Opinión

Entre el adúltero y el pedófilo “La decisión de Bety”

Una "miniserie" en la que por analogía, en sus dos primeros capítulos nos sugiere por quien no votar. | María Teresa Priego Tapia

  • 05/06/2018
  • Escuchar

El partido Nueva Alianza de la coalición "Todos por México" (PRI, PVEM y NA), creó la "miniserie" La decisión de Bety en la que por analogía, en sus dos primeros capítulos nos sugiere por quien no votar. La desafortunada analogía es la siguiente: Bety, una joven mexicana de la clase media acomodada tiene tres "enamorados". Hasta este momento sólo nos han mostrado sus sentimientos hacia dos de ellos. En resumen: uno no le interesa, el otro tampoco, pero ella cede porque él es muy insistente. Insisten:

Nos falta el tercer candidato a la manita de Bety. Ya el suspenso se vuelve insoportable: ¿cuáles son las características del aspirante? ¿será el adecuado? ¿qué le propone a Bety? ¿se llama José Antonio? ¿se querrán para siempre? ¿encontrarán sus padres a José Antonio lleno de virtudes y aprobarán la elección de su hija? ¿el matrimonio será en la Profesa? ¿y el brindis? ¿Club de Reforma cubrirá el magno evento? ¿y la revista Quién?

Nos dicen en el anuncio de la miniserie: "Bety tiene una cita con el destino y su tiempo se agota". Más allá del juego de dos pistas: elecciones a la presidencia, elección de una pareja, me concentro en el tan misterioso personaje femenino: ¿Quién es Bety y qué quiere? A las alturas del segundo capítulo pareciera que Bety está obligada a elegir una pareja. No se entiende por qué la urgencia. Pero es inminente. Nos da la impresión de una buena muchacha dócil y reposada (¿estudia? ¿trabaja? ¿ambas posibilidades? ¿lee? ¿va al cine? ¿tiene amigas/os?), pero no se confíen, sin la guía amorosa y firme de sus padres sería capaz de provocar cantidad de estropicios. Actuar así nada más, como una boba desmecatada.

"Pero no sólo es tu vida mi amor, es la de todos", le dice el padre escandalizado (pero dulcísimo, eso sí), ante el novio que les presenta. "Su tiempo se agota". Pobre Bety, no sólo tiene que elegir con urgencia (¿temerá "quedarse"? ¿estarán en peligro su honra y su buen nombre? Así, como personaje femenino del siglo XIX), sino que su decisión afectará la vida de "todos". Generaciones de "todos" la contemplan. ¿Qué será del clan si ella da un mal paso?

Primer capítulo: el adúltero 

                  

Bety desayuna tranquilamente en la cocina de su casa, conversa con su mamá, suena el teléfono: la llama "un tal Ricardo". "¿Cómo supo tu teléfono?", pregunta la madre. "Se lo sacó a Margarita con engaños, sólo quiere hacer su voluntad". Y ¿qué creen? Ese Ricardo no sólo trató pésimo a Margarita (y ahora quiere seducir a su amiga), sino que además, es adúltero: "tiene una familia en Estados Unidos". Tremendo. Lo despachan rapidito. La madre de alguna manera deduce que es un hombre muy joven (aunque ya tuvo el tiempo de adulterios repetidos): "A ver chamaquito, dice mi hija que no está, que por favor la deje de estar molestando".

Escena de complicidad madre-hija, sonrisas encantadas. Chocan manos. Una se queda pensando en la familia en Estados Unidos, tristísima por la esposa. ¿No sabe nada? ¿sospecha? ¿sabe pero así lo acepta? ¿la educaron para la sumisión? ¿sufre? ¿es estoica? ¿por qué esta madre y esta hija no muestran ni la más mínima solidaridad con ella? Qué poca sororidad la de hoy en día, la mera verdad.

Segundo capítulo: el pedófilo     

                     

La sala de la casa muy acomodadita. Bety junto a un hombre al que sólo vemos de espaldas. Sus cabellos son blancos. "Papá, mamá, les presentó a Andrés", dice ella con su párvula boca. Y toma su mano. "Y quiero decirles que, que quiero vivir con él seis años". Qué bárbara Bety. ¿Y como por qué seis años? ¿cómo hizo el cálculo? Los padres la miran espeluznados. La Profesa, el brindis, la página de sociales vuelan por la ventana. ¿Qué habrán hecho para merecerlo? Bety no ha entendido que "no es lo mismo la libertad que el libertinaje", pensará su pobre madre. Algo así bien estereotipado. "Desde que yo soy muy chiquita está obsesionado por mí" (y se toma de los cabellos con carita de menor de edad). ¿Desde que es "muy chiquita"? ¿qué edad es "muy chiquita"? Ahora los atentos espectadores estamos tan aterrados como los padres. ¡Un pedófilo! ¡No, por favor! Mejor que le responda la llamada al adúltero.

"Entonces, quiero probar". "¿Probar qué?" Dice el padre. Muy buena pregunta, la verdad. "Algo nuevo". "¿Nuevo?" Exclama el padre. Pues que tome clases de mandarín, Bety. ¿No se le ocurre nada más que un novio que ni siquiera la emociona para intentar "algo nuevo?" A nosotras -atentas espectadoras- su ñoñez comienza a desesperarnos. "¿Neta?" Interviene el hermanito que no estaba en la escena porque admiraba a los animalitos en su pecera. ¿Esa pecera es una remembranza del PES? Onda, mensaje subliminal.

¿O es una fina sugerencia del encierro clánico en el que vive la pobre Bety? Sólo así se entiende su urgencia. Quiere escapar de papá y mamá. "Siempre me habla muy bonito y, me dice lo que quiero escuchar. Mejor diles tú Andrés". "No, no, no, con ese señor no quero hablar. ¿Pues qué tanto le prometió a mi hija?" Bety y su sonrisa prístina. Sus cabellos como ala de cuervo. Su infinita bobería.

El momento cumbre de la miniserie es cuando Bety pronuncia la frase: "Después de tanto insistir, ya le toca". Caray, es hasta obsceno. Bety no elige, es elegida. Bety no desea, es deseada. Bety es capaz de cederse a sí misma (como si estuviera en subasta), sólo porque el otro insiste. Bety es objeto de deseo, pero ni se le ocurre -tan ingenua y flor silvestre- que ser sujeto que desea existe. "Bety necesita buscar el sentido de su vida", se dice una como espectadora. Muy compungida. "Hay elecciones en la vida que no tienen marcha atrás", dice la madre, con tonos de oráculo. Bety en segundos entra en razón. "Discúlpame Andrés, lo voy a pensar más". Aplaudimos ante esa Bety reflexiva.

La pregunta sigue siendo la misma: ¿qué quiere Bety? ¿se concede el derecho a querer algo? ¿qué nos depara el tercer capítulo? ¿Bety despierta, renta un departamento con sus amigas y se independiza de sus padres? ¿Bety continúa con sus prisas, pero ya es libre de amar y desear a José Antonio? ¿se lo van a imponer su papá y su mamá? O, podemos soñar con un desenlace inesperado que explique sus marchas forzadas hacia hombres que no le interesaban en lo más mínimo y que explique también las siguientes frases incluidas en el anuncio de la miniserie: "¿Renunciará Bety a la persona correcta por lo que diga la gente?". ¡Ya entendimos! La espectadora se entusiasma: "No, Bety, por favor no renuncies, no lo hagas. Es tu decisión sólo tuya".

Tercer capítulo

En esa misma sala rodeada de fotos de familia (frente al hermanito y a los peces), Bety -por fin- hace saber a sus padres que ama a Margarita.

Redes sociales: la promesa de amor y la estafa nigeriana

@Marteresapriego  | @OpinionLSR | @lasillarota