Opinión

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Sin duda, aceptar la invitación de sumarme a Movimiento Ciudadano es una de las grandes decisiones de mi vida profesional. | Ivonne Ortega

  • 21/10/2020
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Hace ya un poco más de un año que decidí apartarme de la vida pública y darme tiempo y espacio, un proceso de reflexión personal en el que me planteé una evolución para seguir trabajando por un mejor país.

Esta evolución en el pensamiento y en la acción la adopté como ciudadana libre, y desde esta libertad acepté la invitación de sumarme a Movimiento Ciudadano.

Sin duda es una de las grandes decisiones de mi vida profesional, con toda la seriedad y convicción de servir a mi país, a la sociedad en la que vivo con mi familia, al México que quiero para mi hijo, un México en el que a los ciudadanos nos vaya bien.

Cuando mi estimado amigo el senador Dante Delgado Rannauro generosamente me invitó a participar en el proyecto social de MC, en principio me llamó la atención algo que compartimos muchas y muchos mexicanos: el deseo expreso de cambiar y renovar la forma de hacer política, y sobre todo hacerlo desde una perspectiva incluyente, razonada, sin prejuicios de ningún tipo.

El actual sistema político mexicano se fundó sobre grupos y posturas que, en la exclusión cada vez más autoritaria, transitaron hacia extremos ideológicos que han hecho mucho daño al país.

Nuestro México no puede ser más de egoísmos ni de visiones totalitarias. La sociedad evolucionó, y la forma de tratar y resolver las cuestiones públicas debe ir a la par que esa evolución.

Inclusión, tolerancia, comprensión, conjunción de esfuerzos, consenso, son conceptos fundamentales. Hacen falta en la participación política de hoy.

Hace falta también una verdadera reconciliación nacional ciudadana. Para terminar con las luchas desde los extremos y centrarnos en hallar las soluciones que merece nuestra nación, nuestra gente, en todas las regiones.

Dicho así pareciera un conjunto de intenciones difíciles de realizar, pero estoy convencida no sólo de que es posible, sino que es un objetivo a nuestro alcance, siempre que rebasemos inercias y prejuicios, y nos veamos, sintamos y actuemos una a uno, todos.

Sin duda es un gran reto, pero tampoco tengo dudas de que en el camino hay mujeres y hombres de bien, con altura cívica, con los que coincido y a los que ahora me sumo en este gran esfuerzo de impulsar una nueva evolución ciudadana.

En este objetivo todas, todos, están invitados y el espacio es tan amplio como lo es la expectativa de nuestra sociedad mexicana, que vive momentos de incertidumbre ante la inseguridad, la pandemia, la depresión económica y la crisis política que a cada rato se materializa por la falta de una conducción verdaderamente democrática en nuestro país.

Por eso ahora que he tomado mi decisión, lo hago con el ánimo y el impulso de avanzar y apoyar en todo lo que esté de mi parte para que Movimiento Ciudadano avance y sea instrumento de solución a los problemas nacionales.

Comienza una nueva etapa en mi vida, y estoy decidida a escribir con mis nuevas compañeras y compañeros un nuevo capítulo en la historia, el capítulo donde los ciudadanos tomamos el poder y construimos el México con el que soñamos.

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