Opinión

¿Hacia una crisis civilizatoria?

La importancia de la Cumbre Mundial Humanitaria.

  • 03/07/2016
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La primera Cumbre Humanitaria Mundial de la ONU, que tuvo lugar en Estambul en el mes de mayo, dejó claro a la humanidad que estamos enfrentando una de las peores crisis civilizatorias del planeta. Más de 125 millones de personas requieren asistencia humanitaria y más de 60 millones de personas son desplazadas por culpa de conflictos, guerras, violencia e impactos del cambio climático y desastres. Además, hay un aumento de los ataques a hospitales y a la población civil durante las operaciones de guerra en diferentes países y regiones del mundo, recordando que el Derecho Internacional Humanitario (DIH) es cada vez menos respetado y más transgredido por parte de los Estados soberanos.

 

El informe final que el secretario de la ONU Ban KI Moon ha presentado durante la Cumbre de Turquía, país que al momento acoge casi medio millón de refugiados –provenientes de los conflictos en Siria, Líbano, Iraq, Afganistán y otras partes de Medio Oriente–, nos informa sobre números impactantes y consecuencias catastróficas para la humanidad.

 

En el primer semestre de 2016 la ONU tiene declaradas cuatro emergencias humanitarias globales del llamado nivel III (el máximo posible) en los países de Yemen, Siria, Sudán del Sur e Irak; de esta crisis humanitaria se desprende un número de 60 millones de desplazados que rebasa bastante las cifras de la Segunda Guerra Mundial y que supera en veinte millones las cifras de los conflictos y guerras que hemos tenido en los últimos 15 años.

 

En la Cumbre Humanitaria se dio también mucha atención al tema del fenómeno climático de El Niño, que este año ha causado en América Central más de 4 millones de afectados y 30 millones en África subsahariana. Se trata del peor evento desde 1997, con repercusiones para la segunda parte de 2016 que aún no conocemos, pero que prometen un aumento de desplazamientos de personas y graves daños ambientales en varias partes del planeta.

 

Otro tema importante a tomar en cuenta en el análisis de los resultados de la Cumbre Humanitaria es la gran paradoja que indica que, desde el fin de la Guerra Fría –régimen internacional que de 1945 a 1990 estuvo basado en un equilibrio de poderes globales entre las superpotencias nucleares de Estados Unidos y la Unión Soviética– han aumentado de manera significativas las guerras y los conflictos globales, incrementados por la masiva ventas de armas y con un aumento desproporcional de muertes inocentes.

 

En tal sentido, los conflictos armados desangran también a la población civil, pese a la protección que debería brindarles el Derecho Internacional Humanitario y esto representa un abuso flagrante de los derechos humanos. Por ejemplo, desde el inicio del conflicto de Yemen a la fecha, el Alto Comisionado de Derechos Humanos registró casi 9,000 víctimas civiles: 3,218 asesinados y 5,778 heridos.

 

El desplazamiento forzado de poblaciones en el caso Latinoamérica es, también, una problemática multidimensional. En Colombia, donde este fenómeno empezó en 1960, se calcula que el 12% de la población nacional vive desplazada y las causas principales son los enfrentamientos armados entre grupos guerrilleros y fuerzas gubernamentales de seguridad y las amenazas directas contra personas y comunidades. En este caso, la buena noticia viene de la reciente firma de los acuerdos de paz, pero el número de desplazados por el conflicto sigue siendo uno de los peores de la humanidad.

 

En el caso de México y los países Centroamericanos, los fenómenos de desplazamiento son provocados sobre todo por el crimen organizado y las pandillas –con 160,000 afectados en el primer país y unos 25,000 en el caso de la región centroamericana–, y por fenómenos como los desastres, con cifras que varían de los 10 a los 20 mil desplazados.

 

La cumbre concluyó, desafortunadamente, con declaraciones de compromisos muy amplias y poco contundentes, debido también a la falta de voluntad por parte de los líderes de los países más ricos del mundo –en particular los europeos– que no sólo no aparecieron en la cumbre, sino que estuvieron más preocupados por respaldar a Turquía y su política de contención de los desplazados de la zona a cambio de ingentes apoyos de cooperación económica para proteger así los intereses geopolíticos y geoestratégicos europeos en la región del Medio Oriente.

 

@institutomora

www.mora.edu.mx

@OpinionLSR

*Dr. Simone Lucatello

Investigador de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (CONACYT) en la Ciudad de México. Egresado de la London School of Economics and Political Science (LSE) en Relaciones Internacionales (MSc) y doctor en Análisis y Gobernanza del Desarrollo Sustentable por la Universidad Internacional de Venecia, Italia (PhD). Es investigador asociado del Programa de Investigación en cambio climático (PINCC) de la UNAM. Ha colaborado con varios programas de las Naciones Unidas (PNUMA, ONUDI, CEPAL), de la Unión Europea (Europe Aid) en los Balcanes, Centroamérica y México.

 

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