Opinión

Huele a gasolina

El gobierno mexicano ha conseguido indignar a los mexicanos con el incremento criminal al precio de la gasolina; con incrementos al precio de la luz; y con....

  • 04/01/2017
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¿Estábamos mejor cuando estábamos peor? Pues a como van las cosas hasta este momento del sexenio de la ilusión perdida, parece que sí.

 

¿Quién lo hubiera dicho cuando comenzó este periodo de gobierno priísta en diciembre de 2012? Una mayoría votó por terminar el sexenio cruel del panista Felipe Calderón y quería cambiar. Lo que había ocurrido causaba repugnancia por los excesos a los que se llegó en esa ‘guerra’ que nunca fue nuestra guerra, pero que era de exterminio, aun con ‘daños colaterales’ que eran vidas de gente inocente, mientras que el número de pobres y muy pobres aumentaba en México.

 

Esa mayoría que votó por el PRI en 2012 estallaba de felicidad el 1° de diciembre de ese año, y más aún para el 4 de ese mes cuando el summum de la victoria política se resumía en el famoso Pacto por México firmado en el Castillo de Chapultepec; en el mismo lugar en donde –cuenta la leyenda- un joven cadete –Juan Escutia- se lanzó al vacío envuelto en el lábaro patrio en defensa de nuestra nación mexicana y en repudio a la intervención extranjera… Vaya contradicción.

 

Por entonces se nos dijo a todos ‘los mexicanos y mexicanas’ que con este Pacto habríamos de ser un país con todo cumplido para todos; que las Reformas Estructurales que apoyaron el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) serían el bálsamo que aliviaría todos los males de nuestro cuerpo social…

 

Hoy sabemos que las reformas estructurales no han funcionado y sí han sido una verdadera tragedia en muchos de los casos; y también sabemos que los partidos firmantes no se hacen responsables de los resultados que ya estallaron como cohete de mil colores en sus manos mientras que insensibles miran para otro lado y siguen buscando el poder político, sin proyecto de nación, sin ideología y sin doctrina partidaria: el poder por el poder… hedonismo puro.

 

Las cosas no fueron como fue dicho y poco a poco iban a peor. A lo largo de los meses surgían contradicciones, incapacidades, indiferencia y malos presagios. Los ejemplos de corrupción de gobierno estaban a la vista cada vez más, por evidentes y cínicos; el crimen organizado imparable porque se quiere terminar con los resultados, no con las causas y, en lo político, gobierno de caprichos y de amigos… Esto y más se acumula y empeora.

 

Pero una cosa es que la clase política mexicana sea expuesta y sometida a escrutinio y repudio, y otra muy lejana es la crisis financiera y administrativa del país que ha tocado fondo y, por lo mismo, el gobierno busca recursos mediante fórmulas recaudatorias que ya, hoy mismo, afectaron de forma extrema el bolsillo y el estómago de muchos mexicanos.

 

Se juntan dos motivos de indignación: el primero: que se entiende como engaño, es porque se dijo que mediante las reformas estructurales no habría incrementos a los precios de la gasolina y otros bienes y servicios; y que mediante mecanismos de administración pública las crisis externas ‘nos harían los mandados’ y que la pulmonía de otros apenas nos provocaría un ‘catarrito’… ¿O no señor Carstens-Carstens?

 

Durante meses y años, el señor Luis Videgaray, muy amigo del presidente Enrique Peña Nieto, manejó las finanzas del país. El resultado está a la vista ya: la gran crisis. Luego aparece el señor José Antonio Meade Kuribreña  y se nos dice que él enderezaría las cosas porque ‘sabe del tema’…

 

El otro motivo de indignación es que una vez que los mexicanos se fueron de vacaciones en diciembre, se anunció el incremento en el precio de la gasolina, un producto indispensable para mover la economía doméstica del país y cuyo precio mueve los hilos infinitos del todo aquí.

 

Y se dijo que era por la apertura del mercado y la competencia, ‘según se tenía previsto en las reformas estructurales’. Y se dijo que no afectaría a la economía doméstica. Y se dijo que si no se aumenta el precio de la gasolina habría que aumentar las cargas fiscales. Y se dijo que todo estaba bien: pero no, no lo está.

 

Y hoy los mexicanos están indignados. Los de a pie, digo. Los que no tienen sueldos criminales, a lo Consejero Electoral del INE que devoran nuestro patrimonio nacional con sus sueldos y privilegios y prebendas: en nombre de una democracia mexicana francamente débil y desestructurada. Insensibles a la crisis de millones, estos consejeros, por ejemplo, se despacharon un bono de 7 millones de pesos para pagar en diciembre a los 11 integrantes del Consejo General del INE.

 

Y legisladores federales que reciben más de medio millón de pesos, cada uno, para su diciembre feliz. Y millones de recursos repartidos entre una burocracia privilegiada y sin destino.

 

Por estos días el Grupo Encuentro, de Oaxaca (Radio y prensa escrita) publicó el emotivo discurso de un priísta, también nacido en el Estado de México: Adolfo López Mateos, quien al nacionalizar a la industria eléctrica dijo: “…todos estaremos atentos y vigilantes para señalar con índice de fuego y para castigar en forma adecuada a quienes falten a la lealtad que deben a la patria y al pueblo”…

 

Pues ya está. El gobierno mexicano ha conseguido indignar a los mexicanos con el incremento criminal al precio de la gasolina; con incrementos al precio de la luz; con incrementos al precio del gas butano; con incrementos al costo de servicios…

 

Todo ahí, en una muestra de incapacidad administrativa y financiera en un país cuyo salario mínimo es de 80.40 pesos diarios y con incrementos a precios de productos de consumo, a diestra y siniestra…

 

¿Qué sigue? Esa es la pregunta que habrá de contestar el gobierno mexicano. Porque los mexicanos ya se organizan para lo que sigue, y eso –a pesar del INE- también es democracia. 

 

@joelhsantiago

@OpinionLSR

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