Inseguridad cotidiana

La idea: Cuando se habla de inseguridad en los medios, por lo general se citan las cifras de homicidios dolosos. Pero la inseguridad cotidiana se refleja con mayor claridad en la incidencia de otro tipo de delitos, los cuales afectan más pero se les pone menos atención por "pequeños". Muchos de ellos son originados por los mercados de bienes ilícitos, en gran parte tolerados por las autoridades municipales.

Cuando se habla del problema de seguridad pública, se hace mucho énfasis en la cifra de homicidios dolosos, la cual sigue creciendo a niveles que nos hace parecer un país en guerra.

Muestra de ello es que en el primer trimestre del año hubo 8,493 homicidios dolosos, la cifra más alta desde que inició en 1997 este registro por parte del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Es correcto que se le preste atención a los asesinatos porque un homicidio es el mayor agravio que se puede cometer contra una persona. Sin embargo, las cifras que mejor reflejan la inseguridad en nuestro país son otras.

Las cifras relevantes se refieren a delitos que nos afectan cotidianamente y que nos hacen vivir con la angustia de no saber cuándo nos van a secuestrar, robar, extorsionar o defraudar y si en ese proceso nos causarán algún daño físico.

El INEGI en su Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2018, con datos del 2017 presenta una excelente panorámica:

·         El 35.6% de los hogares de México tuvo al menos una víctima del delito.

·         Hubo 25.4 millones, 3 de cada 10 mexicanos mayores de 18 años, víctimas del delito.

·         Se cometieron 33.6 millones de delitos.

·         Los delitos tuvieron un costo para la población de $299.6 mil millones de pesos, esto es el 1.65% del PIB.

·         No hubo denuncia en el 93.2% de los casos.

·         De los que sí se abrió averiguación previa, en el 55.9% de los casos no pasó nada o se cerró la investigación, esto es, hubo impunidad total en el 97% de los casos.

Los delitos más frecuentes fueron el robo en transporte público o en la calle, los cuales ascendieron a 9.5 millones de incidentes, seguido por el delito de extorsión que se dio en 6.6 millones de casos. Después del homicidio, quizás el delito de más alto impacto fue el secuestro, de los cuales el INEGI indica que se cometieron 80,790.

La zona más insegura del país es la zona metropolitana de la Ciudad de México donde, por ejemplo, se registraron 31,175 robos por cada 100,000 habitantes. Cifras más recientes indican que en el primer trimestre de 2019 se abrieron 1,056 carpetas de investigación por asaltos en el Metro de la ciudad, lo cual indica que, si incluimos una estimación de no denunciadas, el número real de robos podría ascender a 15,530.

Estos delitos son los que más afectan a las familias mexicanas y la responsabilidad de evitarlos radica principalmente en las autoridades locales por ser delitos del fuero común.

Los mercados de bienes ilícitos

Una de las causas de esta inseguridad cotidiana se debe en gran parte a la existencia de mercados de bienes ilícitos. Entre ellos, el tráfico de celulares, autos, relojes y joyas, todos ellos robados, y, por otra parte, drogas y armas. Si se atacaran estos mercados, quizá se podría reducir la inseguridad que padecemos.

Los mercados de mercancía ilícita más grandes del país quizás se encuentren en el Valle de México. Por ejemplo, en el centro histórico de la Cd. de México podemos ver a plena luz del día el tráfico de celulares robados. Estos mercados de bienes robados y el comercio informal, son tolerados o tienen la complicidad de las autoridades de la Ciudad de México.

Otros lugares tradicionales de mercados ilícitos en la Ciudad de México son las colonias Doctores y Buenos Aires donde se trafica impunemente con autos y refacciones robadas. También tenemos el tráfico de drogas en las colonias Condesa, Roma, Juárez y muchas otras.

Por su parte, el cobro de derecho de piso y la extorsión a los comerciantes establecidos, afecta a muchas ciudades del país sin que las autoridades locales lo eviten.

La existencia de estos mercados ilícitos tiene décadas, pero nos hemos acostumbrado a ver este fenómeno como natural e incluso acudir a comprar bienes robados, lo que a su vez fomenta la inseguridad.

Se podría empezar por cerrar estos enormes mercados de bienes robados que están a la vista de todos. Las autoridades locales saben quiénes son, que venden, cual es el origen de sus mercancías, donde y como lavan su dinero, y conocen las redes de asaltantes que los alimentan. Se podría empezar por combatir la corrupción y las complicidades de las autoridades.

Si bien las cifras de homicidios son alarmantes, las cifras de otros delitos son aún más escandalosas. Compete a las autoridades municipales y estatales el proporcionar seguridad pública a sus gobernados. Ojalá hagan pronto y bien su trabajo para darnos seguridad. De nada sirven discursos, planes y reuniones de coordinación. Lo que todos esperamos, son resultados.

Austeridad y buen gobierno

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