Opinión

Golpe de Estado en Myanmar ¡No se vale!

Los militares asumieron el mando, e instalaron una junta militar de 11 miembros imponiendo de facto el estado de emergencia por un año. | Fred Álvarez

  • 11/02/2021
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¿Qué pasa en Myanmar? Hay una crisis política y social, después que la madrugada del 1 de febrero, las fuerzas armadas encabezadas por el general Min Aung Hlaing, realizaron un golpe de Estado que produjo el arresto de la Consejera de Estado Aung San Suu Kyi, junto con decenas de políticos de su movimiento la Liga Nacional para la Democracia (LND).

Los militares asumieron el mando, e instalaron una junta militar de 11 miembros imponiendo de facto el estado de emergencia por un año y transfirieron rápidamente el poder al comandante en jefe del Ejército, el general Min Aung Hlaing.

Los militares justificaron su actuar alegando fraude en las elecciones del 8 de noviembre pasado. Cuatro días antes del golpe, el general advirtió que si no se atendían las reclamaciones del supuesto fraude “se aboliría la Constitución”. Horas antes del golpe había rumores. 

La presidenta electa –y Premio Nobel de la Paz en 1991–, se encuentra incomunicada en su residencia de la capital, Nay Pyi Taw; permanecerá –dicen– en prisión domiciliaria hasta el 15 de febrero. Eso dicen, pero hay precedentes de que la pueden dejar ahí.

Las manifestaciones llevan cinco días seguidos, las cuales condenan el golpe militar que las fuerzas antidisturbios han disuelto con violencia, piden la liberación de su líder y el restablecimiento de la legalidad.

No es la primera vez que estos hechos ocurren (argumentan fraude

En 1990, –al igual que hoy–, una junta militar se negó a reconocer los resultados electorales y arrestó a los líderes democráticamente electos de la LND que habían obtenido una victoria aplastante. 

Las elecciones recientes el LND ganó 396 de los 476 escaños del parlamento y limitó los del frente político que representa a los militares, a solo treinta y tres… O sea, fue un rotundo triunfo de los civiles, pero los militares alegaron fraude electoral, sin poder comprobarlo.

El poder del Ejército

Hay que decir, que la constitución de ese país garantiza al Ejército un cuarto de los escaños en el parlamento, además le otorga el control de los ministerios clave, y prohíbe a quienes tienen cónyuges o hijos extranjeros sean presidentes. Por esta razón se impidió que hace años Suu Kyi asumiera el cargo. Bajo esa lógica surgió una especie de acuerdo político, de llevar las cosas bien de manera diplomática para no hacer enojar a los militares. (Recordemos que Suu Kyi creció en una familia que pertenece a la nobleza política del país, es hija del general Aung San, el héroe de la independencia birmana que fue asesinado cuando ella solo tenía 2 años. Regresó al país en 1988, después de pasar 28 años en el extranjero cuando las protestas a favor de la democracia estaban estallando en todo el país. A los pocos meses, pasó de ser una ama de casa a convertirse en la lideresa del movimiento LND).

En 2015 los votos llevaron a Suu Kyi, su partido, al poder en una coalición de facto con sus amigos militares, y las cosas se pusieron tensas, pero con gobernabilidad.

Por eso, el golpe no es una novedad. De hecho, lo hicieron el mismo día –1 de febrero–, en que el parlamento recientemente electo debía sesionar.

Desde que Birmania logró su independencia en 1948, los militares, ahora conocidos como Tatmadaw, mantuvieron el poder durante mucho más tiempo que los líderes civiles. La junta militar gobernó Myanmar desde 1962 hasta 2011 y después coexistieron con los civiles en una transición política que avanzó de manera lenta durante la última década.

Recordemos que la propia Suu Kyi pasó 15 años en arresto domiciliario entre 1989 y su liberación en noviembre de 2010. Pero como sabemos se convirtió en un famoso ícono de resistencia y por eso recibió en 1991 el Premio Nobel de la Paz: una vez liberada ejerció la autoridad bajo acuerdos constitucionales para compartir el poder, incluso dándoles permiso a los militares para intervenir en decisiones gubernamentales clave.

La tensa visita del papa Francisco

Recordemos simplemente la visita que hizo el papa Francisco a Myanmar en noviembre de 2017. Fue quizá el viaje más difícil de su pontificado; llegó invitado por Aung San Suu Kyi y el presidente Htin Kyaw, pero con el disgusto de los militares.

Lo primero que hizo Francisco al llegar fue cambiar la agenda y antes de reunirse con el presidente del país, y con Aung San Suu Kyi, tuvo que realizar un encuentro con el general Min Aung Hlaing.

La reunión se produjo en la sede del arzobispado de la antigua capital –Rangún–, no se permitió la entrada de periodistas ni antes ni después del encuentro.

La reunión fue tensa, pero Francisco impuso su trato diplomático. Le pidieron que no abordará por ningún motivo el tema de los Rohinyá, una minoría étnica perseguida por el régimen, y de la que se han violentado sus derechos humanos, y de la que Francisco había apoyado.

Francisco complació a sus anfitriones entrecomillas, y aunque no mencionó las denuncias de limpieza étnica ni uso la palabra prohibida –Rohinyá– sí habló de la Carta de los Derechos Humanos como fundamento de los esfuerzos de la comunidad internacional para promover la justicia, la paz y el desarrollo humano en todo el mundo y para resolver los conflictos ya no con el uso de la fuerza, sino a través del diálogo.

Con ello dio un espaldarazo a su amiga Suu Kyi, denostada entonces por la comunidad internacional por su aparente pasividad en el conflicto Rohinyá.

Como vemos las cosas en ese país nos son simples...

Myanmar también conocido como Burma o Birmania, es un país de poco más de 50 millones de habitantes y de mayoría budista –el budismo es prácticamente una religión de Estado defendida por el ejército–. Existen muchas minorías étnicas, pero sólo 135 son reconocidas oficialmente, no es el caso de los Rohinyá.

Un año después, de la visita del papa, en agosto de 2018 , el Consejo de Derechos Humanos de la ONU recomendó que se investigara el papel del Ejército durante la campaña contra los Rohinyá. Para calmar las cosas, Suu Kyi hizo un compromiso con sus”socios" de apoyarlos en los amargos debates globales sobre la persecución de la minoría musulmana e incluso en viajó a la Corte Penal Internacional en La Haya para defender al Ejército de su país que fue acusado de perpetrar un genocidio contra los Rohinyá.

Ello la convirtió en blanco de grandes críticas por miembros de la comunidad de derechos humanos que consideraban la brutal campaña militar contra los Rohinyá como una limpieza étnica y hasta un intento de genocidio. 

Como dice Shashi Tharoor "los críticos hicieron todo tipo de acusaciones a Suu Kyi, desde apaciguamiento hasta chovinismo y racismo, mientras que sus admiradores sostenían que su pragmatismo era la única forma de lograr que la democracia avanzara en un país que aún estaba bajo el yugo militar”. El hecho de consentir con los uniformados acuerdos que dejaron a cientos de prisioneros políticos en prisión, y continuar castigando a las minorías éticas desilusionaron a muchos, llevó a la organización Amnistía Internacional a retirarle su máximo galardón en 2018 y a pedir que se le retirara también el Premio Nobel de la Paz. 

Sin embargo, los hechos recientes han conseguido entender el papel de Aung San Suu Kyi y se ha generado una gran solidaridad.

Reacciones de solidaridad

El miércoles 10, el presidente Joe Biden anunció sanciones para Myanmar y pidió la renuncia de la junta militar y “demostrar respeto por la voluntad del pueblo, expresada en las elecciones del 8 de noviembre", aseguró en una intervención desde la Casa Blanca.

Apuntó la inminente imposición de sanciones, una de ellas, la congelación de mil millones de dólares que el gobierno de Myanmar tiene en Estados Unidos para evitar que "sean controlados por los generales”.

El papa Francisco alzó la voz

El pasado domingo 7, al finalizar el rezo del Ángelus, rezó por el pueblo de Myanmar: “En estos días sigo con gran preocupación la evolución de la situación que se ha creado en Myanmar, un país que, desde el momento de mi visita apostólica en 2017, llevo en mi corazón con mucho cariño”, dijo desde la Plaza de San Pedro.

¿Hay oposición al golpe?

¡Por supuesto! Hay un ambiente de indignación, y hay llamados a la desobediencia civil, cada día se suman más. El miércoles, los birmanos volvieron ayer a las calles por quinto día consecutivo pese a la violenta represión y el ataque nocturno del ejército contra la sede del partido LND.

¿Qué dice la comunidad de naciones?

El grupo del G7 que conforman Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y EU se mostró “profundamente preocupado” por el golpe y pidió el regreso de la democracia...

El miércoles 3 de febrero, el Consejo de Seguridad de la ONU pidió a la junta militar la liberación de todos los detenidos, el respeto de los derechos humanos evitando el uso de la violencia y el restablecimiento del proceso democrático, aunque evitaron condenar explícitamente el golpe –igual que el Papa–, debido a la oposición de China y Rusia.

En tanto, las protestas continúan. Daremos seguimiento…

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