Opinión

Ideologías letales

Quizá lo que se requiere es adoptar medidas racionales para gobernar sin importar ideologías. | Octavio Díaz García de León

  • 28/11/2019
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"¿Quiénes son nuestros amigos? ¿Quiénes son nuestros enemigos?

Estas son las preguntas principales de la revolución".

Mao Zedong

La idea: Algunos gobernantes han causado grandes daños a sus pueblos por aplicar ideologías que no funcionan. El ejercicio de gobierno para ser exitoso debe ser racional y en constante contacto con la realidad para ratificar o rectificar las políticas públicas. Aplicar ideologías sin ninguna consideración por ver si funcionan o no, puede resultar en grandes tragedias. Un caso lamentable fue el régimen maoísta en China.

En un libro reciente de Frank Dikötter "La Revolución Cultural: Una historia del pueblo, 1962-1976", el volumen final de su trilogía sobre el gobierno de Mao Zedong en China, hace un recuento de la llamada "Revolución Cultural" desde el punto de vista de decenas de participantes que la sufrieron.

La Revolución Cultural surge a raíz de los estragos que causó el "Gran Salto Adelante", un programa que pretendía acelerar el paso del socialismo al comunismo en China y el cual ocasionó la muerte por hambre a más de 40 millones de personas, convirtiendo a Mao en uno de los más grandes genocidas del siglo XX, junto con Stalin, Hitler y Pol Pot.

Ante el gran fracaso de dicho programa y acosado por la paranoia que acecha a los grandes dictadores, Mao decide lanzar la Revolución Cultural como una forma de deshacerse de sus supuestos enemigos políticos que él veía atrincherados en la burocracia del Partido Comunista y en los altos funcionarios del gobierno.

La idea era castigar a las élites, humillarlas, mandarlas al campo a que los reeducaran los campesinos. Estas élites estaban formadas por la inteligencia del país como científicos, intelectuales, investigadores, profesores universitarios y altos funcionarios de la burocracia y el Partido Comunista a quienes veía como una amenaza y a quienes acusaba de no ser suficientemente revolucionarios, que en este caso significaba, suficientemente adeptos al culto a Mao.

El resultado también fue catastrófico, pues se estima murieron alrededor de 5 millones de personas en esta "Revolución".

Para llevar a cabo la Revolución Cultural, Mao fomentó la formación de los llamados guardias rojos, en su gran mayoría jóvenes estudiantes citadinos a los que les dio la tarea de acusar y castigar a quienes consideraban como reaccionarios, revisionistas, capitalistas o conservadores, quienes sólo eran enemigos en la imaginación enfermiza de Mao y sus secuaces.

Para ello, fue ayudado por el grupo de sicofantes que le acompañaban en el gobierno, entre ellos su propia esposa y tres colaboradores que luego serían defenestrados y conocidos como la Banda de los Cuatro, entre otros.

La Revolución Cultural fue tan brutal que pronto se cayó en una guerra civil donde distintos bandos aprovechaban el desorden para deshacerse de sus adversarios.  Inicialmente el ejército protegía a los guardias rojos hasta que se salieron de control y tuvo que hacerlos volver al redil.   

Recuperado el control de la Revolución, bajo el liderazgo del ministro de defensa Lin Biao, el ejército tomó un papel preponderante en el gobierno de China, aspecto que Mao vio con desconfianza, hasta que se produjo la muerte en circunstancias misteriosas de Lin Biao, cuando ya había caído en desgracia.

El pueblo chino fue lo suficientemente resiliente para salir adelante y de acuerdo con el autor, la propia Revolución Cultural tuvo el efecto inesperado de ser el fin del sistema económico comunista para dar paso al capitalismo que hoy en día ha hecho de China una de las potencias más grandes del mundo.

Lo único que logró salvar Deng Xiaoping de la debacle económica, política y social que provocó el régimen maoísta, fue que el Partido Comunista siguiera a cargo del país con mano férrea. Pero los demás principios ideológicos, especialmente los económicos, pasaron a mejor vida con la muerte de Mao.

Una de las grandes lecciones de este experimento infame con el pueblo de China es que las ideologías aplicadas como recetas de cocina sin tener presente el contexto y la realidad de las sociedades pueden ocasionar enormes tragedias.

La otra lección es que el culto a la personalidad que llegó a extremos cuasi religiosos en la adoración a Mao, puede resultar costosísima para un país, al ponerse en manos de megalómanos capaces de enviar a la muerte sin remordimientos a millones de personas.

Al final, una vez muerto Mao, triunfaron los moderados quien, como Zhou Enlai, habían propuesto las cuatro modernizaciones del país y las cuales realizaron con éxito Deng Xiaoping y sus sucesores.

Si bien el comunismo ha sido superado en la actualidad a partir de la caída del Muro de Berlín y en China, gracias al capitalismo que impulsan sus dirigentes, también es cierto que el neoliberalismo ha entrado en crisis en países como Chile, Argentina, Ecuador, Colombia, Estados Unidos, Gran Bretaña y otros.

Quizá lo que se requiere es adoptar medidas racionales para gobernar sin importar las ideologías y privilegiar aquellas políticas que, con hechos, demuestren que traen bienestar a la mayoría de la población.