Opinión

¿Hasta cuándo la comedia sobre los estragos y los muertos por covid-19

Sus declaraciones públicas resaltarán como joyas en la antología de las peores estrategias aplicadas en la pandemia. | Leonardo Martínez Flores

  • 04/06/2020
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Comienzo de nuevo resaltando lo interesante y lo penoso que ha resultado conocer qué tan diferentes pueden ser las actitudes y las estrategias con las que diferentes líderes han abordado la crisis sanitaria. Por un lado, hemos reconocido a aquellas jefas de Estado que basándose en la ciencia seria han logrado una conexión empática y sincera con su pueblo, haciendo uso de una alta inteligencia emocional para transmitir la verdad y el fondo de las cosas, así como los beneficios y los riesgos de las políticas de Estado. En el otro extremo encontramos a estos machos refractarios al cubrebocas y que, ahogados en un mar de ignorancia, recurren a un pensamiento mágico para ocultar la gravedad de la crisis y engañar al pueblo con datos falsos y argumentos retorcidos. La distancia entre ambos extremos es abismal y éstos son mutuamente excluyentes. O se es Jacinda Ardern o Angela Merkel; o se es Trump, o Bolsonaro o López Obrador.

El futuro mediato acabará por revelar las diferencias en los resultados de sus actos, que sin dárnosla de pitonisos parece que serán claras y abismales entre ambos casos. Baste decir por el momento que los modelos epidemiológicos más acertados a la fecha prevén que los Estados Unidos, Brasil y México serán para septiembre los países con mayor número acumulado de muertes por covid-19.

Hay dos modelos que, en promedio, han logrado hasta ahora tener menores errores de pronóstico que otros: el de Los Alamos National Laboratory (LANL) y el de Youyang Gu, un científico de datos del Massachusetts Institute of Technology. Pero antes de comentar sus estimaciones conviene recordar que todos los modelos toman como insumos a los datos oficiales de cada país, sin reparar en las grandes diferencias existentes tanto en los criterios operacionales para el registro de los datos como en las dimensiones de los subregistros acumulados.

Esto tiene varias implicaciones muy importantes: primero, que todas las proyecciones publicadas vienen escaladas a la baja porque no consideran los factores de ajuste que hay que aplicar para acercarse a las cifras reales y verdaderas de casos confirmados y de muertes.

Recordemos que López-Gatell tuvo que reconocer, debido a la insistencia de un medio extranjero, que el número de casos confirmados que publican las autoridades de salud no corresponde a la realidad. En ese momento habló de un factor de ajuste o expansión que aplicaban en su modelo centinela para estimar el número real de casos de infección. Posteriormente en una de sus conferencias mostró una tabla con los datos oficiales y explicó que el factor de ajuste era de 8, es decir, que había que multiplicar por 8 el número de “casos confirmados” para obtener el número real.

Un simple ejercicio de confirmación mostró que el factor mencionado por Gatell estaba manipulado y que había sido obtenido relacionando cantidades con fechas distintas. El propósito era claro: ocultar el verdadero factor, que era de alrededor de 30, para reducir artificialmente el número de infectados.

En cuanto al número de muertes, se estima que los factores de ajuste pueden ir del 2 al 4, lo cual significa que las estimaciones publicadas por los modelos internacionales deben ser multiplicadas por esos factores para acercarse a los números verdaderos.

Una segunda implicación de los factores de ajuste es que cuando se comparan las curvas de México con las de otros países, el nuestro sale artificialmente mejor posicionado frente a todos aquellos cuyos subregistros son menores que el nuestro.

En conclusión: como la estrategia de este gobierno manipula los datos y privilegia la opacidad, hay que seguir multiplicando por 30 los números estimados de casos confirmados y por 2, 3 o 4 los números estimados de muertes para acercarnos a las cifras reales en México. Cuando vean una comparación de las curvas de México con las de otros países acuérdense que es muy probable que la estrategia seguida por nuestro gobierno está ayudando deshonestamente a que México se vea mejor posicionado de lo que realmente está.

Bueno, el modelo LANL estima que para el 12 de julio México tendrá alrededor de 200,000 casos confirmados oficiales, lo cual significaría que si no se refuerzan las medidas de distanciamiento social podríamos llegar a tener para esas fechas hasta 6 millones de infectados.

En cuanto al número de muertes, el modelo LANL pronostica que para el 12 de julio tendremos alrededor de 22,000 muertes oficiales. Por su parte el modelo de Youyang Gu considera otro horizonte de pronóstico, que termina 51 días después que el del modelo LANL, esto es el 1 de septiembre, fecha para la cual estima que tendremos alrededor de 76,000 muertes oficiales. Usando un factor de ajuste de 3 como ejemplo, eso significa que de acuerdo con estos modelos podríamos tener alrededor de 66,000 muertes reales (no oficiales) para el 12 de julio y alrededor de 228,000 para el 1 de septiembre.

Si bien lo importante en estos casos es considerar no tanto los números absolutos sino los rangos de magnitud dadas todas las incertidumbres del caso, las estimaciones son efectivamente aterradoras. Ambos modelos estiman que no hemos llegado al pico de la curva de casos confirmados, lo cual implica que seguimos subiendo.

En el caso de México hay dos responsables directos de los estragos que ha causado y que seguirá causando el mal manejo de esta pandemia: el presidente y López-Gatell. Ambos se han distinguido por dar el mal ejemplo en cuanto a las medidas de prevención y por minimizar dolosamente la magnitud de la crisis sanitaria.

Sus declaraciones públicas resaltarán como joyas en la antología de las peores estrategias aplicadas en la pandemia del SARS-Cov-2 y la aritmética gatelliana podrá llenar ella sola un capítulo del tomo que se dedique a rescatar las prácticas más opacas y retorcidas del manejo de datos epidemiológicos. Aún más, ambos podrían escribir en coautoría una comedia dedicada al arte de mentir en público y cómo desmentirse graciosa y socarronamente sin perder la atención que les asegure dos funciones diarias.

De verdad, ¿hasta cuándo?

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