Opinión

Entre la consulta y las demandas de la población

Independientemente del resultado de la consulta no habrá nada por encima que atender con prontitud las necesidades y demandas de la población. | Fernando Díaz Naranjo

  • 29/10/2018
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Mucho se ha debatido en torno a la consulta sobre el futuro de un nuevo aeropuerto de la Ciudad de México e independientemente de los resultados, son acciones que no nos deben de sorprender ya que, desde que López Obrador era jefe de Gobierno del otrora Distrito Federal llevó a cabo diversas consultas con la intención de definir algunos programas de gobierno. Tan sólo para poner algunos ejemplos ahí tenemos el ejercicio consultivo que se hiciera para la construcción de los segundos pisos o la implementación del horario de verano.

Estos ejercicios participativos parecerían ser y seguramente serán la tónica del próximo gobierno federal. Si esto es así, no estaría de más que se hicieran bien, bajo una normatividad y llevada a cabo por las instituciones especializadas para ello.

Pero hay muchos otros temas que merecen atención y que esperaríamos se estén trabajando en ellos, ya que implican las demandas de la población que, tarde o temprano, observará que las mismas sean atendidas y exigirá cuentas al respecto.

Para ejemplificar mejor nuestra afirmación, resulta interesante analizar con detenimiento los resultados mostrados por la prestigiada empresa Consulta Mitofsky en la evaluación del actual Gobierno.

En dicho estudio realizado a un trimestre de que termine el sexenio de Enrique Peña Nieto (agosto de 2018), entre otros aspectos, destacan los principales problemas que la población percibe. En este sentido, lo que más aqueja a la población en casi un 30% es la inseguridad (29.3%), seguido de la crisis con un 19%, la corrupción con un 10%, el desempleo con un 9.8%, la pobreza (9%), el narcotráfico (6.4%), los salarios bajos (5.6%), entre otros rubros más.

Estas problemáticas manifestadas por la población seguramente coinciden con las recogidas en campaña por el equipo de López Obrador y son en las que se deberían ir estableciendo diversas estrategias que den tranquilidad a la población, respecto de que se están analizando y programando diversas acciones tangibles para llevarlas a cabo una vez que ejerzan el poder público.

A estos datos habría que considerar que López Obrador llega con un fuerte proceso de legitimación por los resultados electorales obtenidos y, consecuentemente, con muy altas expectativas de la gente que espera resultados, no en un largo o mediano plazo, sino en espacios cortos de tiempo.

Las y los ciudadanos ya probaron la fuerza de su voto y hoy saben que el mismo cuenta, así que ya conocen el camino en caso de que vean que no se cumplen sus demandas. Ejemplos hay muchos.

Enrique Peña Nieto ganó las elecciones federales en 2012 con casi el 40% de las preferencias ciudadanas y, de acuerdo con Consulta Mitofsky, en su etapa final cuenta con alrededor de un 77% de opinión de la población que manifiesta estar en desacuerdo con la conducción de su gobierno. O bien, el caso de Miguel Ángel Mancera, que ganó la Jefatura de la hoy Ciudad de México también en 2012 con un altísimo 63%, y en tan sólo tres años después ya había perdido casi la mitad de las entonces Delegaciones (hoy Alcaldías) y muchas diputaciones, y en 2018 pierde la mayoría de las Delegaciones, la mayoría de las diputaciones y hasta la Jefatura de Gobierno de la Ciudad.

Ante esta compleja situación me parece que de lo hasta aquí referido nos deja, al menos, dos lecciones; la primera, establecer reglas claras para llevar a cabo consultas como la indicada al principio de este artículo y, la segunda, que independientemente del resultado de la consulta no habrá nada por encima que atender con prontitud las necesidades y demandas de la población y en esto es a lo que verdaderamente debemos enfocarnos. ¡Hasta la próxima!

El fraude de nuestro sistema democrático

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