Opinión

Hacia una economía esotérica

Las acepciones de lo esotérico le caen como anillo al dedo a la economía que ahora se dirige y se controla desde Palacio Nacional. | Leonardo Martínez

  • 06/02/2020
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Las acepciones de lo esotérico le caen como anillo al dedo a la economía que ahora se dirige y se controla desde Palacio Nacional. Una primera acepción del término indica que se trata de algo impenetrable o de difícil acceso para la mente. Y una segunda, que tratándose de una doctrina ésta se transmite oralmente a los iniciados.

Sucede que, por un lado, el manejo de la economía en esta administración es de difícil acceso para la mente de los que sí entienden algo de esos temas, y por otro, tanto sus conceptos como su instrumentación se transmiten oral y litúrgicamente durante las conferencias mañaneras. Los iniciados son, en este caso porque no hay más, los incondicionales del presidente.

Los datos publicados hasta hoy por todo tipo de fuentes públicas y privadas, nacionales e internacionales, demuestran que la economía mexicana ha tenido un pésimo desempeño en lo que va de esta administración, si se le mide con indicadores clave como inversión bruta fija, creación de empleos y gasto en el mejoramiento de sistemas públicos como el de salud. Los indicadores que ha usado López Obrador para presumir el estado de la economía, como por ejemplo el incremento en las remesas, son más un síntoma de la enfermedad que del proceso de sanación.

Por cierto, con esto de las remesas me vienen a la memoria los casos de otros países que han gozado de exorbitantes subsidios externos gracias a los cuales han podido subsanar toda una variedad de circunstancias adversas. Un caso particular es el de Cuba, que recibió durante décadas generosas inyecciones de recursos de la Unión Soviética y de Venezuela. Si bien el caso de México es distinto, se puede decir que la tasa de emigración de connacionales a los Estados Unidos para buscar empleo no es otra cosa que un indicador del fracaso acumulado de los regímenes presidenciales que hemos padecido, incluyendo al presente, para ofrecerles empleo y una vida digna en el territorio nacional.

Como es natural, las discusiones sobre el pésimo desempeño de la economía mexicana en lo que va del sexenio se han nutrido de todo tipo de argumentaciones, algunas fundadas, otras más o menos sensatas y otras de plano apasionadas o desesperadas. Dentro del bando que defiende incondicionalmente las decisiones del gobierno en turno se encuentra Gerardo Esquivel, actualmente uno de los subgobernadores del Banco de México, quien tuiteó recientemente una serie de argumentos que le han valido una apabullante tunda en las redes sociales. Los numerosos memes que generaron sus argumentos lo presentan como un maromero fallido, por las maromas que habitualmente tiene que hacer para defender a toda costa las decisiones económicas del señor que lo puso en la subgubernatura del Banco de México. Al igual que en otros casos, como el de Aristegui por ejemplo, si había llegado a tener cierto reconocimiento en su campo, éste se ha indiscutiblemente perdido.

Esquivel comienza diciendo: “En mi opinión, el nulo crecimiento observado desde el 2do trimestre de 2018 se explica por una combinación de factores: 1) Contexto global 2) Inicio de administración 3) Algunas decisiones de política 4) Política monetaria restrictiva”. Tiene razón en lo que se refiere a que el desempeño de una economía depende de una enorme cantidad de factores, pero lo cuestionable es que en lo que sigue trata de minimizar artificialmente los efectos de lo que llama “algunas decisiones de política”, maximizando por otro lado los presuntos efectos de los factores que no dependen del voluntarismo del palacio.

Dice: “Sobre el contexto global, debe considerarse que a partir del segundo semestre de 2018 ha habido una marcada desaceleración industrial y comercial a nivel global. Hay quienes creen que lo único que importa es la cancelación del aeropuerto, pero omiten este pequeño detalle...”, y pone enseguida una gráfica de la actividad económica mundial en la que se observa que la producción industrial y el comercio mundial caen en el 2019.

Ducho en el manejo de los datos, Esquivel los escoge cuidadosamente para tratar de justificar el pésimo desempeño de la economía mexicana desde que López Obrador tomó posesión. Esto me recuerda por cierto una curiosa máxima que circula entre los que se dedican a la estadística: siempre es posible torturar a los datos hasta que confiesen y digan lo que quieres escuchar.

Esquivel “olvida” decir, entre otros muchos datos, dos cosas muy claras: primero, que las economías latinoamericanas operan en el mismo entorno internacional con el que pretende justificar el crecimiento de -0.1% (sí, menos uno por ciento) de la economía mexicana, y segundo, que a pesar de ello la mayoría de ellas sí creció en el 2019. Colombia y Bolivia, crecieron alrededor del 3%; Perú, un poco más del 2%; Chile, con todos sus graves problemas sociales, alrededor de 1.5%; Brasil, un poco más del 1% y Uruguay y Paraguay, un poco menos del 1%. Entre las economías con crecimientos negativos en 2019 están Ecuador, Nicaragua, Argentina, Venezuela y México. La economía política tendrá algo que decir frente a estos resultados.

No pretendo extenderme en el análisis de las justificaciones expuestas por Esquivel, pero retomo sólo un argumento más. Dice: “Por supuesto que también han contribuido negativamente algunas decisiones controversiales de política pública como la cancelación del aeropuerto y el litigio por la construcción de gasoductos, entre otros. Eso, sin embargo, es solo unos de los factores explicativos.”

Bueno sí, ambas decisiones son parte de la explicación, pero yo les quitaría el que son “...sólo unos de los factores explicativos” con lo que se pretende minimizar la importancia que han tenido en los malos resultados. La economía esotérica encuentra su caldo de cultivo en las políticas populistas, aquellas que se justifican “por el bien del pueblo” aunque a la larga esos experimentos sean contraproducentes y le salgan muy caros a la gente. La cancelación del aeropuerto será un lastre que seguiremos arrastrando por muchos años y que mandó señales claras a los agentes económicos. El mensaje que mandó ingenua e insospechadamente López Obrador fue claro: no inviertan en México porque los riesgos a los que se enfrentan son altos y provienen de los principios que rigen en esta economía, que son los que refuerzan y amplían la intervención del Estado en sectores clave de la economía, los que inhiben la competencia en todos los mercados y los que permiten desmantelar muchos de los sistemas y redes de provisión de bienes y servicios públicos para cambiarlos por otros con los que se pueda realizar transferencias monetarias directamente a la gente del pueblo, proselitismo mediante.

Como he mencionado en otros espacios, paradójicamente estos experimentos de la economía esotérica ya se han probado aquí y en otros países y los resultados no sólo no han disminuido la pobreza, sino que a la larga han incrementado la concentración de la riqueza. El mundo al revés, pero en esas andamos.

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