Opinión

Francisco: El Papa de la misericordia y la reflexión

El Pontífice genera una crisis benéfica en cada tierra que pisa, ya hemos sido testigos del llamado “efecto Francisco” en otro países.

  • 11/02/2016
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Desde su primera aparición como máximo jerarca de la Iglesia católica en el Balcón de las Bendiciones frente a la plaza de San Pedro, Jorge Mario Bergoglio dio muestras de que la humildad y la sencillez que hasta entonces le habían acompañado serían el sello característico de su pontificado, desde entonces sus discursos se han distinguido por sus constantes denuncias en contra de la pobreza, la indiferencia ante la migración, la desigualdad social y la corrupción en las elites.

 

Finalmente mañana el Papa Francisco comenzará su primera visita oficial a México: uno de los países a nivel global, con los más altos porcentajes de católicos; por otro lado, México es también una nación con grandes disparidades, los índices de corrupción, impunidad y violencia han llegado a alcanzar niveles escandalosos, lo mismo sucede con el número de personas desaparecidas y asesinadas, cifras que lamentablemente aumentan cada día.

 

Se ha debatido cómo debe ser tratado el Papa al ser México un Estado laico, discusión estéril, ya que el Pontífice es de igual forma Jefe del Estado Vaticano, nación con la cual mantenemos relaciones diplomáticas. Sin embargo, la Santa Sede ha señalado que el objetivo de su visita es totalmente de carácter pastoral. Pero a fin de cuentas Bergoglio es un ente político, y como algo ya habitual en él, dentro de sus discursos además de los dogmas religiosos, habrá profundos mensajes de reflexión política.

 

Asimismo debemos tener en cuenta que además de ser latinoamericano, por ende más empático a la realidad mexicana, el Papa es jesuita, orden religiosa que ha sido considerada como progresista y que se ha distinguido por su compromiso y cercanía con las personas más pobres y vulnerables, de ahí que Jorge Mario Bergoglio siempre ha sido un luchador social.

 

Es por ello que para amplios sectores de la población, la visita del Santo Padre y sobre todo su discurso guarda un especial interés, más si observamos con atención cuales fueron las ciudades que escogió para su gira por México, que como él mismo ha calificado, son regiones de “dolor” y “sufrimiento”. Entonces seguramente escucharemos mensajes de reflexión y reconversión, pero también palabras que reconforten el alma, no obstante, sin justicia no llega el consuelo, la calma, el sosiego…

 

Porque en México también hay enojo, molestia, irritación, coraje, rencor y hasta odio… para nadie es un secreto que el país pasa por un momento político y económico complicado: porque la paz lleva varios años amenazada por el narcotráfico y el crimen organizado, y hay que decirlo, en muchas ocasiones solapados por servidores públicos de algunos niveles de gobierno; del mismo modo, porque a pesar de la rapidez con la que fueron aprobadas las reformas estructurales, el crecimiento económico de nuestro país no ha despegado, aunque se debe considerar que el contexto global tampoco es el más favorecedor.

 

Y aunque su Santidad Francisco no viene a tratar de solucionar los problemas de México, es un profeta de la paz y la justicia, en cada nación que visita suplica por ellas, porque afirma que por medio de la paz será más fácil luchar contra la pobreza y superar las desigualdades sociales, de igual forma como él mismo ha señalado en diversas ocasiones: “donde no hay justicia, no puede haber paz”.

 

En su primera intervención como Papa, dijo claramente que quería una Iglesia de los pobres y para los pobres, siendo México un país con de 55.3 millones de personas en estado de pobreza de los cuales 21 son niños, -los seres humanos más vulnerables-, se espera entonces que el núcleo temático de sus discursos en México denuncie las prácticas que fomentan la pobreza, pero que además los arrope, les abrace y se sume a sus luchas, como ya lo ha hecho en múltiples ocasiones.

 

El Pontífice genera una crisis benéfica en cada tierra que pisa, ya hemos sido testigos del llamado “efecto Francisco” en otro países, tal como sucedió en su reciente gira por Cuba y los Estados Unidos de América. Y es que sus palabras son llamadas de atención que nos llevan a reflexionar, a cerrar filas en torno al sufrimiento y atender la voz de las víctimas. Es por ello que la expectativa ante esta visita papal es inmensa, incluso para el propio Gobierno, en su búsqueda por recuperar la confianza ciudadana.

 

Por ello es recomendable escuchar con atención sus palabras, porque aunque es altamente probable que se manifieste en términos generales, cabe la posibilidad de que se pronuncie sobre ciertos temas delicados, al menos entre líneas. Y es que en el preludio de su visita, diversos actores y organizaciones civiles le solicitaron un posicionamiento al respecto de los grandes problemas que aquejan al país, en particular sobre las violaciones a los derechos humanos.

 

Su Santidad Francisco, viene a México a comunicarnos un mensaje de esperanza y reconciliación, para que este Año Jubilar por medio de la misericordia podamos encontrar la reconversión individual, solamente así podríamos actuar como agentes de cambio, mejorando así nuestra sociedad. Así es que no sólo traerá esperanza sino que también buscará despertar la conciencia de los mexicanos, en particular la de los católicos quienes debemos asumir con compromiso el llamado de nuestro líder espiritual.

 

 

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