Opinión

Gobernadores, ¿de virreyes a peones?

El discurso de las y los gobernadores retratados como virreyes no era más que un sistema de complicidades. | María Fernanda Salazar

  • 15/02/2019
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Dicen que espacio de poder que no se usa, es ocupado por alguien más. En ese sentido, llama la atención que a casi 100 días del cambio de gobierno en México -República constitucionalmente federal- las voces de las y los gobernadores del país estén fuera del foco de los medios de comunicación y, por lo tanto, de la agenda y el debate públicos en tiempos en los que tantas cosas tan relevantes y profundas están moviéndose en el país.

Salvo por temas muy concretos, como la oposición a los llamados “super delegados” del gobierno federal (principalmente durante el periodo de transición) y el desabasto de gasolina en algunos estados, independientemente de su procedencia partidista, quienes gobiernan las entidades no están teniendo ningún peso político ni visión articulada sobre los retos del país.

¿Cómo explicar que aquellas figuras que hasta hace menos de tres meses eran considerados virreyes -incontrolables, no fiscalizables e impunes-, hoy sean invisibles en lo nacional aún cuando se acercan cambios constitucionales de grandes dimensiones?

Una hipótesis es que estén de acuerdo -todas y todos ellos- en todas las decisiones que se están tomando, lo cual sería muy poco factible. Otra hipótesis es que no les importen, a ninguna y ninguno de ellos, las implicaciones de las decisiones que se están tomando: para sus estados, su gobernabilidad, para el país, para sus intereses partidistas y sus futuros políticos personales (sabiendo que de las gubernaturas pueden surgir liderazgos que en el futuro disputen otros espacios de poder, como la presidencia); lo cual tampoco parecería plausible. La tercera hipótesis es que la información sobre el alto nivel de corrupción que ha existido y prevalece en muchos estados- que ha sido siempre del conocimiento del presidente de la República- en sexenios anteriores funcionaba como un mecanismo de complicidad con beneficios económicos distribuidos entre las distintas partes involucradas en los distintos niveles de gobierno, mientras que hoy se estaría convirtiendo en un mecanismo de control político.

Eso, aunado al poco margen fiscal que tienen los gobiernos estatales y municipales (con la histórica negativa a construir sus propios sistemas de recaudación) pueden estar generando que otro de los espacios de contrapeso natural a la figura central del presidente, estén desaparecidos del mapa político.

La única ruta posible para que las y los gobernadores puedan convertirse en factores de poder, que interpelen al presidente de la República y su visión de país, está asociada con sus capacidades de construir liderazgos íntegros, confiables, hábiles para articular distintos intereses legítimos en sus entidades y contrastar acciones locales con el discurso federal; por ejemplo, en lo que hace a la seguridad o el desarrollo social y económico, la atención a víctimas, o la impunidad (el caso de Cuauhtémoc Blanco llevando ante la justicia a Graco Ramírez debe estar en el radar). Para ello, necesitan incrementar su autonomía fiscal. De lo contrario, esos espacios serán también, en los hechos, del presidente.

Lo que resulta claro es que el discurso de las y los gobernadores retratados como virreyes, no era más que un sistema de complicidades cuyos hilos se podían identificar fácilmente a través de la corrupción.

Es fundamental saber si, en realidad, a Andrés Manuel le importa desterrar esa corrupción y hacer que se rindan cuentas de verdad para construir un nuevo sistema; si la buena intención de desterrar la corrupción, sin rendición de cuentas, sólo nos llevará a un nuevo modelo igual de vulnerable a la corrupción, o si sólo se trata de un discurso que le facilita el dominio político y mantener viva la percepción de corrupción como enemigo público número uno frente a la percepción de su honestidad personal, que hasta hoy sigue intacta.

La representación política en tiempos de la 4T

@Fer_SalazarM | @OpinionLSR | @lasillarota