Opinión

Hacia la paridad sustantiva

Plasmar en la ley la obligación de los principios de paridad, es un paso relevante para adquirir conciencia de la igualdad de género. | Ivonne Ortega

  • 16/12/2020
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Este lunes, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación vinculó a los partidos políticos para hacer efectiva la paridad de género y presentar cada uno al menos a siete candidatas para las 15 gubernaturas que se competirán en 2021. Al mismo tiempo, vinculó a los legislativos federal y estatales para establecer en la ley este principio, que deberá ser efectivo en el mismo proceso electoral.

Este es una gran avance rumbo a la paridad sustantiva, la que no solo se define en la norma sino que se vive en la práctica, según establece la Convención Sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CEDAW):

“En opinión del Comité, un enfoque jurídico o programático puramente formal, no es suficiente para lograr la igualdad de facto con el hombre, que el Comité interpreta como igualdad sustantiva. Además, la Convención requiere que la mujer tenga las mismas oportunidades desde un primer momento y que disponga de un entorno que le permita conseguir la igualdad de resultados. 

“No es suficiente garantizar a la mujer un trato idéntico al del hombre. También deben tenerse en cuenta las diferencias biológicas que hay entre la mujer y el hombre y las diferencias que la sociedad y la cultura han creado. En ciertas circunstancias será necesario que haya un trato no idéntico de mujeres y hombres para equilibrar esas diferencias. El logro del objetivo de la igualdad sustantiva también exige una estrategia eficaz encaminada a corregir la representación insuficiente de la mujer y una redistribución de los recursos y el poder entre el hombre y la mujer”.

Plasmar en la ley la obligación de los principios de paridad en todas las organizaciones políticas es un paso relevante para adquirir conciencia de la igualdad de género, por medio de la práctica. Sin embargo, queda aún mucho camino por recorrer para que nuestra sociedad mexicana fije en la cultura lo que hoy se está viendo como una obligación legal.

Es claro que los legisladores deberán concretar leyes en las que la capacitación y la apertura sean principios de una nueva forma de propiciar la paridad sustantiva en la participación política de la mujer en México.

Por experiencia propia sé que existen en nuestro país mujeres deseosas de ser parte de la toma de decisiones en sus comunidades, que incluso ya lo hacen de forma indirecta pero que no se animan a postularse formalmente a cargos públicos por las inercias culturales o incluso porque en algunas regiones se exponen a ser violentadas. 

Son temas que urge resolver para hacer realidad lo que hoy es una intención.

Ha costado mucho tiempo y esfuerzo para que la igualdad de género siembre sus raíces en nuestra sociedad mexicana, tan influenciada por estereotipos que ponen al varón con ventaja sobre la mujer, desde el ámbito familiar hacia todas las actividades. Todo con un indiscutible sello masculino.

Gracias al coraje y tenacidad de grandes mujeres que se han atrevido a romper esquemas, hoy vemos con naturalidad lo que en décadas pasadas era tabú: mujeres al frente de empresas, de instituciones, representando a sus comunidades, compitiendo a la par con hombres, gobernando…

No ha sido fácil. En el largo camino del reconocimiento de nuestros derechos, millones de mexicanas se esforzaron y se esfuerzan en el hogar, en la industria, en la academia, en las contiendas políticas, para conquistar la realidad actual, la mayoría de las veces sin recibir reconocimiento.

Con esas guerreras tenemos una deuda, un compromiso inquebrantable: continuar con la lucha. Avanzar apoyadas en su gran legado y para corresponder a su esfuerzo cotidiano.

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