Opinión

Entre pequeñas y grandes pérdidas…

Solamente quienes han enfrentado la pérdida de un hijo pueden entender la tragedia que es.

  • 12/09/2015
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Nadie lo merece, nadie. La muerte de un hijo es uno de los peores sucesos que puede ocurrirle a una persona, no importa la edad que se tenga, la religión que se profese, el nivel socioeconómico al que pertenezca, siempre será un evento devastador.

 

La muerte  de un hijo se inscribe dentro de aquellos escenarios en los que sólo aquél que lo haya vivido tiene una plena consciencia de lo que ocurre en las entrañas y la mente de la persona que lo sufre.

 

No me malentiendan, no es discriminación o un falso sentido de superioridad, es un hecho. Sólo aquellos que han enfrentado el cáncer y sobreviven lo entienden a plenitud, solamente las personas que han visto como se derrumba su vida y su mundo en una guerra, y debe huir y convertirse en refugiado, puede entender en todos los sentidos su tragedia. Solamente aquel que pierde un hijo sabe el infierno que se desata.

 

Es por eso que el cine se encuentra plagado de películas que exploran estos escenarios yermos donde  la vida deja de tener el sentido que normalmente le damos como sociedad y que nos lleva a ver, pensar y sentir de una forma completamente diferente, cambiando las prioridades tradicionalmente aceptadas y convirtiéndonos en otros.

 

En la pantalla fácilmente nos podemos dar cuenta de cuáles producciones se basan en historias que se encuentran realmente encarnadas en la vida del escritor y el director, y cuáles son experimentos basados en la mera curiosidad intelectual o las ganas de abordar un tema que pudiera convertirse en un blockbuster.

 

Ejemplo de película bienintencionada en su exploración pero que no logra abracar de forma real y profunda la experiencia es Return to Zero (Hanish, 2014). Esta película causó un gran revuelo e interés, es decir contó con un gran equipo mercadológico, durante el año pasado e inicios del presente al punto de hablarse de nominaciones para los protagonistas Minnie Driver y Paul Adelstein, así como para la excelente interpretación realizada en un papel secundario de Alfred Molina.

 

 

Sin embargo la historia se queda en muchos sentidos arañando la superficie, ya que mira la muerte del esperado hijo de la pareja protagonista casi como un pretexto para revisar su relación como matrimonio y con su familia sin darle el peso transformador que realmente posee.

 

Muy superior a Return es otra película de habla inglesa, Rabbit Hole (Mitchell, 2010).

 

A pesar de que padece de verborrea de parte del personaje de Nicole Kidman en algunos momentos, esta película logra introducirnos por ratos en esa sensación de oscuridad que abarca el mundo cuando se debe enfrentar la muerte de los hijos.

 

 

Sin embargo, como ya he postulado aquí en alguna otra ocasión, sin duda la producción que me parece ser la mejor película sobre el tema del duelo y la muerte de los hijos es una extraordinaria película mexicana: El Sueño de Lu (Sama, 2012)

 

 

Esta película abarca algunas de las zonas más oscuras de la pérdida. La presión social que se ejerce sobre los padres en duelo “para que no hablen de algo así”, la incapacidad de volver a encajar en las actividades sociales diarias, y la preocupación por ayudar que muchas personas tienen pero que en realidad no sirve más que para hacer más doloroso el trance para los duelistas.

 

Lu, soberbiamente interpretada por Úrsula Pruneda, es una mujer mexicana, madre soltera, que pierde a su hijo de forma completamente inesperada. Una bomba genética, “un caso entre diez mil”, le arrebata a su hijo dejándola completamente vacía y sin saber cómo enfrentar los caminos de la vida sin el motor de su pequeño.

 

El respeto y realismo con el que se trata la historia, sin grandilocuencias ni verborreas y mejor aún sin actuaciones diseñadas para ganar premios, provoca que aquellos que hemos pasado por ese camino oscuro nos podamos sentir identificados, mientras que los que están exentos de la experiencia tienen un vistazo a lo que pasa por la cabeza de cualquier padre en momentos como ese.

 

No hay mejor resultado en una película que trata este tema.

 

Gracias a la dupla Sama-Pruneda, desde lo más profundo de mi corazón.

 

Finalmente, si usted lector no tiene una vivencia como las que he mencionado en esta columna, lo invito a que se documente, vea las películas que he mencionado y trate de comprender que la pérdida de un hijo es una experiencia tan devastadora que ni siquiera tiene un vocablo para ser denominada de forma adecuada. Sea amoroso y muy paciente con cualquier amigo o familiar que esté en un trance así.

 

Final cut: siete años

Mañana se cumplen siete años de que Emiliano se adelantara y aunque sé que hubiera sido un gran hermano mayor en este plano, estoy convencido que cuida a los tres chaparritos desde ese lugar del universo donde eligió construir su propia casa. Gracias por haber estado aquí y enseñarme tanto, Papá. 

 

eduardohiguerabonfil@gmail.com