Opinión

Extrañamos a Marichuy

La tan inquietante lección a unos meses de las elecciones: la deshonestidad se premia, pobre tonta/o quien respete la ley y cumpla con ella | Teresa Priego

  • 24/04/2018
  • Escuchar

Marichuy excluida, El Bronco incluido. En la contienda electoral no está presente la voz de los pueblos originarios, la candidata indígena no cumplió los requisitos para participar como independiente en la contienda, aunque el INE dejó claro que cada una de las firmas de apoyo que entregó a las autoridades, es legítima. No así las firmas presentadas por Jaime Rodríguez.

Pero, ¿a quién le importa la realidad? ¿A quién podría importarle la verdad? A la vista de todos y a pesar de la información detallada que presentó el Instituto Nacional Electoral, el Tribunal Federal Electoral dio su fallo: El Bronco, sí. Marichuy, no. La tan inquietante lección a unos meses de las elecciones: la deshonestidad se premia, pobre tonta/o quien respete la ley y cumpla con ella.

En este sistema no se trata de respetar la legalidad, sino de justo reconocer que existe, para darle la vuelta. También mexicanas y mexicanos, nosotros, con nuestros poderes, hacemos lo que se nos venga en gana; están advertidos.

Racismo, clasismo y poder


El racismo y el clasismo que nutren los cotos de poder. ¿Qué tendría por decir una mujer indígena, morena, humilde? Se consideró que nada.

La candidatura de Marichuy era indispensable y más que valiosa: una candidatura testimonial que colocara en el centro de la agenda nacional los temas urgentes que atañen a las comunidades idígenas, su cotidianidad, sus desamparos, sus sabidurías, sus fuerzas, sus tradiciones, sus lenguas maternas. La discriminación que padecen todos los días. Una candidatura que expusiera y defendiera la diversidad inscrita en la "la mexicanidad".

"Estremezcamos esta nación", dijo ella. No hubo manera. Las redes de poder político y económico se construyen en México de otra manera, en otros  salones. El Tribunal Federal Electoral nos arrojó en el rostro, a los millones que somos, la enormidad de su afrenta.

El perverso sistema


En lo privado como en lo público, la perversión funciona de la misma manera y tiene mucho que ver con cómo se vive la ley. El perverso sabe que la ley existe, pero está convencido de que está hecha para los otros y no para él. Sabe que la ley existe... para ser burlada por él. El perverso utiliza los principios del otro, en su contra. Como si dijera:

Anda, ingenua, vive tu honestidad, junta tus firmas de una por una, anda pobre ingenua

El perverso no tiene principios, tiene intereses, conveniencias, agendas de beneficio personal que cumplir. Desde una posición descarnada de poder, desprecia profundamente lo que podríamos considerar mecanismos humanos fundamentales para construir comunidad: honestidad, lealtad, anhelo de crear tejidos sociales más sanos, preocupación por el bien común. Como dice una frase muy conocida en el psicoanálisis:

El litigio con el perverso, el más sano lo pierde

El tribunal no solo nos privó de la presencia de Marichuy y los contenidos de su discurso, sino que además, en su lugar nos sirvió a un señor que se hace llamar El Bronco. Un hombre que presume de ser rústico y primario, que nos cuenta que dejó a su compañera en su casa, mientas se fue al rancho a decidir, en diálogo con su caballo, si quería ser gobernador.

Un señor que cree que a los menores de edad se les educa con nalgadas y que es necesario regresarle la “autoridad a los maestros", para que puedan aplicar correcciones físicas en los cuerpos de sus alumnos. ¿Cuál es la idea de poder de un hombre que propone que los adultos golpeen a los niños? Que los más fuertes se ensañen en los más débiles.

El bien mal hecho

Los memes del Bronco


Jaime Rodríguez llegó al debate y se ganó los memes más ingeniosos. No paramos de reír, supongo que de angustia. México es un país en el que llegó a gobernador de un estado y a la candidatura por la presidencia de la República un hombre que llama –tranquila y desenfadadamente– a la barbarie.

A los ladrones se le mochan las manos

Azucena Uresti pensó que el señor Rodríguez andaba de metafórico. "¿Es literal?".

Como que la palabra "literal" a él no le sonaba demasiado. Luego de entender aclaró que sí, claro: "Se les mochan las manos". También lo cuestionó por la frase en la que se refirió a las adolescentes embarazadas: "a las gordas nadie las quiere". Rodríguez dijo en su defensa que no lo tomaran a mal, que en Nuevo León, "gorda" es una manera de referirse a las mujeres embarazadas. Pero concediendo que así sea, entonces: ¿a las mujeres embarazadas nadie las quiere?

Jaime Rodríguez es "divertido", (dicen), por excesivo. Lo que afirma resulta tan absurdo y tan inimaginable que nadie lo puede tomar en serio. Podemos reírnos entonces. Lo inquietante es que pareciera que sí existe un México al que le habla y que lo escucha. Un México en el que es divertidísimo que "la vieja" y el caballo sean equiparables, bueno, en realidad es peor: en los amores de don Bronco, el caballo la gana.

La participación de Marichuy podría haber puesto en la mesa temas que nos humanizan, discriminación, injusticia social, limitaciones brutales en el acceso a la educación, pobreza, urgencia de acciones afirmativas para las comunidades indígenas: la traición de nuestras raíces.

La presencia de Jaime Rodríguez llama al oscurantismo y a la violencia. ¿Qué es un chiste? Según Freud, una de las maneras más explícitas en las que el inconsciente habla. Hay una misoginia tal, en ese "juego" entre el lugar de una persona y el lugar de un animal. Es tan rencoroso lo que está detrás. Y, sin embargo, en el debate nos vimos obligados a extrañar a Marichuy, a constatar las honduras de su ausencia. A cambio, escuchamos al payaso retrógrada y violento del circo.

Homenaje a Graciela y Sol Cifuentes en la UNAM

@Marteresapriego @OpinionLSR | @lasillarota