Opinión

Espacio público en CDMX

Esta ciudad ha vivido decisiones en el sentido correcto en materia de espacio público, pero incompletas por dos perspectivas. | Roberto Remes*

  • 26/06/2019
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Tras el terremoto de 1985, que afectó zonas centrales de la Ciudad de México, como el Centro Histórico y la Colonia Roma, se aceleró la expansión horizontal de la Zona Metropolitana del Valle de México y los espacios centrales fueron cayendo en cierto grado de abandono. Con este escenario, la Ciudad desarrolló una zona de negocios que estrictamente nunca debió existir: Santa Fe.

La reversión de este abandono comenzó hasta 2001 con la emisión del “Bando 2”, por Andrés Manuel López Obrador como Jefe de Gobierno, en el cual llamaba a repoblar las delegaciones centrales. Independientemente de que esta figura jurídica en realidad no existía y que la decisión de repoblar Benito Juárez, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza fue a rajatabla sin acompañarse de medidas preventivas respecto a la especulación inmobiliaria, tuvo un acierto fundamental en el desarrollo urbano de la ciudad: permitió contener, que no detener, la expansión horizontal de la ciudad y con ello dio pie a una necesaria pero incompleta redensificación.

En el mismo gobierno de López Obrador, Paseo de la Reforma recibió atención y detonó una oleada de inversiones, amén de que la altura en la avenida pasó de 20 a 40 niveles. Esta renovación fue el inicio de la recuperación de la zona central. En 2008, Marcelo Ebrard, como Jefe de Gobierno del Distrito Federal, creó la Autoridad del Espacio Público y a partir de ésta se rescataron una serie de espacios, sobre todo centrales: Madero, Alameda, Monumento a la Revolución, Pino Suárez, Regina (ésta a cargo del Fideicomiso del Centro Histórico), Juárez, entre otros.

Mientras la Ciudad de México ganaba seguridad, sus espacios públicos emblemáticos se rehabilitaban y recuperaban su significado histórico. Esta acción se profundizó en la siguiente administración, con Miguel Ángel Mancera, con inversiones en el espacio público, a cargo no sólo de la Autoridad del Espacio Público, sino de otras dependencias e incluso de las autoridades delegacionales. En términos de infraestructura para el espacio público, la ciudad ganó nuevos espacios.

Sin embargo, en términos de gestión de los espacios públicos rehabilitados, la ciudad no sólo no avanzó: hay un deterioro producto del abandono de los espacios rehabilitados. Nosotros mismos lo vivimos: en 2016, la Autoridad del Espacio Público contaba con presupuesto para el mantenimiento de tres plazas, pero éste fue transferido a la Agencia de Gestión Urbana, que a su vez también empezó a rehabilitar espacios públicos. Al final, espacios recién rehabilitados enfrentaron un rápido deterioro: arte urbano que no lució, fuentes que nunca se encendieron, basura, robo de cable, entre otros problemas.

Faltan muchos rincones de la ciudad por ser atendidos. Hay decenas o cientos de cruces peligrosos por su diseño, que no reportan mayores estadísticas de accidentes sólo porque no tienen la concentración de usuarios que Buenavista, por ejemplo, que también necesita, urgentemente, una intervención.

Al final de cuentas, esta ciudad ha vivido, en los últimos años, decisiones en el sentido correcto en materia de espacio público, pero incompletas por dos perspectivas: una ausente estrategia de gestión del espacio y la falta de un plan de largo plazo que permita no sólo atender todos los espacios relevantes, sino hilvanados entre sí para hacer de la Ciudad de México un gran y único espacio público.

Los años venideros no son halagüeños en este sentido. El 31 de diciembre pasado, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México extinguió, en vez de reformar, la Autoridad del Espacio Público. Prometió, en el mismo decreto, conformar un Consejo Asesor en materia de Espacio Público, del cual no hay mayor noticia. Percibo una perspectiva equivocada: menor inversión, dar la espalda a espacios rehabilitados en años recientes y no enfocarse a la zona central.

Desde mi punto de vista necesitamos una estrategia que también incluya la perspectiva financiera: si los espacios centrales logran tener un beneficio económico para la ciudad, como mayor recaudación de impuestos por predial, nóminas o turismo, tendríamos que siempre ir a la par entre lugares donde se garantice un beneficio económico, y sitios en los que la rentabilidad sea de carácter social aunque no sea económica. Si sólo volteamos a un tipo de sitios, la perspectiva está incompleta. Para ello, tarde o temprano, la ciudad deberá volver a conformar una entidad dedicada al espacio público, aún cuando ésta no sea la ejecutora de las obras públicas o su mantenimiento.

"La Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda convocará, dentro de los primeros noventa días naturales de 2019, a especialistas y representantes ciudadanos para la conformación de un Consejo Asesor en materia de Espacio Público, con el fin de mantener un espacio de análisis de la política en torno de la imagen urbana, los barrios originarios, el diseño urbano derivado de mitigación e integración urbana, la protección del uso común del espacio público, la generación de programas de uso, mantenimiento y ampliación del espacio público con metodologías participativas, entre otros temas concernientes del espacio público. El Consejo Asesor en Materia de Espacio Público tendrá carácter honorífico y sus actividades se circunscribirán a procurar la creación, defensa, desarrollo, recuperación y mantenimiento del espacio público de la Ciudad de México".

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