Opinión

Feminismo ombligo

Si el feminismo descubre la desigualdad sólo cuando una desigual muere, no sirve para nada. | Lena Brena*

  • 15/03/2020
  • Escuchar

Partamos de la premisa antes de comenzar este artículo: el feminismo no es uno ni es intocable. Para las personas que no son estudiosas del tema el que lo sepan es fundamental. Para las que conocemos esa premisa y nos hacemos las que no lo vemos, es controvertido pasarlo por alto.

Este texto va dirigido a las mujeres que conocemos el feminismo como teoría y como movimiento social y aún así no lo analizamos en sus diferentes niveles e implicaciones. Para quienes no son cercanas a estos debates, porque no es su interés queremos describirles un fenómeno de un feminismo que sólo ve su propio ombligo, poniendo la certificación a quienes sí  y quien no son feministas; las heteronormadas por ejemplo, a sus ojos no lo somos, por tener hijos y relaciones heterosexuales.

Somos muchas feministas, las que creen en la igualdad de derechos ante la ley, las que apuestan por la tolerancia y la diversidad entre hombres y mujeres, otras que quieren destruir todas la relaciones masculinas y de dominación  porque son patriarcales.

Hay el feminismo marxista, que ve que no hay forma de acabar con la desigualdad sin extinguir  el capitalismo; las posmodernas quienes proponen no etiquetar por el sexo, género u orientación sexual y las interseccionales, que vemos los sistemas clasistas, racistas y sexistas como opresiones múltiples hacia la mujer. Esta breve y general descripción sirva de antecedente al tema que nos interesa: el feminismo ombligo.

Ese que mira el acoso sexual y moraliza o desmoraliza el sexo a conveniencia y lo erige como el que guía, ordena y lo pone a la cabeza de la agenda de género, en estos momentos de coyuntura ante la emergencia del feminicidio y la desigualdad estructural, es feminismo ombligo y además, conservador en sus efectos.

El que no ve los privilegios de sus instrumentos cognitivos y como estos, en lugar de interpelar de forma amplia el patriarcado, que intersecta clase social, raza y género e identidades diversas, lo reduce a un tema biológico, que no introduce a las mujeres trans, por ejemplo. Ese es un feminismo ombligo.

El que se planta con agendas maximalistas y despolitiza la lucha de las mujeres, dejándola como un asunto sólo de educar hombres, lograr despidos laborales de hombres acosadores, y donde no hay más superioridad moral que la de las mujeres, como sucede en universidades, empresas, Ongs y oficinas públicas, por ejemplificar. Sin volver política la organización espontánea y las consignas. Ese es feminismo ombligo.

El que no es consecuente con la pluralidad de ideas y acusa a todo lo diferente de tibio, aliado del patriarcado, y para reforzar su posición y no dialogar, recurre a la victimización en los discursos y peor aún, revicitimiza los casos de las mujeres que usa como bandera. Ese es un feminismo ombligo.

El que “descubre” la desigualdad entre las mujeres sólo cuando una mujer pobre muere víctima de feminicidio y pide destruir los pactos patriarcales en una esfera, la que da lugar a la injusticia y la impunidad de esa mujer pobre que murió, pero preserva y afirma pactos patriarcales que sirven a sus intereses en su casa, en su trabajo o haciendo política. Ese es feminismo ombligo.

Las que ven que la violencia es producto de una lucha de hombres contra mujeres y no de un sistema que hace circular el poder de forma desigual, que es un poder que impone y no quiere que cooperemos porque la raíz del poder al que nos enfrentamos es autoritario, machista y clasista. Esas son feministas ombligo.

El que recurre a los tradicionales métodos de formación de cuadros en la política o en la universidad -donde formar cuadros en sí ya es autoritario- y no avanza a la gestión o si se quiere, administración de los asuntos públicos. Ese es un feminismo ombligo (que sólo hace literatura feminista).

Finalmente, ese feminismo que se dice radical en sus diagnósticos pero simula o no genera propuestas, en contextos de demandas dentro de las instituciones. Es feminismo ombligo. El que tiene propuestas institucionales pero no hace diagnósticos radicales. Ese es feminismo ombligo. Y estos últimos son los más peligrosos para los feminismos, porque intencionalmente los desarticula y paraliza en la simulación.

Usted y yo que posiblemente entendemos más o menos el origen y trayectoria del movimiento feminista, la teoría feminista y la política feminista, necesitamos dejarnos de hacer como que no sabemos que el feminismo es muchos feminismos. Si el feminismo descubre la desigualdad sólo cuando una desigual muere, no sirve para nada. Porque fue incapaz de ver la desigualdad estructural de la que esa mujer muerta fue víctima cuando estaba viva y ¿por qué? Porque estaba ocupada en su feminismo ombligo.

*Lena Alejandra Brena Ríos. Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Ciencia Política, por el Posgrado de la UNAM de la FCPyS, es Maestra en Sociología Política por el Instituto Mora. Docente en la FCPyS en las asignaturas de Sociología y Metodología de los Derechos Humanos y Análisis de Redes Sociales y Políticas, también imparte la asignatura de feminismo indígena y afrodescendiente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es tutora del Certificado en Crítica de los Derechos humanos en el 17,  Instituto de Estudios Críticos.

Agradezco a dos amigas y colegas feministas: Ana Joaquina Ruíz y Ariadna Estévez por sus disensos y puntualizaciones a este artículo de opinión.