Opinión

Inflexión feminista

Estamos a las puertas de lo que puede ser un profundo cambio político, social, educativo, familiar y personal. | Edgar Cortez

  • 28/02/2020
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La impunidad es un mal que afecta toda la sociedad pero sus efectos son muy desiguales. Las mujeres y sus exigentes protestas, han puesto en claro que son de las principales víctimas de la violencia y de la falta de acceso a la justicia.

Los datos son categóricos. De acuerdo con el Secretariado del Sistema Nacional de  Seguridad Pública, en 2019 se contabilizaron 976 feminicidios en el país y es el quinto año de incremento de este delito. Mientras que 10 mujeres son asesinadas en promedio cada día.

En tanto que la Red por los Derechos de la Infancia (REDIM) señala que del total de feminicidios sucedidos entre 2015 y 2019, el 10 por ciento afectan a niñas y adolescentes.

Estos graves datos se concretan en casos como el feminicidio de Ingrid y la desaparición y feminicidio de la niña Fátima. Ambos fueron detonadores de las recientes protestas de mujeres en contra de esta violencia que no deja de crecer y agobiarlas.

La exigencia expresada en la calle y en numerosas expresiones públicas ha topado con una torpe respuesta del presidente López Obrador, que ha ido desde pretender minimizar esta realidad hasta improvisar un decálogo carente de sustancia.

El reclamo de las mujeres ha estado acompañado de variadas acciones para cimbrar la conciencia ciudadana y empujar un cambio social radical, lo que se ha llamado el fin del patriarcado. Parte del repertorio han sido la brillantina, el daño a monumentos, los ataques a instalaciones públicas, las pintas a paredes y puertas de Palacio Nacional. Estos últimos son disruptores pues nos obligan a tomar conciencias que estos perjuicios son mucho menores que todos los daños que viven la mujeres de forma cotidiana.

La nueva propuesta es la del paro de mujeres convocado para el 9 de marzo, un poderoso signo que pondrá en claro la enorme cantidad de trabajo femenino que mantiene en pie nuestra sociedad y no se valora.

Esta iniciativa otra vez es descalificada por parte del presidente de la República, quien incluso acusa que la derecha o algún otro tipo de interés avieso la están impulsando.

Vale la pena señalar que el reclamo de las mujeres es por la garantía de sus derechos humanos, como son una vida libre de violencia y el acceso a la justicia, entre otros. Situación que les da una total legitimidad y obliga a que el resto de la sociedad, sobre todo los varones, nos sumemos a esta causa.

Cuando el Estado se niega a garantizar estos derechos, como la ha mostrado el Presidente, lo que queda es el ejercicio de la “auto tutela de derechos”, lo que han estado y seguirán haciendo la mujeres.

Estamos a las puertas de lo que puede ser un profundo cambio político, social, educativo, familiar y personal. Las mujeres son la vanguardia de esta transformación y todas las personas tenemos el deber de sumarnos por modesto que pueda ser nuestro aporte.