Opinión

Inversión privada y fallas del metro

El presupuesto no puede ser concebido como una chequera, tiene que existir un balance con la realidad. | Roberto Remes

  • 18/03/2020
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Este 10 de marzo chocó el metro. Es el cuarto choque de trenes que involucra a pasajeros, en 50 años de operación, lo preocupante es que los tres anteriores choques tuvieron 20 años de separación cada uno, y este menos de 5, respecto del de Oceanía.

El viernes pasado, el presidente del Partido Acción Nacional en Ciudad de México, Andrés Atayde, publicó un tuit con una gráfica y una denuncia (https://twitter.com/AAtaydeR/status/1238525444225470464). La denuncia es que, por un lado Claudia Sheinbaum sigue buscando culpables en la administración anterior, y por otro lado reduce el presupuesto del metro. La gráfica del tuit comprobaba su dicho: en efecto, los Presupuestos de Egresos de la Ciudad de México para 2019 y 2020 están reduciendo el presupuesto del metro de manera considerable. En ambos años, el monto asignado fue de 15,652 millones de pesos (la gráfica de Atayde muestra 16,211 para 2019), luego de un máximo histórico de 17,548 millones en 2018. Si deflactamos las cifras que presentó Andrés Atayde tenemos una terrible revelación: el presupuesto del metro este año será el más bajo en términos reales en al menos una década, y en términos nominales será también menor al de 2010, cuando la línea 12 aún no operaba.

El tren que falló, el 484/485, fue puesto en operación en 1986; en 2015 recibió mantenimiento mayor, luego de un periodo fuera de circulación, y se presentó en un acto público como “rehabilitado”, sin que la palabra sea precisa, pues representa una acción más profunda. Sin embargo, estamos hablando de que esto fue hace 5 años, por lo que será difícil culpar a administraciones anteriores: de hecho Florencia Serranía es la cuarta directora del metro desde entonces.

Como bien anticiparon nuestras autoridades, el dictamen de qué falló en este accidente del metro será presentado en semanas, pero preocupa la reducción presupuestal. El metro mueve a más de 5 millones de personas al día. Si el accidente de Tacubaya, que cobró una vida, hubiera ocurrido en hora pico, la tragedia habría sido mucho mayor, aún así, se pudo evitar.

Genera muchas sospechas la reducción de 11% en el presupuesto del metro. Está claro que en esta ciudad hay que estirar la cobija y esto nos dice que estamos llegando al límite. Pero cuando uno analiza el resto de los presupuestos de los organismos de transporte descubre que allí sí están creciendo. La Red de Transporte de Pasajeros (RTP) administró 1777 millones en 2018, bajo el nombre de Sistema M1; ahora tiene 2452 millones. El Servicio de Transportes Eléctricos creció de 1393 millones en 2018 a 3744 en 2020. El Metrobús crece 50% su presupuesto respecto a los 902 millones de 2019, para llegar a 1353 millones; en 2018 tenía 869 millones y en 2017, 348 millones.

La política pública está donde está el dinero. Están comprando trolebuses y renovando la flota de autobuses de RTP. En teoría rehabilitaron las vías del tren ligero, aunque el desempeño de este servicio sea peor que antes. Pero por número de usuarios, el metro no puede administrar menos recursos que en años anteriores: por ello la falla del tren 484/485 parece consecuencia directa de la reducción de recursos para el metro.

Si la administración de Claudia Sheinbaum quiere reorientar el subsidio del metro hacia otros servicios, sólo hay tres opciones. O se cobra la tenencia a todos los automóviles, o se incrementa la tarifa del metro, o se buscan mecanismos inmobiliarios para dotar de nuevos ingresos al metro, a partir de sus activos en predios urbanos.

Claudia Sheinbaum canceló proyectos de inversión privada como el Cetram de Constitución de 1917, y a cambio terminó invirtiendo cientos de millones de pesos de recursos públicos en una obra en ese sitio. Sigue convencida de que tomó la mejor decisión, pero el presupuesto no puede ser concebido como una chequera, tiene que existir un balance con la realidad. Ahí están los terrenos del metro, que fomente inversión privada en ellos y esto a su vez compense la pérdida de subsidio que representa el cambio de política de transporte.

Lo que tenemos claro es que una reducción del presupuesto regular del metro pone en riesgo a los usuarios y es una decisión irresponsable. Lo que pasó en Tacubaya no debe repetirse y los culpables podrían no ser los técnicos del metro, sino quienes redujeron recursos al organismo.

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