Opinión

Erradiquemos la violencia contra las mujeres

Combatir la violencia contra las niñas, adolescentes y mujeres: de la acción individual a lo colectivo. | Blanca Lilia Ibarra Cadena

  • 24/02/2020
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La violencia estructural en contra de las mujeres y niñas es una realidad dolorosa en nuestro día a día. No son cifras, son nombres e historias de mujeres, niñas y adolescentes a las que su vida les fue arrebatada; que son violentadas en los espacios públicos o en sus hogares; tragedias desgarradoras que no sólo afectan a sus seres queridos, sino que nos alcanzan y nos atañen a todas y todos.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) en su documento “Información sobre violencia contra las mujeres” registró en 2019, 976 presuntos feminicidios; de los cuales 98 fueron cometidos en contra de una niña o adolescente. México Evalúa indicó que, en los últimos cinco años, los feminicidios infantiles han aumentado 96%, no obstante, es importante subrayar, que la contabilidad del delito de feminicidio es realizada conforme a la tipificación de cada entidad federativa; por tanto, las cifras no consideran el número de homicidios dolosos (2 mil 819) o culposos (3 mil 226) registrados durante 2019. Además de estas estadísticas, el SESNSP reportó 65 mil 457 presuntas víctimas por lesiones dolosas y más de 274 mil 487 llamadas de emergencia relacionadas con incidentes de violencia de pareja.

Estas cifras, que hemos escuchado en diferentes espacios de manera reiterada, han hecho que perdamos sensibilidad ante lo que estos números realmente significan: la violencia hacia las mujeres se presenta en diversas manifestaciones que son constantes, sistemáticas, reiteradas y culturalmente aceptadas.

En ese sentido, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha considerado a la violencia en contra de las mujeres y niñas, como una de las violaciones más graves a los derechos humanos. Además, que las agresiones y desigualdad a las cuales las mujeres están más vulnerables, quebrantan las libertades fundamentales y a la dignidad humana, pues cualquier abuso físico, sexual o psicológico a las mujeres y niñas tanto en los espacios privados, como en los espacios públicos vulnera su integridad y sus opciones de desarrollo. En ese sentido, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estableció la igualdad de género como una de las metas específicas prioritarias para cumplir con la agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, buscando poner fin a todas las formas de violencia y discriminación contra las mujeres y niñas.

La ONU estimó que 19.2 millones de mujeres mexicanas fueron sometidas en algún momento de su vida a algún tipo de intimidación, hostigamiento, acoso o abuso sexual. Por lo que, a través del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (Comité CEDAW) lamentó los altos niveles de violencia que afectan el ejercicio de los derechos humanos de las mujeres y niñas en México e instó a nuestro país a tomar medidas para la atención a las sobrevivientes de violencia, especialmente la violencia sexual, entre la que se destacan: la garantía de los servicios a las mujeres y niñas con enfoque centrado en las sobrevivientes —poner fin a la cultura de la impunidad y revictimización, fomentando el acceso a la justicia y apoyo—, así como promover un cambio cultural hacia una sociedad que rechaza la cultura machista y la violencia sexual.

Como miembros de la sociedad, medios de comunicación y autoridades debemos tomar conciencia de nuestra responsabilidad y de las acciones que podemos implementar para ponerle fin a esta violencia, enraizada en la discriminación, en las normas y estereotipos sociales que perpetúan estas agresiones. ONU Mujeres indica que la mejor manera para erradicar la violencia contra mujeres y niñas es la prevención y el combate a las causas estructurales: educando y trabajando con los niños y niñas para promover relaciones de respeto y equidad, así como la plena garantía en el ejercicio de sus derechos humanos, procurar espacios seguros -tanto en lo público como en lo privado-, facilitar la autonomía económica, la participación y el involucramiento en la toma de decisiones. Revisar en nuestras relaciones cotidianas si nuestras palabras, discursos y acciones promueven respeto, dignidad y una vida libre de violencia para todos.

Comienza con nosotros: respetemos a las víctimas y su memoria: evitemos compartir fotografías o contenido que las revictimice a ellas o sus familias, prescindamos de las mofas, juicios, burlas y justificación de situación, de culparlas y de normalizar la violencia.

Además, debemos trabajar en el fortalecimiento de las instituciones encargadas de la procuración de justicia y en la exigencia de resultados, a efecto de que los delitos no queden impunes, ya que este fenómeno provoca, por un lado, la percepción de que no hay consecuencias para los responsables de hechos delictivos y, por otro, la desconfianza de la ciudadanía.

Resulta clave la recuperación de la confianza en las instancias de la persecución de los delitos, pues, por ejemplo, según datos de la Encuesta Nacional de Victimización y percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2019, en México, la cifra negra, esto es, los delitos que no son denunciados alcanza un porcentaje de 93.2% y entre las razones más comunes para no denunciar están el que las víctimas lo consideran una pérdida de tiempo y la desconfianza en la autoridad.

Por todo lo anterior, quisiera aprovechar la oportunidad que ofrece este espacio para hacer un llamado a la empatía para las legítimas demandas de las mujeres ante las diversas manifestaciones de violencia que padecemos en los diferentes ámbitos de nuestra vida, ya sea en el entorno familiar, laboral, público o institucional.