Opinión

Felicidad 2021: ¿Quién da más?

Candidat@os y partidos nos ofrecerán en sus campañas una mayor felicidad, aunque su promesa sea muy difícil de cumplir. | José Antonio Sosa Plata

  • 31/12/2020
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La búsqueda de la felicidad es más que una aspiración; es un mecanismo propio de nuestra evolución como seres humanos y, al mismo tiempo, un acto de sobrevivencia. También es un deseo legítimo, pero no siempre viable o factible.

Para los filósofos, ha sido muy difícil determinar en qué consiste exactamente ser feliz. Desde la perspectiva de Kant, por ejemplo, lo complicado no solo es definir qué es la felicidad, sino también qué es lo que en verdad nos hace felices.

La felicidad puede significar algo muy diferente para cada persona. Depende de cómo ha sido su vida, de sus experiencias y del entorno social en el que vive. Además, el concepto es dinámico, pues siempre se modifica con el paso del tiempo y de la historia.

Te recomendamos: Irene Hernández Velasco. "De Aristóteles a Baumann: los secretos de la filosofía para lograr la felicidad". El Mundo, España, 1 Febrero 2019.

Las mediciones sobre la felicidad suelen ser subjetivas. Es lógico, si tomamos en cuenta la abstracción que tiene el concepto. Ninguna definición ha logrado ser precisa. Por el contrario. Las Naciones Unidas (NU), por ejemplo, aseguran que “la felicidad individual pasa por la felicidad global con la colaboración de todos”.

Con base en este razonamiento, el organismo internacional tomó la decisión desde 2013 de celebrar el Día Internacional de la Felicidad, “como reconocimiento del importante papel que desempeña la misma en la vida de las personas de todo el mundo. 

Desde entonces, también, cada año elabora el Informe Mundial de la Felicidad, en el que se presenta un ranking con el que se mide a los países a partir de ciertos indicadores. Lo interesante es que México nunca ha estado entre los primeros diez lugares. En el Informe 2020, por ejemplo, nuestro país obtuvo la posición 24 y la CDMX ocupó el lugar 38.

En el marco de las crisis que ha generado la pandemia del coronavirus, las NU consideran que la felicidad al día de hoy está “seriamente amenazada”, pues no se están poniendo en práctica —como se debería— valores fundamentales como la amabilidad, la solidaridad y la compasión.

Te puede interesar: Javier Sampedro. "La fórmula de la felicidad". El País, 6 Agosto 2014.

En la antigua Grecia, la felicidad se interpretaba como un regalo de los dioses. Aristóteles pensaba que, para ser felices, debíamos tener acceso a bienes externos como el honor y la riqueza; a los bienes del cuerpo, como la salud y el placer; y a los bienes del alma, como la contemplación y la sabiduría.

Sin embargo, cada uno de dichos elementos ha tenido interpretaciones diversas, de acuerdo con la época, el momento histórico y la cultura de cada persona, grupo social o país. Además, el análisis es más complejo cuando se vincula con la ética. Platón decía, en uno de sus Diálogos que, a pesar de que las personas injustas pueden vivir felices —o inmensamente felices— “quien comete injusticias no lleva una vida ética y tiene vedada por tanto la felicidad”.

Entérate: Cristina Sáez. "Historia de la felicidad". La Vanguardia, 10 Julio 2010.

De cualquier forma, todas y todos tenemos una idea aproximada de lo que nos hace felices. En el actual modelo económico, ser feliz se convirtió en una obligación asociada con el consumo. Con la irrupción de las redes sociales en nuestra vida cotidiana, hoy es tan importante “tener” o “poseer”  como ser parte activa y destacada de las comunidades virtuales.

Desde esta perspectiva, quien no tiene un empleo, quien no cuenta con un importante poder adquisitivo, quien no posee ciertos objetos para “sentirse mejor’, quien no consume las mercancías necesarias para alcanzar un estatus de reconocimiento de los demás o quien no existe en las redes sociales, no es totalmente feliz. 

Lee más: Vicente Verdú. "Política y felicidad". El País, 13 Mayo 1999.

Por eso, desde la década de los 80 del siglo pasado, el modelo económico y la clase política creen saber muy bien lo que nos hace felices. O piensan que por lo menos tienen una idea aproximada. Tan es así, que en los últimos 20 años en los mensajes centrales y narrativas de las campañas políticas y publicitarias, el concepto de felicidad ha ocupado un lugar predominante.

En ciertas circunstancias han tenido éxito, pero también han tenido grandes fracasos. Uno de los problemas es que no se ha podido comprender si la felicidad es un concepto colectivo o solo está relacionado con cada individuo. O si se puede considerar una combinación entre ambos.

Lo cierto es que todos los seres humanos tenemos derecho a la felicidad. Así quedó establecido desde la Declaración de Independencia de Estados Unidos (1776) y la Declaración de los Derechos del Hombre en Francia (1789), en donde se estableció el derecho a “la felicidad de todos”, aunque aún está muy lejos de ser uno de los pilares de la democracia moderna, más allá de lo que representan los programas sociales o el Estado de bienestar.

Por otra parte, es obvio que nadie puede lograr la felicidad total. Y que para sentirla, es necesario tener razones de peso para alcanzarla. En consecuencia, y por tratarse de una emoción tan poderosa, es que candidat@s y partidos nos van a ofrecer una vez más la felicidad en las Elecciones 2021. Las graves consecuencias que nos ha dejado la pandemia del coronavirus los motivarán sin duda a retomar el concepto con fuerza.

Lee también: Durante una pandemia, ¿qué significa ser el país más feliz del mundo? CNN en Español, 20 Marzo 2020.

El mayor reto que tendrán que enfrentar no está en la utilización del concepto. Es pertinente, válido y legítima la oferta política de recuperar la felicidad, sobre todo ante el duro golpe que significó el año que hoy termina. La clave está en cómo diseñar los mensajes para que no se conviertan en promesas imposibles de cumplir o en pura demagogia.

La problemática que vive la población está bien clara. Si nos atenemos a la experiencia de las últimas décadas, sabemos bien que las personas que tienen una actividad bien remunerada viven más tranquilos que quienes no tienen empleo; que quienes se sienten seguros en sus ciudades, colonias y dentro de sus casas pueden disfrutar mejor la vida con sus familias; que quienes tiene la posibilidad de satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, vestido y vivienda viven más felices.

Consulta: Pablo Beytía. "El potencial político de la felicidad. Fundamentos científicos y de aplicación gubernamental". SSRN Electronic Journal 29, 59-86, Enero 2015.

En el mismo sentido, se ha comprobado que las crisis económicas y el aumento de la inflación bajan los indicadores de felicidad de la población; que el acceso a una mejor educación sigue siendo muy apreciado por las familias; y que quienes viven con miedo o sienten coartadas o restringidas sus libertades y derechos, se enojan con sus autoridades y les quitan su apoyo.

Pero lo más importante: sin salud es prácticamente imposible ser felices. Por eso es que el tema del coronavirus y el programa de vacunación se han politizado desde un principio y estarán en el centro de las campañas electorales. El escenario requerirá de un manejo muy cuidadoso, responsable y ético de las acciones y narrativas, pues quien no las maneje en forma adecuada terminará pagando en las urnas las consecuencias. 

¡Feliz año nuevo!

Recomendación editorial: Douglas Kennedy. En busca de la felicidad. Barcelona, Editorial Arpa, 2018.

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