma Javier Coello Trejo

“El veintisiete de septiembre de 1973 tomé posesión de la mesa 29. Tengo un defecto, o cualidad: tengo una gran memoria”.

¿Guerra sucia?

JCT: Jesús Piedra Ibarra fue quien mató impunemente a don Eugenio Garza Sada, en septiembre de 1973… El presidente Echeverría negoció con ellos, y cuando lo llevaban para ser intercambiado, Piedra Ibarra sacó la pistola y le dijo: “Pinche rico, hijo de tu chingada madre”, entonces le disparó y lo mató. Por qué estoy enterado de esto… porque López Portillo le ordenó al procurador, don Óscar Flores Sánchez, una minuciosa investigación de los supuestos desaparecidos, en la que participé. Justicia sin reo no es justicia. Ésa fue la primera gran lección que aprendí de don Oscar.

LM: ¿Cuál fue el capítulo qué más le gustó?

JCT: Fue el de López Portillo, porque realmente se combatió la corrupción. Ahí yo aprendí, del licenciado Óscar Flores Sánchez, cómo se puede manejar la política sin mezclar la justicia. Porque, cuando se mezcla la política con la justicia, se termina el Estado de derecho.

No puede ser una justicia selectiva, porque entonces ya no es justicia. O se aplica la ley, tal y como es, tan fría como es, o mejor no se aplica. La ley es la ley.

LM: ¿Cuál fue el que más trabajo le costó?

JCT: El de la Quina, el de Salinas de Gortari. Hubo dos momentos en mi vida durísimos para mí. Uno, el asunto de la Quina. ¿Por qué? Y así lo narro: me matan a mi agente del MP Zamora. Fue un éxito el operativo, pero ¿qué pasa si yo hubiera fracasado? Me suicido. Yo no podía llegar y decirle al presidente: “Señor, fallé”. ¿Por qué? Porque no doy un paso si no es sólido. No voy a una investigación si no tengo las pruebas. Por eso critico el sistema.

Hay que investigar para detener, ¡no detener para investigar!

Pendejo esférico

JCT: Al principio del sexenio, el presidente López Portillo me preguntó:

-Oiga, Coello, ¿cómo podemos combatir la corrupción?

-Pues fácil, señor, vamos a crear una cárcel en la que metamos a los pendejos, porque en cualquier cargo hace más daño un pendejo que un ratero. Al ratero se le cuidan las manos, pero al pendejo no se le puede cuidar porque es esférico. Es pendejo por donde se le vea, respondí.

Se moría de risa.

Una investigación me llevó a la detención de un cabrón por robo.

Antes de que se lo llevaran me dijo:

-Lo único que lamento es que ahora no sé quién llevará a misa a mi tía Cuquita.

Se escuchaba confiado…

-No mames, pues que vaya otro sobrino. Pero además, ¿quién es Cuquita?, le pregunté.

-Pues la mamá del presidente López Portillo, respondió.

Don Oscar tomó la red y le marcó al presidente...

-Sí, señor presidente, gracias.

Colgó y de inmediato me dio la orden de consignarlo.

En las 348 páginas también cuenta cuando le mentó la madre al gobernador Velasco Suárez. Que, siendo secretario de Gobierno en Chiapas, del general Castellanos, cateó la casa de su propio suegro, quien, obvio, le dejó de hablar un tiempo. O cuando fue a gritarle a Martínez Rosillo, operador de Camacho Solís, por eso nunca lo quiso, que dejara de intimidar a una señora para que le vendiera su hotel. O cuando detuvo a la Quina, le quitó el saco al presidente municipal para que no saliera en camiseta. Que para que nadie sospechara, CSG ordenó una contingencia ambiental del 8 al 10 de enero de 1989. Ah, y que durante los interrogatorios que hizo, personalmente, a cada secretario de sección, le apareció una persona que no estaba en la lista; amigo, le preguntó, y usted quién es. Le respondió: soy el amante de la señora. Así como lo están leyendo, detuvieron al sancho de la esposa del secretario de sección, y cuando se lo platicó al presidente, éste moría de la risa. Félix Gallardo le llegó a ofrecer hasta 20 mdd por no atraparlo. Lo logró tras meses de escuchar sus teléfonos, cuando éste, por estar crudísimo, le pidió a su secretaria mariscos y ahí comenzó todo. Ojo, advirtió que cuando lo detuvieran le metieran un trapo en la boca para evitar que se tomara algo para suicidarse, pues habían escuchado que primero muerto antes que aprehendido. Coello también resolvió el robo del siglo, las 140 piezas robadas del Museo de Antropología. Cuando agarraron a Carlos Perches, el ladrón, faltaban dos, una la tenía un empresario y otra un periodista, y el presidente le dijo: tú ve con el empresario, yo veré al periodista.

Zorrilla, cuenta, no fue el autor intelectual del asesinato de Camarena, pero que se echó la culpa para proteger a…

Narra que cuando agarran a Amado Carrillo, le monta un hospital en los separos para que no muera y éste siempre se lo agradeció y hasta lo previno, un día antes, que le iban a secuestrar a su hijo llegando al colegio.

LM: ¿De todos los altercados que tuvo cuál es el que más disfrutó?

JCT: Hubo dos momentos que me encantaron: uno, cuando cacheteé al obispo Samuel Ruiz. Y dos, cuando le menté la madre a Carpizo en Los Pinos.

… Me levanté a saludarlo y al mismo tiempo se acercó Carpizo y, con toda la mala leche, Córdoba Montoya dijo:

-Doctor Carpizo, ¿conoce usted al licenciado Javier Coello Trejo?

Por cortesía y porque no me quedaba de otra, le extendí la mano.

-Yo no saludo a asesinos, respondió, dejándome con la mano extendida.

-No soy asesino, doctor, pero me puedo volver. Vaya usted y chingue su madre, le respondí.

“Pero qué tal cuando le asaltaron a un sobrino y me pidió que los matara, y le dije: qué hacemos con sus derechos humanos” –solito se ataca de risa.

Arsenio Farell fue quien le dijo que CSG le instruía irse del país. Cuando regresó, pues habían sido insidias de Camacho, lo hicieron director de Profeco, y ahí también hizo de las suyas.

Clausuró Teléfonos de México, el día de su IPO en la Bolsa. Obvio, Pedro Aspe le habló para decirle, ¿qué hiciste? O cómo olvidar cuando mandó arrestar al director del Mocel, pues escuchó en su oficina a una mujer llorando, quien le contó que su papá llevaba dos meses en el Mocel, que habían pagado 3 mdp, que había fallecido, pero como debían 400 mil pesos, no le entregaban el cadáver.

-Señor, le habla el expresidente Luis Echeverría.

Tomé la llamada, y en cuanto saludé me dijo:

-Licenciado Coello, el director del Mocel es un hombre pulcro y le exijo que lo libere inmediatamente.

-Con todo respeto, licenciado Echeverría, no puede ser que un expresidente de México me exija que viole la ley. Lo suelto, con mucho gusto, siempre y cuando lo sustituya usted, le respondí.

-Es usted un lépero, dijo muy enojado.

-Pues usted es un atrevido, respondí y le colgué.

Mi padre, en el lecho de muerte, me enseñó, “muerto antes que indigno”, “muerto antes que desleal”.

Éste es el único legado que le dejaré a mis hijos y a mis nietos.

La columna de Lourdes Mendoza Peñaloza se publicó originalmente en El Financiero, reproducido aquí con autorización de la autora.

* Lourdes Mendoza Peñaloza es una periodista mexicana especializada en finanzas, política y sociales, con más de 20 años de experiencia en medios electrónicos, impresos, radio y televisión.

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.