Opinión

Isabel Arvide. Apuntes para un “periodismo” trepador

El uso del periodismo como instrumento de propaganda, relaciones públicas y negocios. | Adolfo Gómez Vives

  • 03/08/2020
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El 9 de enero de 2020, María Isabel Arvide Limón no acudió a la conferencia de prensa del presidente Andrés Manuel López Obrador a obtener información, sino a solicitar apoyo económico —vía publicidad— para su portal de noticias. Cuestionó que su gobierno destinara recursos a la Revista Proceso.

No fue la primera ocasión en que el tema de la publicidad se antepuso a la cuestión de la información. En agosto de 1993, Isabel Arvide pidió a Carlos Reta Martínez, entonces director general de Comunicación Social de la Secretaría de Relaciones Exteriores, apoyo “con una página de publicidad” para la revista 7 Cambio, que entonces era de su propiedad.

Acostumbrada a distorsionar la función social del periodismo, para convertirlo en instrumento de propaganda, relaciones públicas y negocios, su estrategia de adulación a López Obrador le resultó en inmejorables dividendos. Mediante oficio DSE/DG/01743/2020, el director general del Servicio Exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Moisés Poblanno Silva, le comunicó su nombramiento como ministra titular del Consulado de México en Estambul, Turquía, documento que ella presume con denuedo en sus redes sociales.

Isabel Arvide fue una de las periodistas encargadas de concitar apoyos en torno del candidato priísta al gobierno del Estado de México, Emilio Chuayffet Chemor, durante la elección de 1993. Y fue ella quien le dio tranquilidad, al adelantarle que el Instituto Electoral mexiquense le haría entrega de la constancia de mayoría, luego de que el candidato del PRD, Alejandro Encinas Rodríguez, manifestara al priísta su determinación de impugnar los resultados.

Tejió una red de relaciones de “negocios” con el ex gobernador quintanarroense Mario Villanueva Madrid, procesado por delitos contra la salud, que incluía un desarrollo “ecológico” del cual tuvieron conocimiento los entonces secretarios de Turismo, Pedro Joaquín Coldwell y de Desarrollo Social, Luis Donaldo Colosio. Su cercanía con Mario Villanueva fue de tal magnitud, que en su onomástico 41, éste le envió serenata a su domicilio de la colonia Roma, en el entonces Distrito Federal.

Al margen de su vida privada, sus vínculos con los mandos de la Secretaría de la Defensa Nacional siempre fueron más allá de sólo cubrir la fuente. Al general Miguel Ángel Godínez Bravo, entonces comandante de la VII Región Militar, recomendó implementar estrategias para el mejoramiento de la imagen de la Sedena, en el contexto de la conmemoración del 25 aniversario de los hechos del 2 de octubre de 1968. Arvide Limón venía acariciando la idea de publicar un libro “con la versión de la dependencia” sobre la matanza estudiantil, bajo su supervisión.

El Banco Nacional del Ejército, Fuerza Aérea y Armada (Banjército) le concedió un préstamo, en épocas en que dicha institución era dirigida por José Luis Coronel Guzmán, quien años más tarde sería condenado a 13 años de prisión, por autoprestarse dinero y otorgar créditos a empresas “fantasma”; hechos que le provocaron al banco un quebranto patrimonial del orden de los cien millones de pesos. Ese préstamo contó con la autorización del general Godínez Bravo y del propio secretario de la Defensa Nacional, Antonio Riviello Bazán.

Ofreció su apoyo al general Jorge Carrillo Olea, cuando este aspiraba a la gubernatura de Morelos, a efecto de asesorarlo respecto de su imagen personal y en el diseño de su discurso político.

En coordinación con la familia del general Absalón Castellanos Domínguez, ex gobernador del estado de Chiapas, jugó un papel relevante en su liberación, cuando elementos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional lo secuestraron en su rancho “El Momón”, en Las Margaritas.

En abril de 1994, Emilio Azcárraga Milmo le hizo una oferta tentadora a Isabel Arvide: cerrar sus negocios a cambio de encabezar el proyecto de la Revista Summa, propiedad de Televisa, con la condición de no tocar a quien sería el próximo presidente de la República: Ernesto Zedillo Ponce de León. Asumió la dirección de ese medio cinco meses más tarde. Para noviembre, el propio Azcárraga le pediría la renuncia por información publicada respecto de la vida privada de Nilda Patricia Velasco.

En su libro Mis presidentes: De Echeverría a Peña Nieto: intimidades sobre el poder presidencial en México, reconoce que Marcelo Ebrard Casaubón —actual secretario de Relaciones Exteriores—, escribía los editoriales que luego aparecían con su firma en la revista Summa.

Fue “asesora de seguridad” del gobierno de Humberto Moreira Valdés, en las épocas en que los zetas convirtieron a Coahuila en un permanente baño de sangre. Y también lo fue del entonces gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge Angulo, actualmente detenido, a quien se le imputa el delito de operaciones con recursos de procedencia ilícita y otros más en el ámbito estatal.

En 1997, Isabel Arvide perdió una demanda por daño moral frente a la actriz Sasha Montenegro, a quien tuvo que pagar, por el daño causado por difamación, por poco más de cinco millones de pesos. Su nombramiento como cónsul ocurre en clara violación de la fracción VI del artículo 32 de la Ley del Servicio Exterior Mexicano, que exige “tener por lo menos el grado académico de licenciatura por una universidad o institución de enseñanza superior mexicana o extranjera, con reconocimiento de validez oficial”, formación de la que carece.

Sin embargo, a los ojos de López Obrador, Isabel Arvide “no tiene malos antecedentes”. Dice que no la encontró “en la lista de los que recibían dinero en el gobierno anterior”. Datos suficientes para nombrarla cónsul, según se ve.

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