Opinión

¡Es falsa la censura a TRUMP: las pruebas!

Respeto a la ley. | Ricardo Alemán

  • 11/01/2021
  • Escuchar

De nueva cuenta el debate sobre la supuesta censura en redes sociales.

Aquí no sabemos si es una discusión alimentada de manera deliberada, si su motor es la ignorancia o de plano si asistimos a otro engaño para desviar la atención al crimen de Estado que cobra ya la vida de 150 mil mexicanos.

Lo que, sí sabemos, sin embargo, es que es falsa y mentirosa la hipótesis de que se trata de un acto de censura orquestado por las redes sociales contra el aún presidente norteamericano.

Y es que el concepto de censura resulta de una acción propia de las instituciones del Estado, sobre todo de estados totalitarios y dictatoriales, que tienen una larga historia de ordenar la censura previa.

Es decir, cancelar el derecho de opinar, sea de manera verbal, escrita, mímica, gráfica y hasta de gritar con el silencio, cuando se cancelan las movilizaciones del silencio.

En el caso Trump, dos de las redes sociales más influyentes cancelaron sus cuentas, primero de forma temporal y luego definitiva, no como un acto de censura, sino como resultado del peligro social que significaba que Trump empleaba dichas plataformas sociales para incitar a la violencia y para promover un auténtico golpe de Estado a la democracia norteamericana.

Y no es censura porque esas dos plataformas digitales –Twitter y Facebook–, no son un territorio sin ley en donde todos pueden hacer todo, decir todo, insultar todo, violar todas las reglas sociales y de la propia red, sin que tenga consecuencias.

Y es que faltar a la verdad, engañar, falsear la realidad, incitar a la violencia, promover el odio, difamar, calumniar, llamar a la sedición y proponer un golpe de Estado, como lo hizo Trump, no sólo son violaciones a las leyes de Estados Unidos y México, sino que son faltas graves a las normas de Twitter y Facebook.

Y por esa razón, porque Trump violentaba las leyes del Estado y las normas de las plataformas digitales, las llamadas "redes" decidieron cancelar las cuentas de Donald Trump, igual que debieran cancelar las cuentas de otros mentirosos y promotores del odio, la violencia y el crimen, como Obrador.

Pero la pregunta central está en otro lado.

¿Por qué aparece y toma fuerza la "chabacana" idea de que Trump y otros propagandistas de la mentira, el engaño, el odio y desinformación son censurados? ¿Por qué tantos ciudadanos se creen ese cuento?

Aquí creemos que la razón principal para estimular la idea de supuesta "censura" de las redes sociales, es que una mayoría de ciudadanos creen o suponen que el término "red social" significa "propiedad social", lo que traducen en impunidad, libertinaje y total ausencia de responsabilidad, de reglas y sanción a los excesos por lo que se dice y hace en tales redes.

Las redes no son un Estado que garantiza derechos y libertades; las redes son empresas, sometidas a las reglas del Estado que, al mismo tiempo, limitan la libertad de expresión cuando esa libertad viola la ley y atenta contra el derecho de terceros.

Las redes son sociales no porque la sociedad y/o porque cualquiera de sus afiliados pueda actuar como le plazca, sin reglas; son sociales porque son la más acabada expresión del mayor negocio neoliberal de toda la historia; la comunicación entre todos los grupos sociales.

Pero las redes sociales son empresas privadas, las más exitosas del neoliberalismo y, en tanto empresas, son negocios; el rentable negocio de la comunicación entre las personas.

Las redes son la extensión de ferrocarril, de las carreteras, del teléfono, del telégrafo, del telefax, del automóvil, del avión.... Pero no son un fusil en manos de un poderoso presidente que las pretendió utilizar para mover odio, violencia, violación a la ley y para poner peligro la vida de las personas, por las ambicione personales de un loco de poder.

Censura, horrible censura...!", contra Trump y contra una locuaz señora Navidad, gritaron muchos usuarios de redes.

Les asusta a muchos que tienen el socorrido "bloquear" en sus opciones favoritas de redes.

Es decir, a miles, millones o decenas de millones de usuarios de redes les indigna que la empresa digital que entrega cuentas personalizadas y gratuitas de sus redes, decida cancelen las de quienes son un peligro para el mundo.

También les enoja ser bloqueados por políticos, por la señora presidenta, por los propagandistas de López, porque son servidores públicos que están obligados a escuchar nuestras mentadas de madre.

Pero eso sí, todos o casi todos somos fervientes censores de todos aquellos que nos cuestionan, nos insultan, nos calumnian y difaman o, simplemente no piensan como nosotros. A todos esos bloqueamos sin más.

En efecto, la red social es un espacio maravilloso para la comunicación global; es el mayor invento para las ideas y el diálogo; para la información, el ejercicio de los distintos géneros periodísticos, para la divulgación de ciencia, tecnología y arte; pero también es territorio de matones que calumnian, difaman, denigran, persiguen, amenazan de muerte; también resulta un instrumento de propaganda mentirosa y dolosa de gobiernos como el de López Obrador y una pistola para perseguir adversarios y críticos.

Cada quien sabe para qué quiere estar en tal o cual red social, pero todos tenemos la obligación de respetar las reglas de esa empresa digital y de reconocer que los matones no sólo son inaceptables en las redes, sino en la sociedad toda, en donde deben ser perseguidos, sometidos y callados.

Y eso no se llama censura, sino simple respeto a la ley.

Al tiempo.

Para La Silla Rota es importante la participación de sus lectores a través de  comentarios sobre nuestros textos periodísticos, sean de opinión o informativos. Su participación, fundada, argumentada, con respeto y tolerancia hacia las ideas de otros, contribuye a enriquecer nuestros contenidos y a fortalecer el debate en torno a los asuntos de carácter público. Sin embargo, buscaremos bloquear los comentarios que contengan insultos y ataques personales, opiniones xenófobas, racistas, homófobas o discriminatorias. El objetivo es convivir en una discusión que puede ser fuerte, pero distanciarnos de la toxicidad.