Opinión

Fragmentos del Diario de Marie Bashkirtseff (UNAM Publicaciones)

Mira nada más, Marie, un siglo y medio y tu nombre sigue presente y tus palabras siguen buscando a sus lectoras/es. | María Teresa Priego

  • 13/09/2021
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A principios del año pasado el escritor Álvaro Uribe ("Los que no", "Autorretrato de familia con perro", "Morir más de una vez") me hizo una muy generosa invitación: elegir a una escritora que no fuera muy conocida en México y traducirla para la colección que dirige en la UNAM. En segundos la imagen de Marie Bashkirtseff me ocupó completita. Ya escribí de ella para La Silla Rota alguna vez. Marie fue una escritora y pintora rusa exiliada con su familia en París en donde murió de tuberculosis a los 25 años. A esa edad había escrito ya las 19,000 páginas de su Diario (84 cuadernos) y había realizado una obra pictórica importante, tanto como para exponer en el "Salón de París", en el que las mujeres eran muy, pero muy difícilmente toleradas. 

Podríamos decir que "ni mujeres ni pintores impresionistas", estos últimos les parecían a los "pintores oficiales" tan bárbaros, que ellos decidieron exponer sus obras en un "Salón" alternativo. Al final de cuentas, terminaron destronándolos. Leí por primera vez a Marie en una edición (que entonces se pretendió casi completa) de su Diario publicado en Francia alrededor de 1988. Su asidua lectora, Simone de Beauvoir, quien insistió mucho en esa publicación, ya había muerto cuando salió a la luz. En "El segundo sexo" lo cita y lo analiza. El narcisismo agudo de Marie la desesperaba, pero también la conmovía profundamente y consideraba su Diario como un ejemplo del género. Jean Claude (el papá de mi hijo mayor), llegó muy emocionado a la casa con un librote bajo el brazo: una portada café con una foto de Marie (muy hermosa) en la portada. El volumen desapareció de mi librero y cuando quise comprarlo ya estaba agotado. Ahora elegí los fragmentos de entre las distintas versiones que se pueden encontrar en el portal de la Bibliothèque Nationale de France.

"Quiero que mi nombre resuene como un trueno", escribió Marie. Así resonó en mi corazón y en mi casa. Cuántas páginas conmovedoras, cuántas reflexiones, cuántos anhelos acotados por su educación y más tarde, su enfermedad incurable. Ese tan doloroso movimiento pendular entre las frivolidades de una joven aristócrata intentando figurar en la alta sociedad francesa y la comunidad rusa exiliada en París (como exigían sus orígenes) y sus imparables lecturas y búsquedas intelectuales. Sus tímidos acercamientos a las sufragistas. Sus furias ante la imposibilidad para una mujer de estudiar en la Academia de Bellas Artes o simplemente pasear sola por las calles para elegir a sus modelos. Marie deseaba pintar a los paseantes, a las personas "sencillas del pueblo" y así lo hizo. No sin todo tipo de contratiempos familiares y maledicencias sociales.  

Soñaba con enamorarse perdidamente. Con ser famosa en el mundo entero como escritora, antes que nada, como pintora después. Y entonces, llegaron las gotas de sangre en el pañuelo. La tos y el diagnóstico de lo irremediable: Marie era "poitrinaire". Murió de tuberculosis. Ni amor, ni matrimonio, ni la fama que esperaba. No mientras estuvo viva, aunque su talento como pintora haya sido relativamente reconocido. Recuerdo leer sus frases de joven desahuciada, con un puño apretándome el corazón. Después de su muerte su madre publicó una edición muy censurada de su diario que, sin embargo, se convirtió en un éxito. Un éxito ya inmenso en varias lenguas para las alturas de la generación de Simone de Beauvoir. Me pareció como una revancha histórica por todo lo que le fue arrebatado de manera tan temprana. En aquellas épocas me dije: "cómo me gustaría hacerle un pequeño homenaje algún día". 

Ayer me di cuenta de que la selección y traducción que me encomendó Álvaro (con un prólogo en el que habló de su personalidad y de su vida) ya está publicada en libro y en digital. Pensé en una estudiante de la UNAM saliendo con el volumen de una librería. Leyéndola. Buscando sus pinturas. Su fotografía. Imaginándola ahora casi 150 años después, cuando la vida que Marie imaginaba para las mujeres ya es/ha sido para tantas de entre nosotras posible: estudiar. Caminar por las calles. Entrar sola a un museo y pasear las salas tan largo como una quiera. No vivir bajo el yugo de "la reputación". Bajo el yugo familiar. Enamorarse de quien a una le dé la gana. Ante un lienzo Marie era libre. Era libre ante las páginas en blanco de sus cuadernos. Miro sus rizos de heroína romántica. Su cuerpo atrapado en un corsé. Su vida "atrapada" e hizo tanto, sin embargo. Es tan pasmosa: tanto en tan poquísimos años. 

Ojalá la lean, ojalá murmuren su nombre. Ojalá aprecien su manera de mirar la cotidianidad y el futuro (que no llegó) y la vida y la paseen con ustedes en este país tan remoto al suyo. En esta ciudad que le sería tan aparatosamente ajena. En estos tiempos nuestros. Por los jardines de la UNAM, por los espacios universitarios prohibidos a las generaciones de mujeres que nos precedieron. Mira nada más, Marie, un siglo y medio y tu nombre sigue presente y tus palabras siguen buscando a sus lectoras/es. Un siglo y medio y "el mundo", pero sobre todo "la munda" no te olvidan.

Les comparto el vínculo hacia "Fragmentos del Diario". Muchas gracias, Álvaro Uribe.

http://www.libros.unam.mx/fragmentos-del-diario-9786073034135-libro.html



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