Opinión

Imperdonable, la fuga de “El Chapo”

La fuga del capo abre la necesidad de reorientar los esfuerzos anticorrupción.

  • 12/07/2015
  • Escuchar

El sábado por la noche, el Comisionado Nacional de Seguridad (CNS), Monte Alejandro Rubido, informaba a la opinión pública la nueva fuga de Joaquín Guzmán Loera El Chapo ocurrida del penal de máxima seguridad de El Altiplano.

 

Como usted recuerda, en un operativo en Mazatlán, Sinaloa, en febrero de 2014, elementos de la Armada de México detuvieron al El Chapo, luego de haberse fugado hace 13 años del penal de máxima seguridad en Puente Grande en Jalisco.

 

En un cuidadoso manejo informativo, el gobierno norteamericano informaba de su arresto por la mañana, y por la tarde en México, el titular de la PGR daba a conocer su detención y los pormenores de este. Se sabe que fueron esenciales para la captura, los datos aportados por la geolocalización, rastreo de llamadas y escucha de un teléfono celular que portaba.

 

Sobre esta detención, afirmaba el entonces procurador Murillo Karam, que durante estos 13 años, Guzmán Loera se ocultó entre los estados de Sinaloa y Durango, pero qué extraño que en todo ese tiempo, ninguna autoridad lo haya detectado, o si así fue, es probable que el capo haya comprado voluntades para escapar.

 

En un artículo publicado en la revista Nexos, en agosto de 2010, Héctor de Mauleón señala sobre la personalidad de El Chapo, que en uno de los perfiles psicológicos que se le realizaron, subraya el sentimiento de inferioridad que le produce su estatura (alrededor de 1.65 metros) y la tenacidad con que se empeña en demostrar “superioridad intelectual” y alcanzar “un estatus de omnipotencia”. Prosigue diciendo que “De acuerdo con ese diagnóstico, “en su realidad interna no existe la culpa”, posee habilidades “para manipular su entorno” y pretende mantenerse “en el centro de la atención”. Seductor, afable, espléndido, sabe generar “sentimientos de lealtad y dependencia hacia su persona”. Es tolerante a la frustración, “pero no indulgente con sus detractores”. Sus respuestas son siempre calculadas y define claramente sus metas.

 

Mientras tanto, no se dejaron esperar las reacciones en redes sociales, con memes y comentarios sobre la forma y la debilidad del sistema penitenciario mexicano que permitió, una vez más, que el capo se diera a la fuga, mientras el Presidente de la República se encuentra fuera del país, en Francia, acudiendo a los festejos por la Toma de La Bastilla.

 

Las consecuencias de esto no podrían hacer esperar. Mientras que El Chapo escapa, México no ha nombrado Embajador en Washington a quien la DEA o la Casa Blanca llame en este momento, para pedir explicaciones de la fuga y del porqué en su momento, el ex procurador Murillo Karam se negó a extraditar al capo, argumentando que no existía riesgo.

 

Abre una crisis con el sector militar mexicano, quien a través de la Armada de México le han cargado la mano en la lucha contra el crimen organizado, y que lejos del esfuerzo castrense, se ve cómo el poder corruptor de la delincuencia genera un nuevo frente en el poder político y en sus estructuras de seguridad, que le permitieron escaparse.

 

Resulta inconcebible y hasta burlesco, que mientras se descubre la adquisición de un software informático producido por la compañía Hacking Team, con sede en Milán, que interviene a control remoto dispositivos móviles, copia mensajes de texto, conversaciones de buscadores como Google, Yahoo, MSN y Skype, que extrae todos los datos y el historial de las computadoras, sus audios e imágenes de la webcam, que les permiten, además, grabarlos mientras trabajan, usado por el Ejército, la Marina, la Policía Federal, el CISEN y gobiernos de 11 Entidades Federativas, como Jalisco (que sospechosamente en esta semana remueve al cuestionado Luis Carlos Nájera al frente de la Fiscalía de Jalisco), Puebla, el Distrito Federal y algunas más, no orienten el uso de esta tecnología para perseguir o mantener delincuentes recluidos en la cárcel, sino que sea usado para obtener información con uso político.

 

Políticamente, esta fuga se encuadra en el viaje del Presidente Peña Nieto y en el bullicio político por el término de los trabajos de la LXII Legislatura de la Cámara Baja, en el que trasciende la incertidumbre por el destino político que tendrá el coordinador de los diputados del PRI, Manlio Fabio Beltrones, quien es señalado como el siguiente presidente del PRI, antesala de la candidatura a la Presidencia de la República.

 

Retomando, la fuga del capo abre la necesidad de reorientar los esfuerzos anticorrupción, de cuestionar la formación de la seguridad pública de los Estados, el sistema penitenciario y su corrompibilidad y la permanencia de las fuerzas armadas en la calle en un desgaste innecesario; todos incorporados al modelo de seguridad mexicano de la presente administración.

 

Mientras haya personajes de la vida política que presuntamente tengan relaciones de poder o subordinación con delincuentes, no será posible controlar la inseguridad que aqueja en el país.

 

Twitter: @racevesj