Opinión

Fútbol y Fronteras

En los años 70 y 80 nadie ponía atención en la herencia mexicana de estos jugadores porque no era rentable para el NFL en un país que aún tenía poca migración mexicana comparada al día de hoy.

  • 06/10/2014
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Soy un fanático del fútbol americano y hace unos días estaba viendo por televisión el partido en que los Vaqueros de Dallas demolieron a los Santos de Nueva Orleans.  Confieso que no soy fan de Dallas, muy al contrario – mi equipo favorito es su rival histórico, los Pieles Rojas de Washington, y también sigo a los pobres Santos, que quedaron completamente destruidos por los Vaqueros en ese partido.  Pero también tengo que reconocer que, como parte de una familia binacional (México-EUA), me da orgullo ver a Tony Romo, también de una familia binacional, jugar como si fuera un heredero fiel de John Elway o Dan Marino.

 

Romo es sólo uno de muchos mariscales de campo de ascendencia mexicana que han jugado en la Liga Nacional de Fútbol de Estados Unidos (NFL) en las últimas décadas.  Mark Sánchez de los Jets de New York es  otro famoso, aunque francamente tuvo más éxito en el juego universitario con la Universidad de California del Sur (USC), donde ganó el Tazón de las Rosas.  Sanchez una vez causó controversia en los medios cuando jugó un partido universitario contra Notre Dame con un guardabocasque tenía la bandera de México, un signo de orgullo hacia el país de sus abuelos paternos.  Otros mariscales de campo de ascendencia mexicana en recientes años son  Jeff Garcia, con las Águilas de Filadelfia, y J.P. Lossman, con los Bills de Buffalo (su madre es hija de mexicanos).

 

Pero la trayectoria de mariscales de campo mexicanos en el deporte más visto de Estados Unidos va mucho más atrás.  Poco saben que Jim Plunkett, quien ganó el Supertazón dos veces con los Raiders de Oakland en los años 80, era de ascendencia mexicana - de hecho, tres de sus abuelos eran mexicanos y sólo uno, con apellido Plunkett, de ascendencia irlandesa.  Una vez cuando le entrevisté, le pregunté si se sentía mexicano, me dijo: "Oh yes... Rice, Beans and Tamales for Christmas!". (¡Claro que sí... Arroz, Frijoles y Tamales para la Navidad!). Su entrenador en esos dos Supertazones, Tom Flores, también era de ascendencia mexicana y había sido antes mariscal de campo en un par de equipos profesionales..  Joe Knapp, uno de los grandes mariscales de campo en los años 70, también fue de ascendencia mexicana.

 

En los años 70 y 80 nadie ponía atención en la herencia mexicana de estos jugadores porque no era rentable para el NFL en un país que aún tenía poca migración mexicana comparada al día de hoy.  En cambio, Romo y Sánchez aparecen en anuncios para el Mes Hispano y dan entrevistas en español, para alentar la base creciente de fans latinos de fútbol americano en Estados Unidos, y son ejemplo y orgullo para muchos  mexicanos al otro lado de la frontera, donde la NFL ha invertido mucho esfuerzo y dinero para estar presente y ampliar la base de fanáticos de este deporte.

 

Pero el otro día me di cuenta de un dato interesante respecto al otro juego que también se llama fútbol (soccer por supuesto), el juego más popular en México y el resto del mundo, con la excepción de Estados Unidos.  Resulta que las semifinales y la  final  de la Copa Mundial de Brasil,  tuvo más televidentes en Estados Unidos que la última Serie Mundial de Béisbol o el último Campeonato de Basquetbol Profesional, dos deportes de gran popularidad histórica en EUA.  (El Supertazón del NFL sigue siendo el juego más visto por mucho.)

 

Los seguidores de la Copa Mundial que la vieron por televisión en Español hacen gran parte de la diferencia entre en los ratings televisivos deportivos, un testimonio al impacto de la migración tanto mexicana como de América Latina.  Pero aún sin contabilizar a los televidentes de Univisión, mayormente inmigrantes recientes, los que vieron la Copa Mundial en Inglés son parecidos en número a los que vieron la Serie Mundial.  Si bien el fútbol americano tiene un buen número de seguidores en Mexico,  también el fútbol soccer tiene en los  Estados Unidos millones de seguidores.  Nuestros gustos deportivos son cada vez más parecidos por el contagio cultural mutuo que se da entre vecinos que comparten una misma frontera.

 

Desde luego, los Estados Unidos ya tienen un equipo mexicano en su liga de fútbol, Chivas USA, que juega en Los Angeles, la segunda ciudad de población mexicana en el mundo.  Luis de la Calle, un destacado analista de la realidad binacional,  ha sugerido que también sería buena idea tener un equipo de béisbol las Grandes Ligas en México, como hay en Canadá (Toronto Blue Jays), y esto casi pasó hace unos años cuando había un equipo itinerante buscando un nuevo hogar y por poco eran llevados a Monterrey. (Terminaron, felizmente para nosotros, en Washington, DC, donde vivo, y los Nacionales de Washington juegan este año en su primero campeonato de la Liga Nacional, para orgullo nuestro). ¿Pero qué habría pasado si hubieron terminado en Monterrey? ¿Un equipo de fútbol mexicano en Estados Unidos y uno norteamericano de Béisbol en México?

 

La integración y el entendimiento entre países pasa por estos canales informales de deporte, música, literatura y cine, probablemente mucho más que por las políticas de gobiernos, y tengo la impresión que la cercanía geográfica, el flujo de ideas tras la frontera y la circulación humana que se da por la migración (en ambos sentidos ahora) están transformando las culturas de los dos vecinos y abriendo nuevos canales de entendimiento.  Estos acercamientos abren nuevas oportunidades para invertir y contribuir a un mayor acercamiento, y el deporte es uno de los mejores canales. 

 

@SeleeAndrew

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