No es la primera vez que se presentan denuncias sobre acoso o abuso sexual en la industria del entretenimiento en Estados Unidos, como en el caso de Bill Cosby o Roman Polanski. Pero en esta ocasión, las recientes revelaciones sobre el constante acoso al que desde hace décadas, el productor Harvey Weinstein sometía a jóvenes actrices para satisfacer sus deseos sexuales a cambio de impulsar sus carreras, provocó que las denuncias contra diversos personajes de Hollywood se multiplicaran evidenciando que se trata de una práctica muy común, e incluso ha trascendido a otros ámbitos como el político.

El escándalo en Hollywood, que ha abierto una intensa discusión sobre el tema, ha revivido también las acusaciones de al menos 15 mujeres contra Donald Trump, entre ellas una ex concursante del programa televisivo que conducía el presidente. Pareciera que ostentar cualquier posición que represente un cierto poder a través del cual se pueda apoyar o castigar a una mujer en su desarrollo laboral o económico, les confiere algún derecho sobre ellas vulnerando su dignidad como personas.

Sin duda representa un avance que se empiece a romper el silencio y que estos casos enfrenten ya sus primeras consecuencias, pues por lo pronto sus perpetradores han recibido una condena unánime y se les ha ido marginando, pero lamentablemente las agresiones sexuales no se circunscriben a determinados espacios, actividades, culturas o estratos sociales.

Es difícil contar con un diagnóstico preciso sobre sus causas y recurrencia ya que generalmente se impone el miedo, pero diversos estudios nos permiten afirmar que la violencia sexual contra las mujeres en sus distintas manifestaciones es muy extendida, hay una gran permisividad tanto de las autoridades como por parte de la misma sociedad, y pocas veces tiene repercusiones prevaleciendo la impunidad.

Debemos entender que de lo que estamos hablando es de la cosificación de la mujer a la que se considera un objeto o "trozo de carne", ignorando sus cualidades o habilidades intelectuales y personales, reduciéndola a meros instrumentos para el deleite sexual, por lo que no se trata de un simple coqueteo o de relaciones consentidas como se suele justificar, pues involucra amenazas veladas o explícitas, manipulación, además del riesgo de que la mujer sea señalada por ser la causante al "provocar" con la vestimenta, la mirada etc.

Este es un tema de la mayor importancia y en el que desde luego nuestro país no es ajeno. Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, las denuncias por delitos sexuales –en los que la gran mayoría de las víctimas son mujeres– se incrementaron el año pasado en 9% respecto a 2015, pasando de 27 mil a 30 mil.

Sin embargo, el informe presentado por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas afirma que de cada 100 casos de agresión sexual, solo se denuncian 6 y apenas la tercera parte es consignada ante un juez. De este tamaño es el problema, por lo que es necesario que en México también abramos una discusión seria y nos atrevamos a hablar de acoso sexual.

@agus_castilla | @OpinionLSR | @lasillarota



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