Opinión

Hagamos leña del Pemex caído

El fenómeno huachicol ubicado en el estado de Puebla, se ha convertido gracias a la cobertura mediática, en el epicentro de todos los chupa-ductos de Pemex.

  • 22/05/2017
  • Escuchar

La aparición del grupo de los Huachicoleros, parece ser la gota colmó el vaso de la corrupción en la maltrecha y vilipendiada empresa de Pemex. Durante las últimas dos semanas, éste grupo delictivo que según fuentes oficiales alcanza niveles de estar formado por toda una población rural, rebasa todos los alcances de lo imaginable.

El fenómeno huachicol ubicado en el estado de Puebla, se ha convertido gracias a la cobertura mediática, en el epicentro de todos los chupa-ductos de Pemex, haciendo parecer, que en esa entidad se encuentra el centro de inteligencia de todos los ordeñadores de ductos del país.

Pero en realidad, la ordeña de ductos es padecimiento de muchas décadas atrás y de un tiempo acá, dejó de ser un hecho aislado. Por supuesto, nadie puede negar que quien se dedique a la extracción de gasolina de los ductos de Pemex, está incurriendo en un delito.

La campaña que inició hace 27 años para desaparecer Pemex, bajo la estrategia de la denostación de la paraestatal, señalándola como un ente naturalmente corrupto, ha dado al paso del tiempo, mucho de qué hablar. Algunos analistas económicos y de negocios, así como empresarios, políticos y funcionarios públicos, han hecho del descuido intencionado del gobierno, leña del Pemex caído.

Los huachicoleros son apenas la punta del iceberg de toda la red de corrupción que aqueja a la empresa petrolera. Nadie debe pasar por alto, que la estructura de corrupción en Pemex, está cimentada desde los más altos niveles de gobierno, y que fenómenos como el que vemos hoy, son sólo la sombra de lo que hay detrás.

Perece haber quedado en el olvido, por ejemplo, cuando en tiempos de López Portillo, el entonces director de Pemex Jorge Díaz Serrano, fue acusado de fraude por haber comprado dos buques tanques para transportar gas, a un sobre precio por el que se pagó un monto de 192 millones de dólares en perjuicio de la paraestatal.

Y aunque Díaz Serrano fue a prisión, luego de algunos años, recobró su libertad. El fraude a Pemex se había consumado, pero los impartidores de justicia, decidieron otorgarle la libertad a quien, en su momento, había cometido el acto de corrupción más grande de la historia de la empresa petrolera.

Innumerables son los actos de corrupción desde los más altos niveles, hasta los mandos bajos de Pemex; muchos relacionados con políticos, gobernantes y funcionarios públicos y empresarios del más alto nivel. El señalamiento más reciente es el de Emilio Lozoya quien asumió la dirección de Pemex al principio del actual sexenio, y que enfrenta hoy acusaciones de estar involucrado en los actos de corrupción entre la brasileña Odebrech y la paraestatal mexicana.

Los actos de corrupción inducidos desde el poder político y empresarial, se convirtieron en el mejor argumento para quienes en su avaricia desmedida, encontraron en ése cáncer, el leitmotive para impulsar e iniciar la campaña privatizadora de Pemex.

En esta vida, hay quien señala que la casualidad no existe, pero es Carlos Salinas quien inicia y prepara el terreno para la apertura de Pemex al capital privado y asume la administración de manos de Miguel de La Madrid quien había designado a Díaz Serrano como director de la paraestatal.

Por supuesto que sería presuntuoso suponer, que fue en la administración de Díaz Serrano, donde inició la depredación de Pemex. Los actos de corrupción en la paraestatal son antaños, pero es en ese momento cuando inicia la campaña de menosprecio, por la empresa que mantuvo por muchos años las finanzas públicas.

Señalada como ineficiente, improductiva y corrupta, la solución del gobierno, fue impulsar la privatización de Pemex. Había que permitir la participación privada para modernizarla y compartir las ganancias de un sector que en la actualidad todavía sigue siendo estratégico para el país.

Hay una lista interminable de nombres involucrados en el desfalco y saqueo de Pemex, pero los impulsores de la privatización, se encargaron específicamente de ensombrecer los nombres importantes, y señalar enfáticamente sólo los hechos de corrupción.

Francisco Labastida aceptó en su momento, haber recibido grandes cantidades de dinero de Pemex para financiar su campaña presidencial en el año 2000, pero los apóstoles de la privatización, se encargaron de llevar el foco hacia el sindicato petrolero. Por supuesto, no fue el único candidato priista a la presidencia en recibir fondos para su campaña.

Los líderes sindicales también involucrados en actos de corrupción, y los “trabajadores en general”, fueron los favoritos de los “analistas” para ser señalados como los principales causantes de la corrupción en Pemex.

A todos esos apologistas de la privatización de Pemex, se les olvida, o lo omiten por convicción, señalar que todos los actos de corrupción, ocurrían bajo la tutela del presidente en turno, pues de todos era sabido y entendido, que quien manejaba la empresa, era el representante del ejecutivo a quien el director general de la empresa, reportaba directamente.

Sin duda, el cáncer de la corrupción es la principal dolencia de Pemex, que tiene a la empresa, al borde de la quiebra financiera. Pero han sido la falta de facultades o la omisión del poder judicial, las que han impedido hacer valer el estado de derecho para enjuiciar a todo aquel que se ha involucrado en un acto de corrupción de Pemex.

Los nombres de muchos funcionarios, políticos y empresarios que han defraudado a Pemex, son conocidos y la ciudadanía, lo mínimo que espera, es que sean enjuiciados y que se aplique la ley a los ladrones de cuello blanco, que prevalezca el estado de derecho, y que se deje de utilizar como carne de cañón, a grupos como los huachicoles, para de esa forma, dejar de alimentar a quienes se regodean haciendo leña del Pemex caído.

@ijm14


Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.