Opinión

¿Hace falta una disculpa?

A los pueblos originarios no les sirve de nada una disculpa. Lo que necesitan es justicia. | José Antonio Sosa Plata

  • 28/03/2019
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La exigencia del presidente Andrés Manuel López Obrador al Rey Felipe VI de España y al Papa Francisco para que se disculpen por la Conquista de México, ha desatado una polémica que parece innecesaria.

Hasta ahora, nadie ha puesto en duda que las disculpas de Estado son uno de los mejores instrumentos de la diplomacia internacional para resolver algunos conflictos entre los países y mejorar su conveniencia en el futuro. Sin embargo, los especialistas coinciden que hoy no existe ningún problema delicado o significativo en las relaciones entre México y España.

Lee la opinión de los expertos: Rubén Carranza, Cristian Correa y Elena Naughton. Más que palabras: Las disculpas como formas de reparación. Centro Internacional para la Justicia Transicional.

Por lo tanto, ¿cuál es la necesidad de abrir un frente con un país con el que tenemos una buena relación, en prácticamente todos los terrenos? ¿Acaso el presidente no sabía que el Papa Francisco ya se había disculpado con los pueblos originarios desde 2015?

¿Nadie le informó al presidente que Evo Morales, en Bolivia, y Nicolás Maduro, en Venezuela, ya habían hecho pronunciamientos similares en el pasado, sin recibir la respuesta que esperaban? ¿A alguien se le olvidó hacer el trabajo de cabildeo previo a la entrega de la carta que envió el jefe del Poder Ejecutivo para evitar la molestia que se provocó en el gobierno español?

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¿Se puede pensar que el presidente tampoco estaba entrado de que una exigencia como la que hizo, por actos realizados hace casi 500 años, es extemporánea y anacrónica? ¿Quién le sugirió, por otra parte, que la disculpa “es la única forma posible de lograr una reconciliación plena” entre los dos países? O quién no le leyó la placa que desde hace décadas está en la Zona Arqueológica de Tlatelolco, frente a la iglesia de Santiago y que al pie de la letra dice:

“El 13 de agosto de 1521, heroicamente defendido por Cuauhtémoc, cayó Tlatelolco en poder de Hernán Cortés. No fue triunfo ni derrota, fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el México de hoy”.

Hay que decirlo claro: el presidente no actuó con ingenuidad o ignorancia, como algunos lo han acusado. La acción que puso en marcha pretende, por un lado, reforzar su agenda política para el 2021, año en que habrá elecciones y se someterá a consulta la revocación de su mandato. Por el otro, impulsar una ideología (a partir de una reinterpretación de la historia, las celebraciones y sus símbolos) que dé sustento firme a la #4T.

Para comprender mejor lo que está pasando, tengamos presente que en el proyecto político del presidente, casi nada es casual. De ahí que, a pesar de la fuerte reacción del gobierno español —y de las críticas y burlas que el tema ha provocado en las redes sociales— vemos al Jefe del Poder Ejecutivo tranquilo y optimista.

No es para menos. Una vez más ha logrado imponer agenda y ocupar amplios espacios en los medios nacionales e internacionales. De la misma manera, sigue dominando una parte importante de las conversaciones en las redes sociales. En consecuencia, si todo avanza conforme a lo calculado, ¿por qué habría de estar preocupado?

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En la #Estrategia política y comunicacional de su gobierno, lo importante no es evitar las críticas o los ataques. Por el contrario. Lo que se busca es que la mayor parte del tiempo, y en todos los espacios donde sea posible, se hable de su persona, su proyecto y los temas de su interés, sin importar los adjetivos que se utilicen.

“Que se hable de mí, aunque sea bien”.

Los efectos adversos en la imagen presidencial, a nivel nacional e internacional, por ahora no importan. Desde esta perspectiva, si al gobierno de España le molestó la petición de la disculpa, “no hay problema”, porque el objetivo se está cumpliendo. Y si el Vaticano decidió no caer en la provocación, más adelante habrá otra oportunidad para seguir generando la nota.

Por el momento, el plan funciona.

Varios dirigentes de partidos, historiadores, intelectuales y líderes de opinión, entre muchos otros, decidieron participar en la discusión. El resultado es que el presidente gana porque sigue imponiendo la agenda. Lo que tal vez no estén calculando los estrategas de Presidencia son los impactos negativos que este tipo de decisiones tendrán en el futuro.

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Y mientras tanto, ¿qué pasa con los pueblos originarios? Esta es una de las preguntas más importantes que pocos se están planteando. ¿En qué se verían beneficiados si se les ofrece una disculpa por los trágicos acontecimientos que sucedieron hace casi 500 años? En nada.

Si lo que se busca es reivindicarlos, apoyarlos y pagar la deuda histórica que se tiene con ellos, ¿serán suficientes las buenas intenciones del presidente y los escasos recursos que existen para garantizarles la calidad de vida que merecen? ¿Se les ha consultado si están de acuerdo en que se les ofrezca la disculpa que se solicitó por la vía diplomática?

El proyecto político y comunicacional del presidente está cumpliendo los objetivos de imagen que se ha propuesto. Cierto. Pero lo que los pueblos originarios necesitan es justicia.

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¿Miente el presidente?

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