Opinión

Irresponsabilidad de rebaño

México ha seguido una estrategia reprobable y deficiente en términos de aplicación de pruebas. | Leonardo Martínez Flores

  • 27/08/2020
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Después de algunos episodios de dubitación y una serie de declaraciones con cuidadoso lenguaje diplomático, finalmente el manejo de la pandemia en México ha logrado que la opinión internacional emitida por especialistas, medios y organismos competentes se pronuncie de manera clara y directa, coincidiendo con las opiniones que el conjunto más serio de especialistas, analistas y medios de comunicación en México ha estado emitiendo desde hace meses: el manejo ha sido por lo menos ineficaz, opaco e irresponsable para algunos, y una estrategia verdaderamente criminal para muchos otros.

Basado en el análisis serio de los datos y en diversas encuestas y reportajes, el consenso internacional ubica al gobierno de López Obrador en el mismo grupo en el que se incluye a gobiernos como el de Trump y Bolsonaro, caracterizados por un manejo claramente deficiente de la pandemia.

La estrategia mexicana sigue demostrando día con día que tiene fallas muy serias de diseño y que sus malos resultados se ven todavía más agravados por una larga lista de deficiencias operacionales que generan datos erróneos y subregistros muy importantes.

En este sentido ya hemos comentado que entre los especialistas serios de México se estima que hay que multiplicar por 3 el número de muertes oficiales para tener una cifra que se acerque más al verdadero número de fallecimientos, lo cual implica que en esta última semana de agosto seguramente rondamos las 180 mil muertes por covid-19.

Y en cuanto al número de casos confirmados, hace unos días Max Roser, fundador de la reconocida y multicitada plataforma Our World Data publicó en su cuenta de Twitter que “México confirma actualmente 5 mil 500 casos por día, pero las pruebas son muy inadecuadas, la tasa positiva es del 57%. Entonces, ¿cuántos casos tiene México al día? Los diferentes modelos sugieren más de 130 mil”, estimación que igualmente coincide con los cálculos hechos por los especialistas serios en México.

Sin embargo, y a pesar de todas las críticas y recomendaciones recibidas nacional e internacionalmente, la obcecación de los dos López directamente responsables del fracaso, Obrador y Gatell, no cede un ápice. Muy al contrario, esta semana el primero ha vuelto a insistir en que su manejo de la pandemia ha sido un éxito y que lo peor ya ha pasado, y el segundo sigue haciendo afirmaciones temerarias que demuestran al menos dos cosas: su desprecio por las vidas humanas y sus muy graves deficiencias metodológicas.

Para demostrar este último punto cito textualmente las declaraciones que hizo Gatell esta semana y que fueron recogidas por la prensa: “Asegurar que entre más pruebas hay mejor control de la pandemia de covid-19 es una falsedad. Basta tener en cuenta a algunos de los países de la región, entre ellos, el que tiene la mayor cantidad de casos por millón de habitantes, es el país del mundo que hace la mayor cantidad de pruebas. Entonces ya se ve que no existe una correlación entre hacer pruebas y tener control”.

 

Estas declaraciones desnudan un esquema de pensamiento lineal que no puede, ni por mucho, captar las complejidades que entraña el fenómeno de la pandemia. Pero, para centranos en el punto, retomo las explicaciones que han dado los especialistas serios y los centros de investigación internacioales en el sentido de que para poder estimar la dimensión de la epidemia con esas variables es necesario utilizar un indicador que las relacione, esto es, que relacione al número de casos confirmados con las pruebas realizadas para obtener ese número de casos.

Para ilustrar ese punto retomo una gráfica de Our World in Data en la que se relacionan esas variables para cuatro países en el periodo que va de principios de enero a principios de mayo.

En el eje vertical se mide el número diario de pruebas aplicadas y en el eje horizontal el número diario de nuevos casos confirmados. Entre otras lecturas posibles, la gráfica nos muestra que la relación entre ambas variables puede cambiar drásticamente debido a muy diversos factores y que el número de nuevos casos confirmados se reduce cuando se incrementa drásticamente el número de pruebas aplicadas. Esto significa que lo deseable es lograr que las gráficas frenen sus trayectorias en dirección noreste y se regresen hacia la izquierda, como sucede en dos ocasiones en los casos de Corea del Sur e Italia, y en una ocasión con Gran Bretaña y con los Estados Unidos cuando este país alcanzó las 100 mil pruebas diarias.

Es verdad que los EEUU es el país que más pruebas aplica, pero en términos absolutos. En opinión de los especialistas, no importa cuántas pruebas apliquen los Estados Unidos si el número de pruebas aplicadas sigue siendo bajo con relación a la extensión de su epidemia, lo que descalifica las afirmaciones de Gatell cuando lo que hace es tomar en cuenta a ambas variables por separado.

La interpretación correcta es que mientras más grande sea la razón que relaciona al número de pruebas con los casos confirmados (número de pruebas/casos confirmados), mayor es la probabilidad de que a muchas personas infectadas, y por lo tanto potencialmente contagiosas, no se les estén aplicando pruebas. Por el contrario, mientras menor sea esa razón, el número de casos confirmados será una mejor aproximación de la dimensión de los contagios.

La segunda parte de las mismas declaraciones hechas por Gatell esta semana dice a la letra: “El lineamiento de vigilancia epidemiológica no ha cambiado respecto a la indicación de pruebas y la cantidad que se hacen depende de cuántas personas con síntomas son detectadas como casos sospechosos, por supuesto, si éstas han bajado, en la medida que bajó el número de contagios, pues se hacen menos pruebas. Cuando tengamos muy pocos sospechosos habrá realmente muy pocas pruebas”.

Cualquier parecido con lo ordenado por Trump cuando le explicaron que estaban apareciendo más casos confirmados porque habían incrementado el número de pruebas, no es mera coincidencia. (Ah, por cierto, en ese momento Trump ordenó que dejaran de hacer pruebas para tener menos contagiados).

El hecho es que México ha seguido una estrategia reprobable y deficiente en términos de aplicación de pruebas, lo que hace que el país se vea artificialmente mejor colocado en las comparaciones internacionales de casos confirmados y tasas de letalidad. Es decir, la curva de México muestra menos casos confirmados simplemente porque se han aplicado menos pruebas y porque las que se aplican son prácticamente confirmaciones, pues se guardan para los casos que ya presentan síntomas graves de covid-19. Todos los asintomáticos o con síntomas leves se dejan fuera, lo cual no sucede en muchos otros países.

Finalmente quiero abordar el tema de la llamada inmunidad de rebaño, concepto que teóricamente se alcanza cuando el virus ya no puede seguir infectando más gente porque ya no hay población susceptible de ser infectada, ya sea porque ya tuvo el covid-19 y tiene una inmunidad temporal, o porque ya ha recibido una vacuna efectiva.

Pero a nueve meses del explosivo inicio del fenómeno de transmisión y contagio del SARS-CoV-2 en China, el desconocimiento de muchos aspectos específicos de la pandemia sigue siendo tan grande como las discrepancias en cuanto a las condiciones que deben cumplirse para alcanzar la supuesta inmunidad de rebaño.

La incertidumbre sigue siendo tan amplia que diferentes equipos de las comunidades médicas y científicas se han aventurado a decir que la inmunidad se podría alcanzar cuando entre el 50 y el 70% de la población haya sido infectada. Bueno, una diferencia de 20 puntos porcentuales en un país de 130 millones de habitantes significa una diferencia de 26 millones de personas, lo cual deja abierta una enorme ventana de incertidumbre.     

Además, la supuesta inmunidad de rebaño no es ni espacial ni temporalmente neutra, pues las condiciones que se tendrían que cumplir para que ésta se dé están cambiando continuamente entre grupos y subgrupos de población, y entre barrios, colonias y ciudades. Como se ve, apostar por algo así es sumamente complicado.

A pesar de esas complejidades todo parece indicar que el objetivo de alcanzar la inmunidad de rebaño es uno de los pilares de la estrategia de este gobierno, por cruel y sanguinario que parezca.

Visto desde esa óptica todo embona y hasta funge como una autojustificación de la ineptitud gubernamental. Si los responsables de controlar la pandemia creen que no hay mucho que hacer sino esperar a que lleguemos a tener inmunidad en todo el país, entonces la falta de planeación y de preparación, los mensajes confusos, las contradicciones recurrentes, los datos sesgados, las mentiras oprobiosas, la falta de protocolos y equipos en hospitales, el desabasto de medicamentos, la negación del cubrebocas, la “fuerza moral” y el “detente satanás” del presidente, los criterios inconsistentes y acomodaticios del semáforo de actividades y la verborrea circular y pseudocientífica de Gatell son aspectos que han sido aprovechados por el gobierno como elementos distracción mientras dejan que el tiempo pase y la pandemia evolucione.

Lamentablemente los medios y la mayoría de los influencers de las redes sociales que podrían actuar como contrapesos han caído en el juego de los López, lo cual se evidencia, por ejemplo, con el hecho de usar únicamente las cifras oficiales para llevar el conteo cotidiano de muertes y nuevos casos confirmados, a pesar de la evidencia fundamentada que demuestra que se trata de números manipulados, o en el mejor de los casos de subregistros importantes.

En fin, lo que sí ha logrado la estrategia gubernamental es generar una especie de irresponsabilidad de rebaño, en la que medios de comunicación, analistas y muchos influencers de las redes sociales participan como coristas, voluntaria o involuntariamente, en el circo que se transmite cotidianamente desde palacio. El efecto de este fenómeno es claro: no sólo no ayudan a controlar la crisis, hacen que la situación siga empeorando.

 

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