Desde que Donald y Melania Trump visitaron París el 14 de julio pasado para conmemorar el día de la Toma de la Bastilla y presenciar el tradicional desfile sobre los Campos Elíseos, el presidente estadounidense no ha ocultado su entusiasmo por la celebración que describió como "uno de los mejores desfiles que he visto" y "algo increíble". A partir de entonces, Trump ha insistido en organizar un desfile similar en la avenida Pennsylvania en Washington para el 4 de julio y así mostrar el poderío de su país.

Si bien las celebraciones del 4 de julio en Estados Unidos y del 14 de julio en Francia entrañan historias abismalmente diferentes, lo cierto es que el presidente francés, Emmanuel Macron, impresionó a Donald Trump.

Macron y Trump: las diferencias

Salvo la coincidencia de ser jefes de Estado, Donald Trump y Emmanuel Macron no tienen nada en común. Trump, de 71 años, es un hombre que se ha dedicado toda su vida a los negocios. Macron, de 40, ha sido funcionario público prácticamente toda su vida[1]. Trump personifica al nacionalismo estadounidense, reflejado perfectamente en el lema "America First", y su populismo simpatiza con movimientos de supremacismo blanco como la "Derecha Alternativa". Por su parte, Macron se ha comprometido a reconciliar a Francia consigo misma y  con la globalización, haciéndala uno de los defensores más prominentes del multilateralismo y de la Unión Europea. Trump es impulsivo, imprevisible e irreconciliable con intelectuales y expertos –salvo militares cercanos o su propia familia–; Macron es reflexivo, directo y promueve iniciativas con enfoque intelectual.

En el terreno geopolítico mundial, la empatía con Trump o con Macron cobra relevancia si se considera que ambos líderes están comprometidos con impulsar sus propias agendas, aunque representen dos enfoques totalmente diferentes que afectan la gobernanza global, especialmente en materia de cambio climático, la disuasión nuclear y el papel de las Naciones Unidas.

Durante la cumbre de la OTAN en mayo de 2017, más allá de las declaraciones públicas y acuerdos sobre cuestiones clave, Trump y Macron intercambiaron gestos, saludos y expresiones de lenguaje corporal que dejaban claras sus antagónicas posturas. Macron preparó la bienvenida a Trump y a sus singulares saludos y no dudó en twitear el video en el que da prioridad a su principal aliada europea, Angela Merkel, y deja al final a Donald Trump. Con esta acción, Macron sin duda mostró que había adoptado con fuerza la bandera europeísta.

Asimismo, el 1 de junio de 2017, después de que Trump anunciara retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, Macron lo desafioó públicamente con el mensaje de respetar la decisión estadunidense, pero dejó claro que de ninguna manera se renegociaría el Acuerdo y llamó a los países signatarios a no ceder, e, incluso, Macron fue más allá: invitó a los científicos estadounidenses, a quienes hubiese decepcionado la decisión de su presidente, a trabajar contra el cambio climático en una segunda patria, Francia. Puede o no atribuírsele a Macron el mérito, pero hoy en día, salvo Siria que no forma parte del Acuerdo de París, todos los signatarios y científicos de todo el orbe continúan comprometidos con sus responsabilidades contra la amenaza climática.

Trump, alter ego de Macron

En el contexo de las Naciones Unidas las diferencias fueron más palpables, con una posición irreconciliable con la postura de Trump, Macron rechazó toda escalada bélica y dejó la puerta abierta para fomentar el diálogo entre Washington y Pyongyang. Por otro lado, desde el mismo atril del que Trump calificó al Acuerdo nuclear con Irán como una "vergüenza", Macron se refirió a este como acuerdo como "sólido, robusto y verificable" y enfatizó lo irresponsable que sería no respetarlo.

En el realismo político más puro, estos desacuerdos hacen que Trump y Macron se reconozcan necesarios el uno al otro. En el debut de Trump en el ambiente político internacional que inicialmente se percibió hostil, la proximidad del popular Macron representó una ventaja para mejorar su legitimidad como figura presidencial en Estados Unidos. Sin embargo, Macron quiere explotar a su favor el sentimiento de amor/odio que existe entre estadounidenses y franceses, aspira al liderazgo de Europa y para conseguirlo qué mejor pieza del ajedrez que su alter ego estadounidense. Macron está consciente de que sin el proyecto europeo y con evidente auge de China, la influencia de Francia corre el riego de ser descartada, de ahí la prioridad de su administración por buscar una alianza franco-alemana a toda costa.

Al invitar a Donald Trump al desfile del 14 de julio, Emmanuel Macron tuvo la oportunidad de conceder la mayor importancia al contacto personal. La invitación al desfile fue la forma de romper el aislamiento de Trump a raíz de su anuncio de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París y colocar la relación franco-estadounidense en una perspectiva histórica, como cuando Estados Unidos entró a la Primera Guerra Mundial para luchar al lado de Francia e Inglaterra en 1917.

Si bien con la administración Trump el orden mundial se está transformando, también es cierto que políticos como Emmanuel Macron, renovados y conscientes de lo que pueden obtener de sus rivales y saben cómo hacerlo, pueden representar un contrapeso a las políticas del actual gobierno estadounidense que siembran incertidumbre a nivel internacional.


[1] Trabajó cuatro años en la Banca Rothschild & Cie.

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