Opinión

Internet en nuestras vidas y la ilusión de privacidad

O de cómo regalamos nuestra intimidad por unos likes Lee a Alejandra Collado

  • 09/12/2017
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A unas décadas de la llegada de Internet a nuestras vidas, las consideraciones de esta herramienta por parte de usuarios/as, analistas e investigadores/as estaban conformadas por ideas optimistas acerca del acceso democrático a la información y a expresiones libres de censura.

En estos años de convivencia, experiencias, intercambio e influencia de algo sin lo que ya no nos podemos concebir, se sabe que este supuesto acceso y “libertad” trae consigo otras opresiones: vigilancia, control y censura.

El control de las ideas, la consolidación de una hegemonía económica desarrollándose con supremacía sobre identidades, formas de pensar, actuar y existir, son algunas de las consecuencias de esta invasión consensuada en la que nuestra privacidad es el plato fuerte que nosotros/as mismos servimos y entregamos.

Facebook


El mayor ejemplo de esto. No solo porque nos referimos a esa plataforma en la que el poder está centralizado: poder económico, político, cultural, sentido de pertenencia y la preeminencia de una sola forma de relacionarse, sino porque a través del fb asistimos y autorizamos la intercepción de nuestra intimidad o bien, la exponemos de manera voluntaria bajo un perverso mecanismo en el que nos sentimos cómodos revelando nuestra información a cambio de la compensación social… sí: ¡likes! y muchos corazoncitos.

El actual ambiente digital, presenta también un desdibujamiento entre el poder Estado y las empresas: el acceso de ambas entidades a nuestras vidas a través de los datos es una realidad comprobada y de la que estamos conscientes.

Hace unas semanas en México, The New York Times destapó información de que el gobierno ha espiado a periodistas, activistas y defensores de derechos humanos a través del software llamado Pegasus, creado por la empresa israelí NSO Group, con el propósito de vigilar a criminales y terroristas. Dicho sistema es contratado por gobiernos y empresas para infiltrarse en los teléfonos celulares a los que se accede a través un link al que el usuario se dirige voluntariamente por medio de un SMS.

Dinámicas similares son bajo las que funcionan las empresas/instancias que buscan atraer usuarios a sus sitios web aprovechando la fiebre de likes y de redireccionamientos basados en la información que damos de nuestros gustos y preferencias en cualquier sitio o red social. Son fb y Google los sitios que tienen la superioridad de plataformas y aplicaciones de tráfico de datos e información para empresas y organizaciones.

Oro puro


Todo comienza con un simple clic: seguir el link a un video de gatitos (eso ya es demasiada información), a un producto que misteriosamente bombardea el timeline de nuestro fb o aparece en las sugerencias del buscador, y que casualmente deseamos o hemos estado buscando. Ahí, en los likes y clics, en lo que compartimos, vemos y escuchamos, yace información valiosa sobre lo que somos, deseamos y podemos llegar a desear: oro puro.

Toda la información que generamos a través de nuestro navegar diario por la red y las elecciones que tomamos acerca de cómo usar Internet, cada vez que elegimos responder el test de fb que nos dice quiénes fuimos en nuestra vida pasada (que con base en algoritmos y todo lo que hemos compartido en nuestro fb, reforzará nuestro sentido de identidad); cada vez que damos clic en “aceptar” a las app que nos dicen que accederán a nuestro perfil personal, abrimos las puertas a esa invasión a la privacidad de la que tanto renegamos en la cotidianidad.

Estas cantidades exorbitantes de información se encuentran en manos de empresas que, bajo el lema de “al cliente lo que pida”, “el cliente siempre tiene la razón” llevan a cabo una vigilancia disfrazada de atención al consumidor en la que aparentemente el usuario de Internet se expresa y elige libremente de entre una gama de opciones ad hoc a sus gustos y experiencias. La vigilancia del consumidor contemporáneo.

Bajo el argumento de un usuario libre y dueño de su tiempo y su ocio, las compañías que tienen acceso a nuestros datos los utilizan para generar servicios totalmente adaptados a “nuestras necesidades”: edad, sexo, ubicación, afiliación política, escolaridad, ocupación, servicios de banco que utilizamos y en general, toda la información que proporcionamos a diario, aquella de la que estamos conscientes o de la que no tenemos idea, se recopila cada minuto, se administra y se vende como materia prima para el consumo.

¿Qué tanto sabemos de fb?

Las bases de datos en las que van nuestras vidas crean proxys, patrones y modelos de comportamiento que suponen información de gran valía para la mercantilización de las identidades de los usuarios/consumidores en una relación asimétrica de acceso a la información: mientras empresas y compañías tienen toda nuestra info en sus manos, nosotros no tenemos información sobre ellas. Y para muestra cabe preguntarnos: además de lo que dice en la Wikipedia ¿qué tanto sabemos de fb?

Las bases de datos de consumidores y esta suerte de economía de la información personal que contiene nuestros gustos, comportamientos pasados y presentes, así como una proyección de lo que haremos y elegiremos en el futuro con base en algoritmos, nos sitúa en un punto vulnerable en la relación entre el consumo y la vigilancia.

Quien tiene la información, tiene el control. ¿de qué tenemos el control nosotros/as como usuarios/as? Como consumidores/as queda claro que tenemos el control de elegir lo que consumimos… ¿y como personas, como ciudadanos/as?

No se trata de demonizar las TIC, sino de comprender el complejo entramado del flujo, destino y alcances de la información que se filtra a través de estas, entender cómo contribuimos, ya que muchas de las ocasiones en las que somos parte de este entramado no estamos al tanto de ello. El ocultamiento y la extracción de información sin que el público usuario lo sepa y desconozca totalmente a lo que se expone, o bien, cómo protegerse, es una de las fortalezas de ese acceso asimétrico a la información.

En un ambiente digital de aparente neutralidad, de elecciones limitadas para nosotros como personas usuarias/consumidoras, así como de vigilancia normalizada, la búsqueda informada del conocimiento sigue siendo la herramienta a través de la cual la ciudadanía puede hacerse  más consciente de qué información se extrae, por quién, para quién, y con qué fines, y entonces sí, en medida de lo posible, retomar el control de nuestras elecciones, regenerándolas en acciones conscientes e informadas.


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