Eran cerca de las tres y media de la tarde del viernes 8 de junio cuando un sujeto, sin provocación de por medio, disparó a la cara, arriba de la ceja derecha, del segundo inspector bombero Javier García Salinas, quién cayó fulminado en el piso, muriendo de inmediato.

Fue un homicidio por encargo

El atacante fue directo a su víctima. No le robó nada, su cartera con unos cuantos pesos y su celular quedaron intactos en su lugar. En cuanto el homicida logró su objetivo salió corriendo, huyendo del lugar donde cometió el atentado.

Javier García Salinas, trabajaba en el Honorable Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México desde hace 22 años e inconforme de lo que ocurría en su gremio decidió conformar una nueva organización sindical el primero de enero de 2018. Apenas al día siguiente de haber presentado su solicitud de registro ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de la Ciudad de México, el martes 30 de enero, los primeros 27 solicitantes de su reconocimiento sindical, fueron sacados violentamente de sus puestos de trabajo.

Sindicato

Algunos de ellos fueron golpeados y amenazados, que les iría muy mal si se atrevían a acercarse a sus centros de trabajo. Ni a cien metros de distancia de las estaciones de bomberos los querían volver a ver. Su delito cometido era haberse atrevido a conformar un nuevo gremio al que llamaron: "Sindicato de Trabajadores del Heroico Cuerpo de Bomberos Unión y Fuerza de la Ciudad de México", cuyos objetivos, entre otros, son acabar con la corrupción y el nepotismo existente en esa institución.

Lograr una auténtica democracia sindical, no basada en amenazas, sino en la activa participación de los agremiados, de respeto a sus derechos laborales y la entrega de equipos de protección adecuados, pero con responsabilidad de servicio público. Restaurar la honorabilidad del cuerpo de bomberos, no al servicio o beneficio de una persona, sino de la Ciudad de México.

A quienes se atrevieron a conformar la nueva organización sindical, no sólo se les impidió el paso violentamente, sino que sus casilleros fueron allanados y robadas sus pertenencias. A pesar de haber acudido a la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, a las denuncias ante esa institución no se les dio trámite.

No se llamó a los agresores, y a las autoridades que permitieron estas tropelías nunca fueron llamados a cuentas.

Javier García Salinas

Había sido designado Secretario de Organización del nuevo gremio sindical, el segundo puesto en la jerarquía y el primero en la responsabilidad para servir de enlace con todos sus compañeros. Era un hombre respetado y sencillo. En las asambleas cuando intervenía imperaba, su seriedad y firmeza. Su objetivo como persona era servir y por ello había elegido como proyecto de vida ser bombero.

En las últimas semanas de su vida, Javier García Salinas había decidido denunciar las amenazas que había recibido él mismo y sus compañeros bomberos para obligarlos a cambiar ficticiamente su domicilio al Distrito electoral número 11, ubicado en la Delegación Benito Juárez de la Ciudad de México, para beneficiar a un candidato y que opera como si fuera dueño de la Institución. Quién se resistiera a acatar la orden perdería su empleo o se cancelarían muchas de sus prestaciones laborales.

El Instituto Nacional Electoral, sin mayores trabas expidió nuevas credenciales electorales a los bomberos solicitantes a pesar de las irregularidades existentes, en algunos casos otorgadas a varios de ellos con todo y familia, en un mismo domicilio, a pesar de vivir en otro lugar, la mayoría fuera de la Ciudad de México.

Justicia

En las últimas horas de su vida el bombero Javier García Salinas seguía dando ánimo a sus compañeros sobre que lograrían la reinstalación en su puesto, recuperarían los salarios retenidos y obtendrían el registro de su Sindicato. Que los responsables de las agresiones en su contra serían castigados severamente y conseguirían rescatar la honorabilidad del Cuerpo de Bomberos, una bala fulminante detuvo sus intenciones, pero no la de sus compañeros.

Ahora toca a la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México aclarar el homicidio y castigar severamente a los responsables. No puede quedar impune.

El domingo 10 de junio fue sepultado cerca de las dos de la tarde en el Panteón Dolores de la Ciudad de México; allí lo acompañaron sus familiares y amigos. El sol calaba como nunca, pero más la indignación de ese asesinato cobarde.

Fue impresionante el momento, antes de que bajaran el féretro del bombero asesinado a su última morada, escuchar cuando uno de sus compañeros gritó su nombre:

¡SEGUNDO INSPECTOR BOMBERO JAVIER GARCÍA SALINAS!

Respondiendo todos:

¡PRESENTE!

Todos aplaudieron por varios minutos entre sollozos e indignación.

Javier García Salinas fue un ejemplo de dignidad hasta su último instante de vida.

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@Manuel_FuentesM | @OpinionLSR | @lasillarota




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