Opinión

Fascinación: Tina Modotti y Edward Weston

El arte y el amor. Museo de Arte Moderno.

  • 03/02/2015
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“Oh Edward, estar cerca de ti por un momento –poder soltar todas las emociones atoradas que me oprimen el corazo´n –podri´as no estar de acuerdo con todo lo que te dijera –eso no importa; pero comprenderi´as la tragedia de mi alma y sentiri´as conmigo -¡y eso no lo puede hacer todo el mundo!”. -Tina Modotti. (1896-1942).

 

“El amor, como el arte, devuelve la proporcio´n exacta de la emocio´n que se le pone –uno encuentra lo que busca”.– Edward Weston (1886-1958).

 

“Tu´ fuiste la u´nica gui´a e influencia vital que me inicio´ en este trabajo que no es nada ma´s un medio de vida, sino un trabajo al que he llegado a querer con verdadera pasio´n (...) Bendito sea el di´a en que sentimos que teni´amos algo que darnos”. –Tina Modotti A Edward Weston.

 

“Lo que me has dado en belleza y finura es parte permanente de mi´ y me acompan~ara´ adonde la vida me lleve; mi amor es tuyo por siempre”.-  Edward Weston a Tina Modotti.

 

 

La maravillosa fotografía: “Las rosas” de Tina Modotti. Sus fotos de campesinos mexicanos, una madre que amamanta a su hijo, la máquina de escribir de Julio Antonio Mella, una pequeñita de espaldas asomada a una ventana, un hombre que lee “El machete”. Sus alcatraces, los hermanitos que se abrazan con rostro de azoro. La pose sensual de Rosa Rolanda. ¿Por dónde comienza una a escribir de Tina Modotti? La fotógrafa, la musa, la actriz. La militante. Magnífica cuando su sensibilidad se vuelca en  captar las manos quebradas y resecas de un hombre que trabaja la tierra.  Manos lastimadas y dolidas.

 

¡Oh, que si ella supo del dolor Tina Modotti, y del hambre, y de la injusticia y de la pobreza! Nació en 1896 en una familia de campesinos  de Udine (Italia). Costurera como su madre. A los dieciséis años tomó sola –solita- un barco alemán que la llevó a Estados Unidos en donde alcanzó a su padre y a su hermana. En el Udine de entonces, quien lograra ahorrar para un pasaje de tercera: emigraba.

 

Magnífica cuando ella –la musa de Weston, de Diego Rivera- se tiende sobre una manta en la azotea del edificio de Veracruz 42 (esquina con Durango, colonia Roma) se tiende y se abandona desnuda ante el ojo –y la lente- de su pareja de entonces: el fotógrafo Edward Weston. Fotografió y fue fotografiada. Posó y otros posaron para ella. Si tuviera que elegir un exacto segundo para comenzar una historia de Tina Modotti, ¿cuál sería? Me lo pregunté mientras recorría la fascinante exposición Modotti-Weston curada por Sylvia Navarrete  (directora del museo) en el Museo de Arte Moderno.

 

Elegiría comenzar con esa mujer desnuda en la azotea. El edificio todavía existe, es como un barco que hace esquina. Existe y cuando cruzo por allí imagino a Modotti en una época plena y feliz. Imagino a esa mujer de los años veinte, educada hasta su adolescencia en un pequeño pueblito muy católico de Italia. Imaginemos. Sus travesías y sus rupturas. Su pasión por el arte.  Ese “algo”interior que la llevó de la costura a la actuación y a la fotografía.

 

Imaginemos  ese momento en el que eligió viajar a México, la manera en la que lo amó y esa delicadeza intensa con la que supo mirar alrededor y recrearlo. Ella, una de las pioneras (en femenino) de la fotografía.

 

Tina Modotti en la azotea de Veracruz 42. Fotografía de Edward Weston. 

 

Y sin embargo, elegir ese momento, el de su femineidad desnuda y espléndida, podría representar una “traición" en este contexto concreto. Modotti fue la “alumna” que amó al maestro. Para cuando se conocieron en  Los Ángeles en 1921, Weston era ya un fotógrafo famoso. Margaret Hook, estudiosa de Modotti, cita a un crítico estadounidense que alguna vez tuvo a bien plantearse la pregunta: “¿Estaríamos interesados en Tina Modotti si no tuviéramos esas fotos que le tomó Edward Weston?”.

 

Durante muchos años, la obra de Tina – 400 fotografías- fue considerada como un trabajo “a la sombra de su amante”. Pero la  alumna y asistente de Weston aprendió de él, y siguió su propio camino. Y vaya que Modotti supo vivir con todo sus caminos elegidos. No es  -por supuesto- la primera mujer cuya obra se intentó dejar de lado utilizando contra ella el argumento de su relación amorosa. Frida Kahlo, una pintora con una obra tan exquisita y tan distinta a la de su compañero Diego Rivera, también fue descalificada en cantidad de ocasiones como “sólo la esposa de uno de los tres grandes del muralismo mexicano”.

 

En “Tina Modotti. Fotógrafa y revolucionaria", Margaret Hook ofrece un ejemplo muy rotundo del lugar de Tina en la historia de la fotografía: “La venta a través de Sotheby’s en abril de 1991 de un original de la fotografía de Tina Modotti ‘Rosas’(1925) en 165,000 dólares... coloca su trabajo en la liga de Man Ray, Imogen Cunningham y Weston… el interés en su fotografía se ha incrementado como se refleja en sus numerosas exhibiciones: Inglaterra, México, Estados Unidos, Italia, Alemania, Francia, así como en los escritos y coloquios cada vez más frecuentes alrededor de su vida y de su obra...”. Más allá de los “mercados del arte”, basta mirar la obra de Modotti y perderse en ella, para reconocer a la artista que fue, a la artista que es. Un regalo imperdible la exposición en el Museo de Arte Moderno.

 

En 1921 Tina estaba casada (desde 1917) con Roubaix de l’Abrie Richey, pintor y poeta. Tina había incursionado en el cine en Hollywood (a final del texto el link a una de sus películas “Tiger’s coat”), pero descubrió que “la meca del cine” no era lo suyo. Con sus cabellos de leona, su piel aceitunada y sus ojazos oscuros, le ofrecían papeles de odalisca y de vampiresa. Desistió, pero su búsqueda de una manera de expresarse y de vivirse a través del arte estaba allí… un anhelo, una espera.

 

Tinísima. 

Fue entonces cuando Edward Weston (35 años) apareció en la casa que compartían Robo y Tina. Weston estaba casado con Flora Chandler y tenían cuatro hijos. Tina y Weston comenzaron su relación –imantados- casi de inmediato.  Durante diez años mantuvieron su intercambio epistolar. Dato curioso, fue Robo quien primero vino a México en 1922 atraído por la intensidad que tomaba el movimiento pictórico mexicano. Cuando Tina se preparaba para alcanzarlo recibió la noticia de su muerte. Así de absurdo. Ya en México,  Tina decidió quedarse por unos meses hasta que otra muerte, la de su padre, la obligó a regresar. Durante esa estancia en Estados Unidos logró publicar –como un adiós- los poemas de Robo.

 

Para cuando Tina regresó a México en 1923, Weston y su hijo mayor vinieron con ella. En un video interesantísimo que se exhibe en el Museo de Arte Moderno como parte de la muestra, se cuenta que al despedirlos en el muelle, la esposa de Weston le dijo: “Tina, cuida a mis chicos”.

 

La pareja Modotti y Weston “bajo el mismo techo”, duró de 1923 a 1926, instalaron –para sobrevivir- un estudio de fotografía comercial y dedicaron su tiempo libre a la “otra” fotografía: libre, bella, la que realmente amaban. Esas fotos pasmosas: los desnudos de Nahui Olín,  por Weston. Por el estudio de la pareja desfilaron cantidad de personalidades de la época. También viajaron juntos por México. Ellos, su amor y sus cámaras.

 

“Rosas”, fotografía de Tina Modotti.

 

En 1926 Weston regresó a California. Desencanto, desencuentros, celos.  Fue el fin de la experiencia en la boat house de la calle de Veracruz. Edward escribió en su diario: “La próxima vez, será mejor que me busque una mujer fea como el infierno”. Tina se quedó en México.  Curiosos los celos de Weston, para un seductor tan infatigable.

 

¿Por qué Tina y su desnudez en la azotea es la primera imagen que me viene a la mente -antes que sus obras- cuando pienso en ella?

 

Porque en esos años Tina fue una mujer enamorada y que apostaba a ser feliz. Tanto a como se pudiera. Porque fueron los años de su descubierta de México y de la fotografía como un arte. Porque llegó para vivir con pasión ese país post-revolucionario de búsquedas y de transformaciones.

 

Porque esa escena de una Tina sensual y captada en toda su fuerza, me es entrañable –sobre todo- cuando pienso en lo que vino después: La separación de Weston, el asesinato en enero de 1929 de su pareja Julio Antonio Mella, mientras caminaba a su lado. La acusación de la que fue víctima: Ser cómplice del asesinato.

 

Unos meses más tarde fue detenida, acusada de conspiración contra el presidente Pascual Ortiz Rubio, detención de la que se salvó gracias a la intervención de Diego Rivera, pero tuvo que huir de México en 1930. Una vez más: El viaje, el desarraigo, las maletas, como a la salida de Udine. Una vez más el viaje, pero tan distinto de su llegada elegida a México. Viajó a Alemania y después a la Unión Soviética, era integrante del Partido Comunista Mexicano desde 1927. Después viajó a España durante la Guerra Civil y se unió a las Brigadas Internacionales.

 

Regresó a México en 1939.

 

Regresó buscando ese hogar que tuvo aquí alguna vez.

 

Regresó y quizá ya no supo más en dónde estaba.

 

Dicen que era una mujer muy distinta.

 

Distinta y sombría.

 

Su pasión por la fotografía había quedado muy atrás.

 

Regresó buscando el sol y el color.

 

Quizá…

 

Ya no pudo encontrarlos.

 

Leyendo “Tinísima”, la excelente biografía que escribió Elena Poniatowska, tuve la impresión de que un “algo” del alma de Tina Modotti se había ido desgajando poco a poco en sus exilios repetidos, en las acusaciones que dañaron su vida, en las desilusiones que llegaron con su militancia. En sus desamores.

 

Esa militancia cada vez más apegada al estalinismo. Cada vez más exigente, peligrosa y a rajatabla.

 

Como si Tina se hubiera arrancado de ella misma.

 

Como si su sueño de un mundo más justo la hubiera devorado.

 

Hasta su muerte absurda en la ciudad de México.

 

En un taxi.

 

Junto a un chofer desconocido.

 

Sucedió en el año de 1942 y ella tenía apenas 47 años.

 

Weston, fotografía de Tina Modotti.

 

El dolor atraviesa la vida de Tina Modotti. Una vida marcada por la tragedia y por la pérdida.  Pero también por la belleza, por la intensidad, por el erotismo, por la entrega. Cuando Elena Poniatowska contó que le tomó ocho años escribir “Tinísima”, sólo pude preguntarle lo que no paraba de pensar desde que terminé el libro: “¿Cómo pudiste, Elenita? ¿Cómo pudiste vivir durante ocho años con ese dolor atravesado?”. El dolor de colocarse en la piel de otra mujer. Tan herida.

 

Porque si algo logra describir Elena con una tremenda exactitud es el proceso emocional de Modotti: Desde la mujer apasionada y llamada por la belleza, la que muestra su cuerpo desnudo para el ojo y la cámara de su amadísimo amante, hasta esa mujer solísima y triste que sufrió un infarto esa tarde de enero en un taxi. Para intentar entender un poco más de la vida y obra de Modotti: “Verdad y leyenda de Tina Modotti,” de Christiane Barckhausen-Canale. “Tina Modotti,” de Margaret Hooks. “Tina Modotti”, la obra de teatro de Víctor Hugo Rascón Banda.

 

“Volvamos a la fotografi´a, Edward. No sabes con cuanta frecuencia me viene a la mente lo que te debo por ser tu´, la persona importante, que en cierto momento de mi vida cuando no sabi´a que´ hacer, fue la u´nica gui´a e influencia vital que me inicio´ en este trabajo, que no es sólo un medio de vida sino un trabajo al que he llegado a querer con verdadera pasio´n y que da muchas posibilidades de expresio´n. De verdad, querido Edward, en mi corazo´n hay un profundo sentimiento de gratitud hacia ti”. Carta de Modotti a Weston.

 

Y me quedo con una imagen de Tina descrita por Weston en su diario: “Pies desnudos, vestida con un kimono, Tina corrió hacia mí bajo la lluvia”. Y quizá en Modotti su fuerza y su intensidad se convirtieron en esa fragilidad que terminó por arrebatarla de ella misma: corrió demasiadas veces con los pies descalzos, valiente y arrojada, bajo tantas lluvias.

 

 

PARA QUIENES DESEEN ACERCARSE  A TINA MODOTTI

EL TRABAJO FOTOGRÁFICO DE MODOTTI.

https://www.youtube.com/watch?v=xrpspQ-vMkA

 

UNA PELÍCULA CON TINA MODOTTI.

CLIP DEL MUSEO DE ARTE MODERNO DE SAN FRANCISCO.

http://www.sfmoma.org/explore/multimedia/videos/152

 

TINA MODOTTI EN EL PINCEL DE DIEGO RIVERA.

  

“La tierra oprimida”. Tina Modotti pintada por Rivera.

 

 

Al centro Frida Kahlo, a la derecha Tina Modotti junto a su pareja Juan Antonio Mella.

POEMA DE PABLO NERUDA A LA MUERTE DE TINA MODOTTI.

 

“Tina Modotti, hermana, no duermas, no, no duermas

tal vez tu corazón oye crecer la rosa

de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa.

Descansa dulcemente, hermana.

La nueva rosa es tuya, la nueva tierra es tuya:

Te has puesto un nuevo traje de semilla profunda

Y tu suave silencio se llena de raíces.

No dormirás en vano, hermana.

Puro es tu nombre, pura es tu frágil vida

De abeja, sombra, fuego, nieve, silencio, espuma,

De acero, línea, polen, se construyó tu férrea,

tu delicada estructura.

El chacal a la alhaja de tu cuerpo dormido

aún asoma la pluma y el alma ensangrentada

como si pudieras, hermana, levantarte,

sonriendo sobre lodo.

A mi patria te

llevo para que no te toquen,

a mi patria de nieve para que tu pureza

no llegue el asesino, ni el chacal, ni el vendido:

Allí estarás tranquila.

¿Oyes mi paso, un paso lleno de pasos, algo

grande desde la estepa, desde el Don, desde el frío?

¿Oyes un paso firme de soldado en la nieve?

Hermana, son tus pasos.

Ya pasarán un día por tu pequeña tumba

antes de que las rosas de ayer se desbaraten.

Ya pasarán a ver los días, mañana,

donde está ardiendo tu silencio.

Un mundo marcha al sitio donde tú ibas, hermana.

Avanzan cada día cantos de tu boca,

en la boca del pueblo glorioso que tú amabas.

Tu corazón era valiente.

En las viejas cocinas de tu patria, en las rutas

polvorientas, algo se dice y pasa,

algo vuelve a la llama de tu dorado pueblo,

algo despierta y canta.

Son los tuyos, hermana: los que hoy dicen tu nombre

los que de todas partes, del agua y de la tierra,

con tu nombre otros nombres callamos y decimos

Porque el fuego no muere”.

 

 @Marteresapriego