Opinión

Enterrar Zaragoza

Con un proceso de planeación adecuado, soterrar Zaragoza sería posible y deseable. | Roberto Remes

  • 09/09/2020
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En una oficina de la Secretaría de Obras y Servicios de Ciudad de México había una gran fotografía del Distribuidor de La Concordia. Para unos, sólo se veían los grandes bloques de concreto que gestionaban flujos entre la Autopista, la Carretera Federal, Ermita y Zaragoza; para muy pocos, había algunos puntitos, casi como hormigas, cruzando en rutas imprevistas, entre las estructuras elevadas.

El nombre de La Concordia viene del acuerdo entre dos gobiernos, el del Estado de México y el de Ciudad de México, pero estrictamente representa la discordia entre las máquinas y las personas.

Cruzar de Ermita Iztapalapa a la Carretera Federal a Puebla, debajo de La Concordia, da una buena idea de los dos Méxicos. En el de arriba, que no es perfecto, México se vive de lejitos; abajo, se siente de cerca, se palpa, se fragmenta. Naturalmente el de abajo es inseguro para todos los usuarios; para los peatones, más aún, con los puentes antipeatonales más largos del país, que muchos evitan por la delincuencia.

Cuando estoy en sitios así, siempre me pregunto cómo mejorar esos "No lugares" y transformarlos en espacio público. Leo que hay dos maneras, para este ejemplo concreto.

El distribuidor vial sólo arregla los movimientos elevados entre Ermita, Zaragoza y la Autopista a Puebla, más no sus conexiones a nivel con la Carretera Federal. Enterrar estos tramos abriría un gran espacio público al que se le puede dar vida con oficinas para trámites, casas comunitarias, centros de salud y una que otra tienda, incluso áreas recreativas como juegos y canchas. Una obra así, está en la escala de lo que pueden hacer en el corto plazo los gobiernos del Estado de México y Ciudad de México, si tan solo miraran para abajo.

Una segunda opción, mucho más cara, es soterrar todo el distribuidor vial. Que todos los movimientos se realicen en dos niveles de subsuelo. Hoy parecería una locura, pero diré algo más ambicioso. ¿Podríamos imaginar enterrar todo Zaragoza? Entre San Lázaro y Canal de Churubusco el subsuelo está ocupado por la línea 1 del metro; no así entre Canal de Churubusco y La Concordia.

Zaragoza es un gran divisor del oriente de la ciudad. Para cruzar entre un lado y otro, necesariamente hay que utilizar un puente o las estaciones del metro. Ninguna avenida en Ciudad de México es tan ancha como Zaragoza. Cien metros de una acera a la otra. Soterrar no sólo daría integración urbana, daría ciclovías, canchas, espacio público, para dignificar el oriente.

¿Por qué sí podemos hacer un elevado para coches pero no podemos soterrar una avenida donde tenemos el espacio para ello? La respuesta es muy simple, porque los coches pueden pagarlo todo, pero los ganapanes no; porque las horas de los ricos valen más que las horas de los pobres. Así ha sido en el pasado, y así será con todos los pasos elevados que se construyan en esta administración, algo que no sólo he señalado yo, sino muchos otros, entre ellos ¡El Secretario de Movilidad!... pero cuando no lo era.

Si como ciudad podemos, en el corto plazo, pagar un segundo piso vial para que se muevan los coches, entonces también podríamos pagar el soterramiento de la avenida y el metro, con una planeación de largo plazo. Como dice Gabe Klein, autor de transformaciones urbanas en Washington y Chicago, "donde hay una voluntad, hay una forma de financiarla".

Vuelvo a la pregunta ¿Se puede? Seguro que es una cuestión de costos. Hacer un cajón para 10 carriles y 2 vías para el metro y la previsión de dos vías para un tren rápido requiere 50 metros de ancho, o menos, si se hace en dos o más niveles. Al nivel de calle quedarían 70 metros libres, si conservamos laterales de 3 carriles, suficientes para instalar canchas profesionales, juegos, teatros, escuelas, clínicas, comercio en pequeño, mercados, centros comunitarios.

¿Cuánto cuesta esta idea? La autopista elevada costará entre 35-50 millones de dólares por kilómetro, el túnel que propongo, dos o tres veces más, la diferencia es que generará valor en todo el oriente, mientras que el segundo piso lo reducirá. Cuando suponemos que el gasto público es una llave abierta, es imposible estructurar este tipo de proyectos. Cuando se realiza una planeación integral, el desarrollo urbano impactado por el soterramiento de Zaragoza forma parte del financiamiento para la transformación.

El problema de fondo, por lo tanto, es que carecemos de visión urbana para transformar los problemas en oportunidad; que en consecuencia no sólo no planeamos, sino que además, las soluciones para el auto siempre surgen como oportunidad cortoplacista.

Con un proceso de planeación adecuado, soterrar Zaragoza sería posible y deseable, el proyecto debería desarrollarse sin prisas y con el acuerdo de todos los actores para asegurar la continuidad. 

Lo que me da tristeza, con el nuevo segundo piso que acaba de anunciar y presumir la Jefa de Gobierno, es que cada nueva genialidad dificulta más corregir las anteriores. Quien se promovió con el lema de "cambiemos la ecuación" sigue creyendo que hacer segundos pisos suma, cuando en realidad resta.

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