Opinión

INE: víspera de tormenta

Es oportuno que todos estemos atentos a cualquier desviación o apetito desde el poder para avasallar al INE. | Roberto Rock L.

  • 02/07/2020
  • Escuchar

Con casi cuatro meses de retraso frente al calendario original, la Cámara de Diputados definirá la última semana de este mes los nombres de dos nuevos consejeros y dos consejeras para el Instituto Nacional Electoral (INE). Dentro y fuera de ese organismo que encabeza Lorenzo Córdova se ha tomado nota de que lo que viene es una convulsión que trastornará los equilibrios que se habían construido.

En buena hora el INE ha levantado la voz para alertar que su independencia y potestad en las reglas dentro de nuestra democracia pueden estar en peligro bajo el peso abrumador de Palacio Nacional. Pero el blindaje que esa institución requiere debería estar acompañado, ciertamente, por una propuesta de ahorros y un compromiso de máxima transparencia en sus procedimientos internos. 

Ello debe incluir a dónde va cada peso que se gasta, qué hacen los partidos con ese dinero, cuál es el gasto pormenorizado de cada consejero (incluidos colaboradores, asesores, comidas y un largo etcétera). Si 20 años no es nada, como dice el tango, es imposible olvidar el escándalo desatado en el año 2000 cuando se descubrió que un consejero se había gastado más de 600 mil pesos en una “reunión de trabajo” en Jurica, Querétaro. De esa cantidad, al menos la cuarta parte fue para adquirir bebidas alcohólicas que deleitaron a un puñado de servidores públicos.

¿Podría el INE de Córdova establecer en internet información sistematizada que facilite toda esa información, y a ello le sume un comparativo de cómo ha votado cada consejero asuntos del pleno, cruzando esa postura con, por ejemplo, el nombre de los partidos políticos que promovieron su designación en el Instituto? Se trata de una herramienta que, en forma digital o impresa, está disponible en democracias maduras para vigilar órganos colegiados, como el Congreso norteamericano. 

Acaso ello ayudaría a desmontar entre muchos de nosotros la percepción de que en las elecciones de 2018 varios consejeros electorales no dudaron en abrazar la causa, por ejemplo, del candidato presidencial panista Ricardo Anaya. 

Junto con la Corte, el Congreso y el Banco de México, el INE es una de las instancias más importante para ser contrapeso del presidencialismo, más allá de quién encabece el Poder Ejecutivo. El Instituto es en este momento, sin duda, la entidad que despierta más inquietud, nacional e internacional, por el presunto interés del gobierno López Obrador de “colonizar” mediante sus múltiples resortes de poder al árbitro electoral. Ello, en vísperas del largo proceso hacia las votaciones de junio del 2021 que renovarán las gubernaturas de 15 estados, miles alcaldías y diputaciones locales, además de la totalidad de las curules de la cámara baja.

Las lecciones aprendidas en otros países latinoamericanos han llevado a instancias multilaterales como la OEA, el Banco Mundial o el FMI, a prestar especial atención a la suerte de los órganos electorales nacionales ante cualquier injerencia que pueda derivar en un régimen autoritario o con pretensiones de permanecer indefinidamente en el poder.

En el INE y en amplios sectores de la sociedad han aparecido señales de alarma ante declaraciones del presidente López Obrador en el sentido de que ¨vigilará” la limpieza de los procesos electorales, lo que bien podría ser la tarea de cualquier ciudadano. En la voz presidencial, ello suena a una ansiedad de tener injerencia, quizá para evitar que los resultados surgidos de las urnas el próximo año le resulten adversos.

Es oportuno que todos estemos atentos a cualquier desviación o apetito desde el poder para avasallar al INE. Pero harían bien quienes integran ese órgano clave de nuestra democracia si asumieran frente a la nación mayores compromisos de transparencia y de un accionar efectivamente ajeno a las mieles partidistas. 

Asteriscos

*Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente López Obrador, tuvo ayer un tempranero y mal momento en su cuenta de Twitter, al revirar con rudeza a un usuario que le preguntó en términos acomedidos por los niños con cáncer. La respuesta (“No soy médico”) encendió las redes, como dirían los clásicos, generando tendencia e incluso cobertura noticiosa internacional. Ella se disculpó… 12 horas después, lo que reflejó la escasez de competencias en materia de comunicación y control de daños en el gobierno. Puede incluso decirse que doña Beatriz fue, otra vez, una víctima más de este vacío en la 4T

* La pesadilla que ahoga a Guanajuato con el flagelo del crimen organizado, potenciado por la falta de colaboración entre autoridades estatales y federales, impuso anoche un nuevo episodio. La masacre de 24 personas y heridas a varias más, las cuales se hallaban en un centro de rehabilitación de adictos en la ciudad de Irapuato, hasta donde llegó un comando del crimen organizado para arrebatarles la vida y desatar el terror. ¿Cuánto tiempo más debe transcurrir y cuánta sangre más debe correr para que el presidente López Obrador se reúna con el gobernador Diego Sinhue Rodríguez, hagan de lado las diferencias políticas y se pongan a trabajar hombro con hombro en contra de la violencia?

* Nada menos que 18 mil muertos por covid-19, según las actas de defunción recabadas por fuentes oficiales, es la diferencia entre un reporte de la Secretaría de Gobernación que revela hoy La Silla Rota, y las cifras que cada noche ha venido ofreciendo el vocero del manejo de la pandemia, Hugo López-Gatell.



Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.