Opinión

Inercias y lastres

En el ámbito público cada vez más mujeres se suman a la toma de decisiones. | Ivonne Ortega Pacheco

  • 12/08/2020
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En la última década México ha evolucionado cada vez con más fuerza hacia la eliminación de prejuicios que desde hace demasiado tiempo maltratan y estigmatizan a grupos sociales vulnerables.

El sexismo machista fue enquistándose en nuestra sociedad a la sombra de conceptos publicitarios, conductas discriminatorias que asignaron roles y adjetivos a la mujer mexicana: “sumisa, obediente y abnegada”.

Por su lado al hombre se le asignaron características “ideales” de macho, pendenciero y propietario de su destino y el de la mujer que eligiese.

Desde la llamada época de oro del cine nacional, pasando por años de publicidad televisiva y editorial discriminatoria y sexista, estas conductas y estereotipos tan ridículos como insultantes se incubaron en la mente de generaciones de mexicanas y mexicanos.

Pero ya no es así. Porque ya no debe ser así. Ya no puede ser así.

Las mexicanas somos mucho más que el objeto del deseo de los hombres o el escenario de demostración del machismo.

Las mexicanas somos capaces, dignas y emprendedoras. Rompemos barreras sociales y superamos retos que a cualquiera atemorizan.

Las mexicanas conquistamos derechos que se nos regatearon por siglos, empezando por el derecho a ser nosotras mismas y a hacer lo que queramos de nuestras vidas.

No somos extensión de nadie ni hacemos tonta comparsa porque tenemos criterio y voluntad propios y compartimos planes y metas con quien lo decidimos, de común acuerdo porque así debe funcionar la sociedad que queremos.

Una sociedad que para protegernos debe garantizar igualdad de condiciones, el mismo trato para todas las personas y ninguna distinción diferente de la que nace de la capacidad y el mérito.

Por eso en el ámbito público cada vez más mujeres se suman a la toma de decisiones trabajando una a uno, sin inercias sociales negativas que cada vez vamos dejando más atrás, por fortuna.

En el mismo ámbito público no caben expresiones, conductas ni mucho menos campañas que denigren o discriminen. Y quien quiera participar en la arena política, en cualquier nivel y orden, debe despojarse en serio de esos lastres o se hundirá con ellos.

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