Opinión

Imagen líquida, ¿apocalipsis o resistencia?

Si el consumidor final, no toma control de su contenido, estará sujeto siempre a lo que otros intereses determinen. | Ulises Castellanos

  • 21/08/2020
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Esta semana he participado en sesiones maratónicas vía zoom, con colegas creadores de imagen y académicos en la materia. Admito que es un privilegio contarme entre sus amigos, y la cantidad de información que hemos compartido y debatido darían para un buen libro sobre el tema. Pero ¿cómo vivimos la imagen? ¿y cuál es su presente y futuro?

Aquí, algunas reflexiones, captadas al vuelo. Frente a la hiper-digitalización impuesta por la crisis sanitaria global y la nulidad de la presencia física a la que nos ha confinado el coronavirus, ¿cuáles serán las consecuencias de esta Nueva Normalidad? Y ¿qué va a pasar con la inteligencia artificial, el concepto de intimidad, nuestra memoria colectiva o la gestión informativa a la que estamos expuestos ?


Confieso que tengo más preguntas que respuestas, pero les ruego me permitan brevemente esbozar aquí algunas reflexiones, que en conjunto les aprendi a mis admirados colegas.

Apenas la semana pasada, expuse aquí un análisis sobre la generación Z, en esta pandemia, expuse sus retos y desarrollo como futuro colectivo. Hoy trataré de darle contexto a este tsunami tecnológico y social que está arrasando con todos los paradigmas preestablecidos.

Es obvio que hoy existe una geopolítica tecnológica de la imagen, en alguna medida somos lo que vemos y consumimos en términos de información visual; las redes sociales y sus algoritmos determinan lo que ahora vemos o no vemos, los robots digitales determinan nuestra visión del mundo, y todo depende del país o ciudad en que habitamos. Nuestras preferencias se registran y nos la refuerzan con información recargada de regreso.

Si en el ensamblaje tradicional de los últimos 180 años de la fotografía, se consolidó una idea de realidad, sobre lo que veíamos y reconocemos como verdad; hace ya tiempo que ese andamiaje se derrumbó. De nuestros likes en Facebook o Instagram, se configura un perfil.

Hoy la veracidad está en jaque, ya nadie cree en nada, ni en la imagen fija, ni en el video, mucho menos en un audio y hasta la credibilidad de un texto ha sido aplastada por la postverdad.

Habitamos una realidad construida. Manipulada por intereses globales que moldean nuestro pensamiento. Mientras 800 millones de habitantes en el mundo están conectados a Tik Tok consumiendo videos de comedia, chistes, o chicas bailando la canción de moda, apenas 350 millones estamos en Twitter y unos cuantos más leen portales informativos. El mundo prefiere lo superficial al resto de contenidos.

Y es justo lo anterior lo que está definiendo la identidad global y su gestión de memoria. ¿Qué recordaremos del presente que no esté influido por un algoritmo cibernético? 

Hoy no traigo certezas ni datos concretos, pero es claro que, los efectos colaterales de la pandemia sumado a la inteligencia artificial desarrollada en el mundo, dictará nuestro presente inmediato y futuro colectivo.

¿Qué es hoy una fotografía? ¿Dónde queda la memoria? ¿Qué es un testimonio válido? ¿Quién tiene la razón? La fotografía popular no busca documentar nada, sino reafirmar su existencia, Instagram no denuncia, ratifica la idea narcisista de que quien hace el registro “existe” y se fotografían a sí mismo para decir: aquí estuve YO y  por lo tanto esto soy. ¿A quién le importa el contexto?

El chat dejó de ser textual, para ser una comunicación visual. Mandamos más stickers y emoticones de lo que escribimos. Somos imagen y a diario además nos apuntan cámaras desde todas partes. No hay atraco que no quede registrado en video y ni a los delincuentes les importa ya. Casi lo dan por hecho.

La fotografía es el resultado de una visión y materia prima, para sostener argumentos de todo tipo. Vivimos en una narrativa visual, controlada por máquinas que todo lo observan. Recordemos Beirut.

Construimos ideas a partir de prejuicios que validamos con un tuit o una foto.

La selfie supera el autorretrato, porque es más parecido al sms. Aquí estoy, no lo dudes, parecen decir. No pasa nada, pero es clave saberlo, tomar conciencia y no ser sorprendidos en el futuro.

Lo más impresionante es que si bien, con el tiempo dejamos atrás la comunicación vertical, “emisor-mensaje-receptor” y nos creímos la ilusión de una comunicación horizontal (vía redes)  que todo lo igualaba; la realidad es que hoy vivimos una comunicación peligrosamente diagonal que es determinada por las distintas plataformas o aplicaciones que voluntariamente descargamos en nuestro celular y que con la “ayuda” de sus algoritmos, un influencer en YouTube, lo será sólo y sólo si, la plataforma que lo hospeda lo permite y le conviene, si no desparecerá. Punto.

Si el consumidor final, no toma control de su contenido, estará sujeto siempre a lo que otros intereses determinen sobre lo que presuntamente le importa o no para su vida. Y él lo creerá sin cuestionamiento alguno -Fake News incluidas-. ¿Estaban preocupados por el poder de la televisión a finales del siglo XX? Esperen a ver lo que se viene. De nosotros depende que el mundo que conocíamos no colapse por completo. La resistencia intelectual es nuestro último escudo. No se duerman. 



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