Opinión

Games of Trump

Ningún presidente de los Estados Unidos había decidido trasladar la Embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén | La opinión de Jorge Iván Garduño

  • 09/12/2017
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Jerusalén es el corazón de una de las más exitosas democracias del mundo, un lugar donde judíos, musulmanes y cristianos pueden vivir según sus creencias. En 1995, el Congreso [de EU] aprobó por abrumadora mayoría reubicar allí la Embajada, y desde entonces todos los presidentes han aplazado la decisión por miedo a afectar las negociaciones de paz, pero décadas después no estamos más cerca del acuerdo. Este es un paso largamente postergado que permitirá avanzar en el proceso y trabajar en la consecución del pacto. […] Estamos aceptando lo obvio. Israel es una nación soberana y Jerusalén es la sede de su Gobierno, Parlamento y Tribunal Supremo

Así justificó Donald Trump su decisión de reconocer Jerusalén como capital de Israel.

El neoyorkino e inquilino de la Casa Blanca se ha desmarcado de sus antecesores, y de muchos gobernantes en el mundo, ya que si algo está caracterizando su gobierno es que Trump está empeñado en cumplir sus promesas de campaña, algo inusual en los políticos y mandatarios.

Fiel a su estilo de prescindir de toda prudencia, y en un gesto de buena voluntad hacia sus votantes más radicales, realiza un anuncio en un momento en que el Medio Oriente es un auténtico barril de pólvora teniendo como marco la guerra de Siria, que está provocando migraciones humanas extremas y movimientos de refugiados, así como tensiones entre sunitas y chiitas, además de un acentuado terrorismo islamista día con día, aunado a los habituales conflictos en Cisjordania y Gaza.

Sin escuchar las quejas y súplicas de líderes políticos y religiosos de todo el mundo, incluida la del Papa Francisco, Donald Trump provoca así abiertamente a la comunidad palestina y, por extensión, a toda la comunidad árabe del Oriente Medio, la zona más convulsa del planeta, por lo que su provocación está marcada por la arbitrariedad y un alto grado de irresponsabilidad, habida cuenta de que el traslado de la embajada, como señala el propio mandatario norteamericano, “tardará años” en concretarse.

El traslado causaría tensión


Ningún presidente de los Estados Unidos había decidido trasladar la Embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén (como acordó por unanimidad el Congreso estadounidense en 1995), por las tensiones que causaría reconocer esta ciudad como capital de Israel, cuando alberga lugares sagrados no solo del judaísmo, sino también del islam y de distintas ramas del cristianismo.

Y porque los palestinos aún reivindican su parte oriental como capital del Estado Palestino que reclaman, pese a que fuera ocupada en 1967, en la Guerra de los Seis Días.

La comunidad internacional nunca asumió la soberanía israelí de ese territorio, aunque Rusia reconoció en enero pasado la capitalidad israelí de Jerusalén.

Es así como, Donald Trump ha vuelto a avivar las tensiones en Medio Oriente, y coloca contra la pared a los palestinos, lo que se interpreta como un espaldarazo al mundo árabe y al mismo proceso de paz duradero entre israelís y palestinos que por décadas se ha buscado, lo que sitúa a Estados Unidos en una posición riesgosa, ya sea que se concrete, o no, el traslado de su embajada a Jerusalén.

Es cuestión de tiempo para: 1) Recoger los escombros de una ciudad milenaria que por décadas ha sido testigo del esfuerzo humano por consolidar el Estado de Israel en Palestina a golpe de contiendas y guerras y; 2) Observar la decadencia, hasta ahora impensable, de la nación más poderosa que en aras de buscar “ser grande nuevamente”, se ha cegado por la soberbia de sus líderes ensoberbeciéndose al grado que, sin quererlo ni saberlo, podría acelerar una alianza árabe, hasta hoy día improbable ?según los expertos?, propiciando un eje de contrapeso en Medio Oriente sin precedentes para Europa, Estados Unidos y las renovadas Rusia y China.

Tiempo al tiempo.

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Esta semana, mis recomendaciones literarias:


Putas asesinas” (Alfaguara) de Roberto Bolaño. “Ahora no hay tiempo para aburrirse, la felicidad desapareció en algún lugar de la tierra y solo queda el asombro.” En esta frase, pronunciada por el protagonista de uno de los relatos incluidos en Putas asesinas, reside la esencia que atraviesa todo el libro. En él, el autor chileno aborda algunos de los temas que conforman su universo literario y que están, por tanto, entretejidos en los argumentos de sus obras más emblemáticas: la sexualidad; las vidas de seres comunes –como el propio autor o como sus lectores–, a medio camino entre lo extraordinario y lo cotidiano, entre la rebeldía y la vulnerabilidad; el poder subversivo de la literatura; el viaje como huida; la necesidad de develar lo incierto; la juventud; la violencia, y la lucha del desarraigado por encontrar un espacio propio en un lugar ajeno.


“Olegaroy” (Alfaguara), de David Toscana. Hay hombres de apariencia pequeña que se vuelven grandes ante la arbitrariedad de la historia. Olegaroy es uno de ellos.

Tras el salvaje asesinato de una joven, él decidirá tomar la investigación por su cuenta y en el proceso habrá de toparse con las dudas que más inquietan al ser humano desde que comenzó a reflexionar en la antigua Grecia. Por eso la humanidad tiene una deuda inmensurable con este preclaro pensador mexicano cuya vida, obra e ideas habrían quedado en el olvido de no ser por esta narración que, según los propios criterios olegarianos, es absolutamente verdadera.

En este libro, David Toscana muestra que el sabio es un animal nocturno, pues cualquier verdad que desee revelar el cosmos, lo hará durante la noche, cuando la masa de mediocres está roncando.


Hijos de las estrellas” (Debate) de María Teresa Ruiz. En este libro, la reconocida astrónoma María Teresa Ruiz condensa el conocimiento que poseemos sobre el universo, y explica en qué parte de él estamos, así como cuándo y cómo llegamos aquí. Al mismo tiempo, describe con precisión y amenidad los métodos, técnicas e instrumentos con que se han llevado a cabo las investigaciones que han permitido postular las principales definiciones y teorías astronómicas. Y todo esto lo hace con un lenguaje claro y atractivo que en ningún caso descuida la complejidad de la información.

Su premisa, formulada en las primeras líneas de este libro asombroso, es que la curiosidad y el espíritu explorador son los factores que propician la evolución de la humanidad, pues esta accede al conocimiento «del mismo modo en que un niño pequeño explora el mundo que lo rodea tirando objetos al suelo para ver qué pasa».


“642. Cosas que dibujar” (Plaza & Janés). Un robot, un imperdible, unas burbujas, un beso, la aurora boreal, una tortilla de patatas, una estrella fugaz, un zombi, un cactus, un sueño, un calamar, una chincheta, una libélula, un espejismo, una máquina de escribir… ¿Te atreves a dibujar todas estas cosas y más? ¿Te gustaría convertirte en un más que prometedor ilustrador o ya eres un artista?

Deja salir al creador que llevas dentro con retos aparentemente sencillos (¡Dibuja una bicicleta!), auténticos desafíos (¿Cómo suena la risa de una niña?) y divertidos juegos de ingenio (¿Un huevo? Depende de cómo se cocine) con el cuaderno de dibujo definitivo: divertido, inspirador y perfecto para todo aquel que se atreva a agarrar un lápiz ¡o el que lo está deseando!


Mil veces hasta siempre” (Nube de tinta) de John Green. Aza nunca tuvo intención de investigar el misterio del multimillonario fugitivo Russell Pickett. Pero hay una recompensa de cien mil dólares en juego y su mejor y más intrépida amiga, Daisy, no está dispuesta a dejarla escapar. Así, juntas, recorrerán la corta distancia y las enormes diferencias que les separan del hijo de Russell Pickett, Davis.

Aza lo está intentando. Trata de ser una buena hija, una buena amiga, una buena estudiante y, tal vez, incluso una buena detective, mientras vive en la espiral cada vez más estrecha de sus propios pensamientos.