Opinión

Gobierno y oposición, extraviados

La guerra de guerrillas interna es la peor amenaza para la 4T. | Jorge Ramos Pérez

  • 18/01/2021
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El agravamiento de la pandemia, la crisis económica y los choques políticos (bozal a AMLO en las mañaneras; desaparición de los órganos autónomos; maloliente caso Cienfuegos; implosión en la oposición en Morena) tienen al país en una situación delicada.

Las cifras de contagios y de muertos por covid no cesan. Ya se había advertido que el relajamiento derivado de las fiestas navideñas, sumado al inicio del invierno, traería como consecuencia más decesos y contagios. Una inmensa mayoría no lo entendió y el mismo vocero gubernamental Hugo López-Gatell se fue a vacacionar a Zipolite, recibiendo la rechifla de una parte del respetable, y la palmada de su jefe el presidente. Ahora estamos pagando todos las consecuencias. Y serán peores.

Con los números de desempleo dados a conocer por el IMSS nos percatamos que es una de las peores cifras en más de 25 años, sólo comparable con crisis como la de 1995, y de lejos de otras más recientes como la de 2009. Y aún falta por ver en esta materia. El gobierno gasta, pero gasta mal, como siempre, como los que tanto critica. Así nos va a ir.

Los choques políticos eclipsan en ocasiones los datos espeluznantes de muertes y contagios por covid. Pero no dejan de estar ahí.

Uno de los más inquietantes es el de la exoneración del general Salvador Cienfuegos. El expediente estadounidense divulgado por México -con claras consecuencias jurídicas y políticas- causa hasta risa, pero queda el tufillo a algo hediondo. En este espacio habíamos relatado cuando detuvieron a Cienfuegos que desde hace un siglo hay cantidad de historias de altos mandos militares que son acusados de narcos y quedan libres más tarde y hasta les reconocen su aporte a la patria. Si López Obrador plantó cara a Estados Unidos y defendió las instituciones mexicanas y a un general por acusaciones “inventadas” es algo que suena muy patriótico, pero no dejemos de lado que la entrega del militar la hizo Trump antes de su desastrosa salida de la Casa Blanca y la exoneración por parte de México al general se presentó justo una semana antes de su camino al basurero de la historia. Ahora el pleito será con Joe Biden quien, no nos equivoquemos, llegó porque las instituciones en su país funcionan y marchan conforme a su estatus quo, estemos o no de acuerdo con ese estatus quo. Aún no queda claro el presunto envalentonamiento de López Obrador, y eso se debe a que posee más información que nosotros. Pero de que viene un periodo convulso con Estados Unidos, no queda duda de ello. En lo interno se ven dos mensajes de López Obrador por el caso Cienfuegos: uno al Ejército, como la institución en la que descansa la 4T, y uno más difuso al PRI.

En la arena política hay dos asuntos como vasos comunicantes: el bozal a AMLO para que no hable de sus opositores o de candidatos del partido en el poder y el cisma que agrieta a la oposición y a Morena.

La determinación del INE para instruir al presidente, pero también a gobernadores y alcaldes de no entrometerse en la discusión electoral aún va a causar dolores de cabeza. AMLO no se va a quedar de brazos cruzados cuando su rol más relevante es el de político gritón de plazuela. Veremos más escarceos y la intentona de socavar al Instituto, porque más allá de Lorenzo Córdova, es el organismo el que resiente los golpes.

En este tenor es que aparece la escuálida oposición. Desde noviembre del 2018 aquí se ha descrito que no hay oposición o que esta es enana y sin organización ni líderes. También en enero del 2019 se describió el intento, pasada la elección del 2018, de aglutinarse. El hecho después lo confirmó el diario Reforma a ocho columnas con una entrevista con Javier Corral. Pero el plan se desdibujó y muchos intelectuales acabaron mandando al diablo al plan al darse cuenta que era más de lo mismo. Hace unos días en la sede nacional del PRI se dieron cita políticos del PRI, encabezados por Alejandro Moreno, y del PAN y del PRD, así como personajes sin militancia, pero sí partidistas. La discusión fue pobre, algunos pidiendo candidaturas, otros reclamando que no hay intención de postular a personajes potentes o que se están atropellando en las candidaturas a gobernadores, y hasta la revelación de que habrá escándalos políticos desde la 4T para golpear a la oposición. Fue tal la chilladera que no llegaron a nada. Aún así, ya están listos los acuerdos, presentados ante el INE los formatos para repartirse los distritos.

En Morena no todo es felicidad. Políticos acusados de depredadores sexuales, golpeadores de mujeres, encuestas que sólo conocen en la cúpula, renuncias de militantes que denuncian atropellos y, en algunos casos específicos, hasta la sombra del crimen que impulsa aspiraciones en algún estado. La guerra de guerrillas interna es la peor amenaza para la 4T.

Y, finalmente, el amago del presidente para acabar con los autónomos es real. Quiere ir por ellos. Pero como anticipamos la semana pasada, fue como el gandalla del barrio que amenaza con romperle la cara la próxima semana a todo aquel que lo mire feo. Se había prometido analizar con el gabinete el lunes pasado el plan, pero al parecer sólo le dieron una repasada al tema. Según el director de la CFE, Manuel Bartlett, que de política sabe, sí hablaron de ello. La secretaria de Energía, Rocío Nahle, negó la especie. En los hechos siguió la verborrea presidencial y la admisión de que desaparecerá primero los desconcentrados y luego los autónomos cuya base está en la Constitución sólo confirma que la batalla es de saliva porque sabe que no tiene todos los votos y que para ello necesita doblegar al PRI. Esto lo puede hacer, hay mucha cola que le pisen a varios legisladores tricolores. Pero también tiene frenos en el TMEC, así que mientras tanto nos seguirá entreteniendo con los fuegos artificiales que lo que sí le dan son votos.

Todo este enjambre de temas es como una bomba de tiempo, en la que si no se hace estallar de manera controlada, entonces puede causar daños irreversibles al conjunto del país.

Punto y aparte. Un dirigente partidista que se ve presidenciable; a otro le urge sólo mantener el registro; un tercero, muy disminuido, con ánimos de seguir controlando a su grey; un cuarto jugando a la corrupción con muchas canicas en la mano. ¿Y el país?

Punto final. Argumentar que la eficacia de un gobierno en su estrategia contra la pandemia no está relacionado con los números de decesos y de contagios simplemente no lo entiendo. Plantear que Cuba o Venezuela son muy eficientes porque tienen no más de 50 decesos por millón de habitantes tampoco es convincente. Bajo esa lógica entonces aplaudamos a López-Gatell y fin de la discusión.

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