Opinión

¿Insensibles ante la tragedia?

La sociedad no puede bajar la guardia ante el desgaste emocional que le está provocando el largo período de confinamiento. | José Antonio Sosa Plata

  • 23/07/2020
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Las estadísticas sobre la pandemia del covid-19 dejaron de sorprender a muchos, desde hace varias semanas. Los números que han dado las autoridades también dejaron de conmover. La situación es importante y no debemos tomarla a la ligera, porque la indiferencia de la gente es un obstáculo para lograr los objetivos de salvar vidas y reducir los contagios.

La pérdida de compasión sobre la tragedia que se vive en el país no solo afecta el buen desarrollo de la democracia. Es parte de un proceso de desensibilización que relaja las acciones de la gente ante los principios de responsabilidad, solidaridad y unidad que se requieren en el marco de una crisis. Paul Slovic, psicólogo de la Universidad de Oregón, Estados Unidos, lo ha calificado como entumecimiento psicológico.

El fenómeno no es nuevo. Es resultado de fallas en los procesos de comunicación política en los temas de inseguridad, terrorismo, guerra y desastres naturales, entre otros. Lo es ahora en la emergencia sanitaria. Y preocupa mucho que esté permeando en una gran cantidad de países en los que las cifras de muerte y enfermedad no ceden o están en un claro repunte.

El entumecimiento psicológico ha demostrado que, cuando vemos a las víctimas solo como números, nuestra conexión emocional se reduce. Este hecho explica el interés comercial que tienen las historias personales que difunden los medios y también la importancia que representan para las estrategias de comunicación gubernamentales. Por lo tanto, el diseño de las gráficas o infografías en una conferencia de medios —y el cuidado en el uso de las palabras— no son suficientes para ser convincentes y efectivos.

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Las imágenes, experiencias y testimonios de las víctimas son necesarios. Sin embargo, utilizar este recurso no se puede hacer a la ligera. El respeto a las personas y el apego a la verdad son dos condiciones fundamentales que se deben mantener en todo momento. Hay que evitar el chantaje, la manipulación con fines políticos o el derecho a los elementos de privacidad que, previo acuerdo, se establezcan con las personas que autorizaron su presencia pública.

La difusión debe motivar la acción positiva, no la parálisis. Despertar conciencias, no favorecer el encono entre los grupos de la sociedad. Fortalecer la capacidad de respuesta y la responsabilidad, no las divisiones. Personas y hechos deben ser los protagonistas principales de la información, porque es gracias a ellos que nuestra conducta se orienta hacia lo que es verdaderamente importante.

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El largo periodo de confinamiento está provocando un conjunto de emociones en la gente que resultará muy difícil de manejar, sobre todo si el problema se alarga por varios meses más. Una de las cosas que se tienen que impedir es la idea de que, "cuanta más gente muera, menos importa". En el mismo sentido, resulta imprescindible calcular los efectos que podrían tener las historias individuales.

Paul Slovic pone un ejemplo reciente: El asesinato de George Floyd a manos de la Policía de Minneapolis, en Estados Unidos, evidencia el dramático poder que puede tener una imagen. Su trágica muerte fue “capaz de despertarnos en contra de la violencia racista” que ha estado con nosotros durante siglos, “a pesar de estar acompañada en las últimas décadas por muchas estadísticas adormecedoras”.

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En consecuencia, la indiferencia sería tal vez un problema menor (hoy no lo es) si las reacciones individuales y las historias reales provocadas por el desempleo, la pérdida del poder adquisitivo, la enfermedad o la muerte de los seres queridos se convierten en el detonador principal del enojo, la frustración, la impotencia o la pérdida de confianza en las autoridades. Una sociedad enardecida pone en riesgo la gobernabilidad y le abre las puertas —aún más— al crimen organizado.

Por eso, los gobiernos deben equilibrar las historias y los mensajes. Saber cuándo el énfasis debe estar en los elementos positivos y cuándo en los negativos. Se tiene que reconocer lo bueno y advertir sobre lo malo. Cada riesgo y cada peligro se tiene que anticipar si se hace o deja de hacer lo que se considera conveniente. Y tener la capacidad para producir las conductas y comportamientos que se espera de cada grupo específico de la sociedad.

Consulta: Tiffanie Wen. "What makes people stop caring?". BBC Future, 30 Junio 2020.

Para aterrizar de manera elocuente su propuesta comunicacional, Slovic recurre a “una famosa cita del sobreviene del Holocausto Abel Herzberg: “No hubo seis millones de judíos asesinados; hubo un asesinato, seis millones de veces”. Parafraseando a Slovic, hoy podríamos decir: “El covid-19 no ha matado a más de 40 mil mexicanas y mexicanos; ha acabado cruelmente con una vida, más de 40 mil veces”. ¿Es tan difícil de comprender?

Muchas mujeres de nuestro país reaccionaron con firmeza ante la dramática e inaceptable realidad de la violencia en su contra y los feminicidios. Su causa iba más allá de los datos duros. Por eso, en marzo pasado las protestas tomaron un nuevo rumbo. La respuesta de la sociedad iba muy bien, pero se presentó la pandemia.

Sin embargo, las estadísticas de los últimos meses son peores que en ese entonces. Por eso, el llamado de atención es hoy aún más fuerte. Hay que atenderlo. Ni el gobierno ni la sociedad debemos permitir que la indiferencia —frente a cualquier tragedia o injusticia— siga creciendo.

Recomendación editorial: Jon Elster. La explicación del comportamiento social: más tuercas y tornillos para las Ciencias Sociales. Barcelona, España, Editorial Gedisa, 2010.

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