Opinión

Funcionarios de papel

En la guerra entre el auto y la movilidad sustentable nos estamos encontrando justo hombres de papel. | Roberto Remes

  • 23/10/2019
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En la movilidad parece que estamos hablando de funcionarios de papel. Es muy fácil revisar textos pasados de varios de ellos y encontrar que expresaban posturas opuestas a lo que hoy defienden.

Por ejemplo, una de las preocupaciones del Secretario de Movilidad, Andrés Lajous era por la diferencia en la calidad de la infraestructura según el nivel socioeconómico de las colonias. Ahora que le toca instrumentar, en vez de tomar la decisión correcta de reordenar la Calzada Ermita Iztapalapa, a un costo de 10 millones de dólares por kilómetro, instrumentando un metrobús eléctrico de Constitución de 1917 a Santa Martha, el Gobierno de la Ciudad de México opta por un trolebús elevado que costará 20 millones de dólares por kilómetro.

Así, desde la cuenta @andreslajous, nuestro secretario de Movilidad expresaba el 11 de marzo de 2014:

Constantemente, desde distintas cuentas la gente recuerda cómo el Lajous del pasado ridiculiza al Lajous del presente. En realidad no es el único funcionario, es un padecimiento frecuente en nuestros tiempos que reafirma que nada ha cambiado: “Prohibido patear el pesebre”.

Seguro que puedo encontrar textos míos que son contradictorios en el tiempo. La diferencia está en cómo evoluciona la idea, si por una reflexión o por una posición relativa al mapa político. En la guerra entre el auto y la movilidad sustentable nos estamos encontrando justo hombres de papel.

Lajous es de papel, y algunos de sus colaboradores también lo son. Es el caso, por ejemplo, del director general de Planeación de la Semovi, Salvador Medina, quien acaba de publicar “La corrección política de la movilidad sustentable”.

El argumento del Salvador Medina de 2019 es que la lucha por la movilidad sustentable no cambia por sí sola las relaciones socioeconómicas. Este argumento marxista no es más que la maroma para sostener la defensa de políticas pro automóvil que se están instrumentando en la administración de Claudia Sheinbaum. En el artículo da a entender que puede haber pasos a desnivel que favorezcan a los más pobres, aunque sean políticamente incorrectos en términos del “nuevo paradigma de la movilidad sustentable”.

Conocí a Salvador Medina en 2010, cuando se dio la lucha contra la construcción de la Supervía. Con los mismos argumentos que hoy usa podríamos defender la construcción de la Supervía (aunque quizá Medina mantendría una postura contraria al cobro de peajes), al argumentar que “favorezca barrios marginados y la circulación de transporte público o de transporte de mercancías” (cito al Salvador Medina de 2019).

Pero cuando leo al Salvador Medina de 2016 encuentro que “Mantener la tendencia actual a favor del uso desmedido del automóvil particular, implicará tener cada día ciudades más inequitativas, segregadas y quebradas socialmente” (“Por qué la inversión en infraestructura para el auto genera mayor desigualdad

Sé que podemos reflexionar sobre nuevas perspectivas de un mismo problema. Por ejemplo, cuando reparo en lo que decía el Salvador Medina de 2017 sobre la peatonalización de Madero, encuentro elogios a los beneficios colaterales como el incremento en la actividad comercial. El de 2019 se preocupa más por el encarecimiento del suelo (consecuencia justamente del incremento en la actividad comercial y el atractivo de la zona). No digo que no ocurra, pero sí creo que hay que sopesar costos y beneficios, y adoptar estrategias que mitiguen los impactos negativos. De hecho, en algún momento dije algo similar en una entrevista a Rocío García, de Centro Urbano: mejorar la ciudad gentrifica, es decir, altera los valores locales, pero aún así hay que hacerlo y concentrarnos en evitar los efectos negativos.

Este gobierno no quiere peatonalizar calles, este gobierno no se quiere complicar reconstruyendo Ermita Iztapalapa, este gobierno no cree en el “tráfico inducido” que genera la construcción de puentes vehiculares (término que el Salvador Medina del pasado usaba con cierta frecuencia:

Estos cambios de postura son lamentables porque anulan la deliberación de los problemas públicos: no estamos discutiendo ideas, sino posiciones relativas en el mapa del poder.

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