Las críticas a la legislación y a las autoridades electorales se mantienen durante el tiempo de intercampañas. Mientras unos argumentan que el periodo de "veda" es necesario para evitar la ventaja de algún partido político o aspirante, otros piensan que se trata de una "verdadera simulación electoral".

En fin, al Instituto Nacional Electoral le va otra vez como al cohetero.

Es cierto que el actual marco normativo adolece de fallas importantes y en la práctica se han evidenciado. Pero así lo aprobó el Congreso y todas y todos lo debemos respetar.

De la misma manera, lo responsable es acatar las resoluciones de las autoridades electorales y los procedimientos para dirimir las controversias que la ley establece. Es lo menos que se puede hacer en una democracia que busca garantizar la imparcialidad, equidad, certeza y transparencia de nuestras elecciones.

Las restricciones

Las restricciones pretenden evitar los "actos anticipados de campaña".

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El conjunto de medidas podrían parecer lógicas si nos ubicamos a finales del siglo pasado, pero algunas de ellas resultan francamente absurdas en el contexto complejo, dinámico, diverso y cambiante que caracteriza al actual ecosistema de comunicación global.

La libertad de expresión y el derecho a la información se mantienen. Sin embargo, los partidos políticos no podrán promocionar el voto. "Solo transmitirán mensajes genéricos con contenido institucional". Y "los precandidatos están en su derecho de asistir a entrevistas o eventos, pero deberán evitar los llamados directos al voto".

De no ser así, el INE puede sancionarlos "hasta con la negativa del registro".

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Desde el pasado lunes 12 de febrero y hasta el próximo 29 de marzo se mantendrán los promocionales de los partidos, pero sin la imagen de los precandidatos. En contraste, los personajes podrán realizar actos públicos, dar entrevistas a los medios de comunicación y participar activamente en las redes sociales, siempre y cuando acaten las restricciones establecidas.

Me voy, pero no me voy

Como dijo a los mexicanos el Papa Juan Pablo II. Aunque en algunos medios se ha filtrado la información de lo que piensan hacer algunos de los presidenciables durante este periodo, la verdad es que a nadie conviene bajar la guardia. Tampoco es recomendable dejar ningún frente libre. Mucho menos confiarse de que será un lapso de tranquilidad y sin guerra sucia.

Día a día seguirán siendo parte importante de la agenda nacional.

Uno, el puntero Andrés Manuel López Obrador, porque debe romper el techo que mantiene desde hace meses. Ricardo Anaya y José Antonio Meade para disputar el segundo lugar en las encuestas. Y el resto, los y las independientes, para entrar de lleno en la competencia o convertirse en uno de los factores decisivos del resultado final.

Sin embargo, los aspirantes comparten un gran reto. Los 90 días de campaña no pueden —no deben— replicar la misma inercia que produjeron en el periodo de las precampañas, en donde la falta de creatividad, originalidad, contundencia, dinamismo y audacia no lograron mantener la atención y el interés de la ciudadanía. La noticia buena es que se abrió un tiempo valioso para corregir.

Sin dejar de participar en forma activa, partidos y precandidatos tendrán que dar prioridad y dedicar los recursos que sean necesarios para redefinir o ajustar sus estrategias. La preparación anticipada y a fondo de los tres debates formales que organizará el INE no se debe dejar para el último momento, como casi siempre ha sucedido. De lo que hagan o dejen de hacer dependerá el futuro de nuestro país.

¿Cambiarán las cosas o veremos más de lo mismo?

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