Opinión

Ética y política en las redes sociales

La divulgación de información falsa a través de las redes sociales es uno de los desafíos más importantes que encara el periodismo tradicional. | Blanca Lilia Ibarra

  • 30/12/2019
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Las y los mexicanos estamos conectados un tercio de nuestro día a internet. De acuerdo con el 15º Estudio sobre los Hábitos de los Usuarios de Internet en México 2018, de los 82 millones de personas que tuvieron acceso a la red, casi el 82% dedicó su tiempo a interactuar en las redes sociales. Además, México es el quinto país en el mundo con más usuarios de Facebook con 85 millones y el octavo lugar mundial con 6.9 millones de usuarios en Twitter.

Para muchos de nosotros, las plataformas digitales se han convertido en espacios propicios para la difusión abierta y plural de contenidos, ideas, opiniones y perspectivas que nos han facilitado la vinculación con seres queridos, contactos profesionales, así como con nuestras autoridades. Además, según Artículo 19, las redes sociales se han posicionado como foros complementarios para la participación social y política de la sociedad, el ejercicio de los derechos y el intercambio de información. En el ámbito de la comunicación política, Twitter y Facebook se han consolidado como plataformas de interacción que resultan idóneas y atractivas, tanto para los cibernautas como para las autoridades, al disminuir los tiempos de respuesta y masificar el contacto con sus audiencias y posibles votantes. Estas ágoras digitales han posibilitado espacios de diálogo más horizontales y democráticos, donde las voces de todos tienen las mismas oportunidades de ser leídas o escuchadas.

Aunado a lo anterior, las plataformas digitales también fungen como uno de los principales medios noticiosos para millones de personas. Mark Zuckerberg declaró que el 44% de la población adulta en Estados Unidos, usa Facebook como fuente de noticias, así como Twitter para dar seguimiento a información en tiempo real. Mientras que, en México, un estudio realizado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) estimó que 99 de cada 100 mexicanos tiene un perfil de Facebook, y que de éstos el 61% lo utiliza como fuente informativa.

No obstante, la divulgación de información falsa y sensacionalista a través de estas redes sociales es uno de los desafíos más importantes que encara el periodismo tradicional y las fuentes de información. Esto derivado de que un gran porcentaje de contenido informativo que se encuentra en estas plataformas no cuenta con un sentido ético. Por ejemplo, se ha detectado que múltiples contenidos son creados con el propósito de atraer la atención de espectadores, desinformar a la audiencia y lucrar mediante historias falsas (muchas veces manipuladas para hacerlas parecer un trabajo periodístico real con contenido polémico) que pocas veces son verificadas por los cibernautas. Recordemos que uno de los ejemplos más importantes fue el de Cambrigde Analytica durante las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Ante dicha situación, Jack Dorsey, director ejecutivo de Twitter, anunció el pasado mes de octubre que esta red social dejará de aceptar publicidad política en su plataforma a nivel global, a fin de disminuir los riesgos asociados con la desinformación y la imposición de contenidos políticos. Por ello, comenzarán a implementar esquemas más estrictos para la propaganda política incluyendo: una herramienta para facilitar la comprensión de los anuncios políticos; la protección de las cuentas de candidatos y sus equipos; un etiquetado de verificación "más claro”; y, por último, la prohibición de anuncios que sugieran que votar es "inútil". En contraste, Facebook anunció que no es responsabilidad de la plataforma cuidar que cada anuncio contenga información verificada.

Esto es significativo debido a que la desinformación y la manipulación de los contenidos informativos resultan una gran amenaza para el discurso cívico, la participación ciudadana y las interacciones en un entorno democrático. Ante este contexto, nuestra tarea como ciudadanos es convertirnos en usuarios críticos, inteligentes y cuidadosos, capaces de localizar, acceder, evaluar, organizar y utilizar la información de manera ética y eficaz. Como autoridades debemos continuar trabajando y conformando alianzas estratégicas con diversos proveedores y multiplicadores de la información con el propósito de garantizar que los usuarios de la información obtengan contenido oportuno, confiable y de calidad para su participación política.

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