Opinión

Espiado por Peña

No es la primera vez que soy monitoreado por actores políticos, lo que no deja de ser una grave violación a la intimidad. | Roberto Remes

  • 04/05/2021
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Dice la Enciclopedia del Espionaje de Polmar y Allen que el espionaje es la segunda profesión más antigua, después de la prostitución. Desde mi punto de vista esta actividad es un tanto ociosa. Pese a los avances tecnológicos, me parece demasiada atención a las conversaciones o actividades de un grupo de personas para la información que pueda obtenerse. Sólo cuando se tengan dudas objetivas, que son las que autoriza un juez, vale la pena sobrepasar la intimidad. 

Alguien me contaba haber sido amigo de uno de los directores del CISEN, quien le decía "Cuando sepa que tienes un espacio libre, te invitaré a comer". Claro, hay muchas formas de espionaje, y éste puede darse en innumerables sitios y por múltiples causas, pero en realidad aquí me refiero al espionaje político.

El jueves 29 de abril, cerca de las once de la noche, me encontraba relajado, echado en el sillón y empecé a editar un video para bromear en una de mis redes sociales. Mientras lo hacía empecé a escuchar señales de radio, que en un momento interpreté como parte de la aplicación TikTok. Cuando subí el video, el "Ti-ti" que utilizan algunos sistemas de radio para cambiar de emisor se seguía escuchando, junto con la descripción de una fuga de agua en Xochimilco y de labores de la Secretaría de Obras del Gobierno de la Ciudad.

Lo primero que hice fue grabar la pantalla de mi teléfono, para tomar un testimonio de lo que ocurría. Tengo algunos segundos de grabación que ya están en mi cuenta de tuiter. Lo segundo fue empezar a cerrar aplicaciones. No supe cuál pero había decenas de apps abiertas y fue una de las últimas la que interrumpió las señales de radio.

El nerviosismo que me causó saberme espiado por el gobierno, me hizo no registrar cuál fue la aplicación, pero lo que sí me doy cuenta es que el método que están empleando para espiar necesita de la aprobación que damos en el teléfono a algunas aplicaciones para acceder al micrófono, la cámara o la ubicación.

No es la primera vez que soy monitoreado por actores políticos. En la investigación de Íñigo Arredondo y Valeria Durán para Mexicanos contra la Corrupción, que se dio a conocer en septiembre pasado, también estaba mi nombre y mi teléfono. Hasta cierto punto estoy acostumbrado, lo que no deja de ser una grave violación a la intimidad y a la inviolabilidad de las comunicaciones consagrada en nuestra Constitución.

A lo largo de los últimos años han trascendido grabaciones de múltiples políticos y también de actores privados, en las que se difunden negociaciones, instrucciones y en general conversaciones que pueden ser descontextualizadas.

Hace unos años tuve contacto cercano con una persona que fue espiada y exhibida en medios. Unas grabaciones sirvieron para sacarla de un puesto público, sin que al final de cuentas hubiera consecuencias legales porque los hechos no constituían en sí una falta administrativa. Para anularla, también enviaron grabaciones a su círculo de confianza, en los que ella los insultaba frente a terceros. Si la grabación hacía dudar de la probidad del sujeto espiado, en realidad lo que debió investigarse fue quién y por qué la espió, pues escondía un interés preocupante. 

Quien espía busca tres cosas. Por un lado, hacerse de información para obtener un beneficio político o económico; por otro, utilizar la información en contra de un enemigo u objetivo; y por último, intimidar. En este momento me encuentro participando como voluntario en la campaña de un candidato de la Alianza Va por México ¿Será por eso que me espían? Esto confirmaría el sesgo partidista de este gobierno. No tengo un cargo público y no pretendo tenerlo pronto, en ese sentido dudo que estén buscando anularme, uno pesa en política sólo cuando participa. Por último, sí he sido un crítico constante de la administración de Claudia Sheinbaum, a quien en redes sociales he llamado "Claudia Corona del Rosal", por su autoritarismo. Así que interpreto que quien me espía busca intimidarme, y es por ello que abordo en esta colaboración lo vivido hace unos días. 

Sin embargo, haré un desvarío que sólo algunos entenderán como acusación, al repasar el nombre de este artículo y el tiempo en el que se desarrolla: la referencia no corresponde al gobierno federal anterior, sino a alguien relacionado con el poder, y los recursos suficientes para lograrlo, en la administración actual. 

Como mucha gente, tengo un segundo nombre que no suelo utilizar de manera cotidiana, por decisión propia y motivos personales: esto me ha hecho ser empático con quienes modifican su nombre y piden ser llamados de una cierta forma. Hay quienes usan su nombre de pila modificado, quienes omiten su apellido paterno, o quienes se quedan con el materno de su padre: cada quien tiene sus razones y hay que respetarlas, como hay que respetar el derecho a la privacidad de las comunicaciones.

Los nombres, en realidad, no importan, sino la torpeza de sus acciones. Como dice el refrán: te lo digo, Juan, para que entiendas, Pepe.

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