La Ciudad de México es una de las entidades más complejas de gobernar del país, pero la que cuenta con mayores recursos y oportunidades para prosperar.

A pesar de las dificultades políticas y de los desafíos institucionales que sin duda se tienen, existe un amplio margen de maniobra de los gobernantes para la toma de decisiones.

Los proyectos de ciudad exitosos son los que se planean con tiempo y visión, y los que logran escabullirse de la corrupción y la incompetencia.

Desafortunadamente estos casos son raros, aunque todos los proyectos se presenten como excelentes soluciones que atenderán las necesidades de muchísima gente y por supuesto como innovaciones que buscan además reparar los errores del pasado.

A última hora en la "CDMX" se han tomado ciertas decisiones que aparentemente son benéficas y vanguardistas, pero que son bastante cuestionables.

Considerando que la forma de invertir y proteger el patrimonio de la ciudad es determinante para el futuro, en las próximas entregas, a partir de esta, analizaremos tres casos recientemente debatidos, empezando por la planta incineradora de residuos sólidos.

La basura de la ciudad

El manejo de la basura es una de las agendas más rezagadas de la ciudad. La gestión de las más de 13 mil toneladas de residuos siempre ha sido un problema complejo, por la cantidad de actores involucrados y el incumplimiento de la ley.

La ciudad tiene un modelo anacrónico, pero funcional y cambiarlo requiere un gran esfuerzo institucional, económico, legal y cultural que difícilmente puede concretarse en un solo sexenio.

Los casos de éxito en el mundo se han basado en la buena regulación, la minimización y el reciclaje de los residuos valorizables, pero es una tarea que requiere orden, incentivos, educación y por supuesto bastante tiempo.

Quizás por eso el esfuerzo no se ha emprendido, pues sus resultados se verían apenas en el mediano plazo.

El gobierno de la ciudad, en voz del Director de la Agencia de Gestión Urbana, ha manifestado que para la Ciudad de México, la práctica de "enterrar la basura" es contaminante y antigua (refiriéndose a la disposición final en rellenos sanitarios) y que la solución no es enterrarlos, sino quemarlos, con el beneficio adicional de que dicha incineración será aprovechada para generar la energía que consumen las 12 líneas del Metro.

¿Una buena solución?

A simple vista parece una buena solución, sobre todo cuando se expone que la ciudad gasta 2 mil mdp al año en disponer de sus residuos en rellenos sanitarios, otros 2 mil mdp anuales en energía eléctrica para el Metro, y que el modelo propuesto no implicará un gasto adicional.

Pero es una puerta falsa por las siguientes razones:


  • La planta generará emisiones contaminantes que de acuerdo con los operadores serán meticulosamente monitoreadas. Sin embargo, al estar ubicada en el Estado de México, que no se caracteriza propiamente por una vigilancia estricta de la industria, ni por mantener estándares de calidad del aire por debajo de las normas, representa un gran riesgo para la salud de millones de habitantes en una de las regiones con peor calidad del aire del país. La OMS ha recomendado evitar los procesos térmicos en el tratamiento de residuos sólidos municipales.

  • La planta quemará 4,500 toneladas diarias de residuos inorgánicos que seguirán siendo transportados, por lo que las emisiones relacionadas con su traslado no serán evitadas. Aunque este tipo de plantas proliferaron hace dos décadas en Europa, Asia y Estados Unidos, actualmente son muy pocas las que se construyen en ciudades del primer mundo, y en ningún caso están pensadas como una solución principal al manejo de los residuos, sino como el último recurso y con tendencia a erradicarse para el 2030 en la Unión Europea.

  • El modelo de contrato obliga a la ciudad a entregar residuos inorgánicos con poder calorífico los próximos 30 años. Esto impedirá no solamente que nuevas administraciones opten por un modelo real de Basura Cero, sino que ignora los acelerados avances tecnológicos en el manejo de residuos y soslaya la invención de nuevos materiales orgánicos, reciclables y reusables para la elaboración de empaques y embalajes que podrían entrar en el mercado en el futuro cercano.

  • El modelo de contrato obliga a la ciudad a comprar la energía para el Metro a la empresa operadora de la planta por los próximos 30 años, sin que se conozca si los precios pactados de dicha energía serán convenientes.

  • El momento de esta decisión es de lo más impertinente. La administración mancerista pasó cuatro años manteniendo un modelo de gestión de residuos que ellos mismos califican de obsoleto, y lo que único que verá son los contratos firmados de una planta que tardará 3 años en construirse, para que las siguientes administraciones sean las que implementen, paguen y den la cara por sus decisiones. Por cierto, si las siguientes administraciones no están de acuerdo con los términos, deberán pagar una penalización económica inmensa por la cancelación o modificación del contrato. Heredar un proyecto de alto impacto solo se comprende cuando se inicia al principio de una administración y es lógico que se termine en otra (el caso del Metro o del Aeropuerto).

    Un gran negocio para la ciudad


  • Aun salvando los inconvenientes anteriores, lo más cuestionable de este modelo de gestión de residuos es el trato económico que el gobierno capitalino quiere hacer pasar como un gran negocio para la ciudad: actualmente se erogan 2 mil mdp anuales por gestionar los residuos y en 30 años pagaríamos 60 mil mdp.

    La planta cuesta 11 mil mdp y la ciudad se congratula de que se comprará en abonos chiquitos de 2,668 mdp anuales. Sin embargo, ese costo es solamente por la gestión del 35% de los residuos que se generan (4,500 de 13 mil toneladas diarias).

    La Ciudad de México pagará a la empresa operadora un total 80 mil mdp en el periodo de 30 años contratados, pero adicionalmente continuará gastando por lo menos otros 40 mil mdp en el manejo obsoleto del otro 65% de los residuos.  

    Al final de los 30 años, el gasto para la ciudad será exactamente del doble (120 mil mdp), y la ganancia privada será de 20 mil mdp, mas la utilidad que le genere la venta de la energía al Metro que esperemos no salga más cara de lo que actualmente cuesta.

    Aquí es en donde entra la gran duda de los beneficios de esta inversión de 60 mil mdp extras.

    La planta incineradora más grande del mundo

    En tanto el gobierno capitalino presume que tendremos la planta incineradora más grande del mundo, eso en realidad es una pésima noticia.

    Este tipo de plantas son cada vez más pequeñas en las ciudades en donde la innovación en el uso de nuevos materiales, la obligación de separar los residuos y la regulación de la industria de empaques y embalajes ha evolucionado.

    El propio gobierno de Mancera ha recalcado al presentar este proyecto, que es una medida que aporta a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que se ha comprometido dentro del grupo C40. Sin embargo, la Guía de Buenas Prácticas en el manejo de residuos de esta misma organización, recomienda exactamente lo contrario como buenas prácticas: reducir la generación de residuos, promover el reciclaje y la economía circular, y por supuesto evitar la dependencia que genera el "waste-to-energy".

    Ninguno de los 10 casos modelo expuestos en la guía plantea como una buena práctica construir plantas de este tipo, y mucho menos para esa cantidad de residuos por ese extenso periodo de tiempo.

    La ciudad de Nueva York que es la que genera más residuos en el mundo, ha sido reconocida por el propio C40 como un caso de éxito por su programa Basura Cero, cuyo objetivo es el contrario al que se ha propuesto la CDMX: reducir la disposición en relleno sanitario en un 90% para el 2030, a través de una combinación de programas de minimización en la generación de desechos, la reutilización, el reciclaje y el tratamiento de aguas residuales con digestión anaeróbica.

    De ninguna manera incluye quemar los residuos inorgánicos para generar energía.

    Por esa razón, la planta incineradora más grande del mundo no está en NYC. Aquí nos dieron gato por liebre.

    @marthadelgado | @OpinionLSR | @lasillarota 


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