Opinión

Gavilán o paloma

La historia de José José es la del clan de los Sosa, "y en medio de nosotros, mi madre como un Dios”. | María Teresa Priego

  • 17/07/2018
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La serie biográfica de José José está en Netflix. Leí "una temporada" y esa noche me inicié en esa tan dramática rueda de la fortuna suponiendo (ingenua) que consistía en diez capítulos. Pero aquello seguía y seguía. En realidad es una temporada de ochenta capítulos. Por momentos muy aburridos, con largos pasajes como de relleno. Y sin embargo, me la bebí completita. Un cantante muy desamparado, muy frágil. Esa voz portentosa. Su larga batalla contra el alcoholismo. Su amor por Kiki Herrera Calles. Una Anel divertida y enamorada que se convierte con el tiempo en una mujer frívola, frustrada y sin el más mínimo sentido del humor. Sus dos hijos. Dramas que estallan en todas las direcciones entre Clavería, Satélite y los Ángeles. Un personaje delicioso: La Güera.

El mejor amigo muerto alcoholizado. Políticos mafiosos. Interminables abusos. Periodistas rapaces. Un padre alcohólico que no pudo sostenerse en su pasión por la música, pero que sí la transmitió, y que muere muy joven. Una madre sobreprotectora (pianista) que no para de intervenir en la vida de sus hijos aún cuando ya peinan canas. Doña Margarita, con esos aires de víctima santificada por sus renuncias. Después de José José, ella es el centro de la serie. Va. Viene. Opina. Decide. Suspira muchísimo, doña Margarita. ¡Es tan buena!

Salvo que cuando uno de sus hijos se divorcia y soborna a un juez para arrebatarle a la madre la custodia de su hijo pequeño, a doña Margarita la santidad se le acaba y le explica a su nuera que lo siente mucho, pero que la vida así va. La madre paloma muestra sus garritas bien gavilanas. Es decir: ella, La Madre con grandes mayúsculas, fue cómplice de que separaran a un hijo de su madre. Sin más razones que la furia de su retoño. Más allá de lo que sería bueno para una madre y un niño, doña Margarita defiende al clan. A ultranza. Y sus hijos viven agradecidos y culpables. La historia de José José es la del clan de los Sosa. "Y en medio de nosotros, mi madre como un Dios", como le escribió el poeta Acuña a su amada Rosario. Doña Margarita es la encarnación de toda una idea de maternidad: la que se expande de la familia nuclear a la familia extensa. Aires de paloma herida. Garritas gavilanas. Hay algo en ese "darlo todo" de la madre que mantiene a los hijos en estado de inmadurez y como en una permanente tienda de raya.

¿Por qué continué viendo semejante culebrón? Quizá porque escuchar de nuevo las canciones de José José significó una especie de "volver a los 17". Los largos paseos en el Malecón. La edad de los vidrios de los carros que se empañan, el "Príncipe de la canción" a todo volumen. Las suaves certidumbres del amor romántico. "La nave del olvido" y "El triste", entre sus bellas letras. Ese lugar omnipresente de La Madre me remitió de golpe a una de las canciones más escuchadas y exitosas de José José: "Gavilán o paloma". Esa letra digamos, misteriosa que cantábamos a voz en cuello sin entender muy bien de qué hablaba.

¿Y de qué habla?

Un hombre encuentra a una mujer que le parece "bella y sensual". La sensualidad se nombra en el instante mismo del encuentro. Se siente atraído "como una ola", pero cuando "cae entre sus brazos" esa noche, declara que él cayó en una "trampa". ¿Trampa? El "cazador" fue "cazado". ¿Cuáles son los contenidos de una idea de diferencia sexual en la que una persona sería la presa de la otra? Él iba de gavilán (¿depredador?) y terminó convertido en una avecita de alas frágiles. Algo así. "Al mirarte me sentí desengañado", ¿de qué? "Sólo me dio frío tu calor?" ¿No quedó antes en que era esa sensualidad femenina justo lo que lo atraía? ¿por qué la expresión del erotismo de una mujer sólo pudo provocarle frío? Pensé en el texto de Freud "La degradación de la vida amorosa" en el que analiza la dificultad de muchos hombres para separar el espacio materno del espacio erótico.

¿Ella lo atrajo por sensual pero tendría que comportarse pasiva y frígida? ¿para probarle qué a él? "Lentamente te solté de entre mis brazos/ y dije estate quieta, por favor". ¿Hubo algo en ella que le gustó tanto que entonces la demanda sexual compartida se volvió intolerable? Si era una mujer a la que podía amar, ¿entonces no era soportable mirarla a los ojos y descubrirla -también- deseante? Así va una cierta "educación sentimental". ¿Cuántas generaciones de mexicanas/os crecimos escuchando a José José? Esa mujer objeto de deseo, que no puede mostrarse como sujeto deseante, porque corre el riesgo de convertirse en una amenaza.

Esa continua contradicción entre las mujeres de la realidad y un ideal de feminidad asociado a la negación de los deseos femeninos, si pensamos en "la santa", a la degradación de los deseos femeninos, si pensamos en "la fácil". Esas figuras antagónicas del imaginario colectivo. Era de noche y él salió "de caza". Ese miedo a la femineidad cuando no puede ser doblegada, controlada. Cuando se expresa. Ese encuentro planteado como litigio entre los sexos: a uno le tocaba "cazar" y a la otra "ser cazada". ¿Y acaso no era un mejor escenario que los deseos convergieran? Pues parece que no. Pienso en doña Margarita escudriñando la vida de sus hijos, de sus nueras y de sus nietos. Sin vida más allá del umbral. Tan poseedora de sus hijos. ¿Y en medio de nosotros, mi madre como un Dios?

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